Festival de San Sebastián 2018: High Life, The Sisters Brothers, Largo viaje hacia la noche y Viaje al cuarto de una madre

Está siendo una cobertura diferente a la que hicimos en pasadas ediciones y, en cierto sentido, también más complicada. El hecho de tener el piso bastante lejos de la zona de los cines y el cansancio de los enormes madrugones que nos pegamos cada día, sumado al propio hecho de ver una película tras otra, ha hecho que de vez en cuando tengamos que parar a coger aire y poder continuar. Así lo hacemos con otro artículo en el que hablamos de cuatro películas muy diferentes y que han dado mucho que hablar durante estos días.

High Life

por Daniel Cabo

Una de las características que más me atraen de las películas que he visto de Claire Denis es su manera de filmar los cuerpos, con una elegancia y belleza que me resulta muy particular. Ocurría en las que para mí son las dos mejores obras que ha firmado de cuantas han pasado por delante de mis ojos, Viernes noche y Trouble Every Day, y vuelve a ocurrir en su nuevo estreno, High Life, que además supone el debut de la veterana cineasta francesa en el campo de la ciencia-ficción. Más allá de dar detalles de la historia, algo que consideraría inoportuno en este caso, es apropiado señalar que no nos encontramos ante una película cualquiera del género; es más, la nave en la que se ambienta casi la totalidad del filme es un contexto, un escenario que le da juego a Denis para desarrollar lo que de verdad le interesa: esa mirada sobre personajes que se sienten solos y cuyas relaciones parecen estar destinadas a saltar por los aires a causa de una meta mayor.

En la primera media hora llegué a pensar que me encontraba ante mi nueva película favorita del festival. Resulta impresionante ese comienzo, pausado y misterioso, que va dejando claro que la estructura no es lineal sino que va dando saltos sin especificarlo en exceso. Las dudas llegaron con todo el tramo medio de la cinta, uno en el que sigue existiendo la sensación de fascinación (por la forma de mover la cámara, por el montaje, por la fotografía…) pero que, argumentalmente, se mete en charcos que acaban sintiéndose demasiado engorrosos. Lo que empieza de forma poética se va acercando a la ciencia, o a conflictos dramáticos producidos por el objetivo del personaje de Juliette Binoche: fecundar a una de las chicas de la tripulación y que el bebé sobreviva. Es una suerte, sin embargo, que en los últimos compases High Life vuelva al tono misterioso, ese en el que nos presenta a un hombre derrotado (genial Robert Pattinson) que se enfrenta junto a su hija a un universo desconocido. Son bellísimos los planos que cierran una película irregular pero que encapsula, por suerte, gran parte de las virtudes del cine de Claire Denis.

The Sisters Brothers

por Daniel Pérez-Michán

Jacques Audiard es un cineasta que siempre me ha costado ubicar, y eso que me he visto toda su filmografía, desde Mira los hombres caer hasta Dheepan. Quizás, pensándolo un poco, el nexo común de casi toda su obra sea el centrar sus historias en personas que desgraciadamente no son tratadas por la sociedad con normalidad: ex presidiarios, extranjeros, inválidos, etc. Por otro lado, a pesar de que ninguna de sus películas realmente me entusiasme, sí pienso que ya estaba tardando en hacer un proyecto con actores anglo-parlantes. Lo que sí me pilló de sorpresa es la elección del proyecto: un western. Claro, eso es lo que creía antes de ver The Sisters Brothers, porque Audiard ha compuesto un western que bien podría estar ubicado en otra época y funcionaría igual de bien (en ella se aúna el drama, las aventuras, la comedia, el criminal…). Aunque eso sí, la película acepta el género en el que está y lo hace suyo durante dos horas. Sin ir muy lejos, como ejemplo anecdótico se puede decir que los sonidos de los disparos son los más brutos que recuerdo haber oído jamás en una sala de cine. Y ya que lo mencionamos, lo que hace la fotografía de Benoît Debie (Spring Breakers, Lost River) en las escenas de tiroteo es magistral, así como en los grandes planos generales del paisaje de ese lejano oeste –rodado en gran parte en zonas de Aragón-.

La película en sí es, sorprendentemente viendo el nombre del director, bastante agradable y con un humor intermitente a lo largo de todo el metraje (y siguiendo con el mencionado nexo común los hermanos Sisters son unos criminales bastante outsiders, aunque creo que es el personaje de Riz Ahmed el que mejor encaja en el cine del francés). El guion, que intuyo hereda gran parte de los defectos y ventajas de la novela original, no es gran cosa. Tiene una estructura clásica aunque con algún que otro giro inesperado pero en definitiva no deja de ser una aventura disfrutable ideal para evadirse un rato en una sala de cine. No puedo finalizar sin mencionar al magnífico reparto: los cuatro actores principales están en estado de gracia, en especial los que interpretan a los hermanos que dan nombre a la película (los siempre geniales Joaquin Phoenix y John C. Reilly), con personajes que parecen haberse escrito a su medida.

Largo viaje hacia la noche

por Daniel Cabo

Es probable que una de las experiencias que más vayamos a recordar de esta edición del festival sea la sesión de Largo viaje hacia la noche a la que acudimos a la diez de la noche en los cines Príncipe. El motivo principal es la naturaleza tan peculiar de la propuesta de Bi Gan: a los cincuenta minutos, después de un drama romántico y melancólico con toques poéticos que me recuerda al cine de Wong Kar-wai, la película da un giro radical en todos los sentidos. El primero y más obvio es que los espectadores nos ponemos unas gafas 3D, ya que la hora y veinte que sigue está rodada en ese formato; el segundo es que entramos en el mundo onírico, pues se nos narra un sueño del protagonista; y el tercero es que toda esa parte está rodada en un complejísimo y técnicamente imponente plano secuencia que te hace preguntarte cómo es posible que, aun con sus inevitables trucos, el director haya podido lograr una cosa así. Resulta muy fácil dejarse llevar por el entusiasmo de una apuesta formal tan estimulante, pero personalmente me he topado con muchos problemas en el visionado del filme. La primera parte me parece confusa y fría; también necesaria para lo que viene después, pero no quita que me haga recordar al mencionado Kar-wai en el mal sentido. Por otro lado, el plano secuencia es impresionante en su concepción, del todo sorprendente, pero más allá de lo técnico… no hay nada que me haga seguir lo que ocurre en pantalla con algo de interés, que me estimule. Me acaba pareciendo anodino por su reiteración y porque arrastra, aun en su nueva concepción onírica, los problemas de los cincuenta minutos iniciales. Largo viaje hacia la noche es una película interesante, no hay duda, y ese plano secuencia es digno de verse ya solo por el asombro que causa un logro así; pero una vez que rasco la superficie, que me quito las gafas 3D y reflexiono sobre lo que he visto, se me queda en poca cosa.

Viaje al cuarto de una madre

por Daniel Pérez-Michán

Si hay algo que siempre me ha gustado desde que vengo a San Sebastián como festival es esa sensación de cuando se descubre ante ti, ya sumergido en ella, la que va a ser una de las sorpresas personales de la edición. No esperaba demasiado de Viaje al cuarto de una madre, más que por la película en sí por mi historial con la sección de Nuevos Directores (más allá de alguna que otra película decente cada par de años, que creía que en esta ocasión recaía en el papel de Apuntes para una película de atracos).

La debutante Celia Rico realiza una de las obras más sinceras y humildes que recuerdo en el cine reciente, rezuma cariño por todo su metraje. Sin grandes alardes virtuosos en lo técnico —ni lo pretende ni lo necesita—, pero con una sólida base visual, la directora se engrandece sobre todo a la hora de dotarle humanidad a sus personajes gracias a un guion plagado de detalles nimios de nuestro día a día (algunos de ellos jamás los había visto reflejados en el cine) que hacen conectar con la realidad directa del espectador. Así, consigue dar vida a una relación maternofilial tan natural que parece complicado pensar que haya cámaras delante y sean actrices. Y qué actrices. No vacilo si digo que lo que consiguen Anna Castillo y Lola Dueñas es el mejor dúo interpretativo de lo que llevamos de festival, acostumbrados a que se suelan destacar actuaciones en general más rimbombantes ellas consiguen atrapar con su talento hacia el naturalismo. Si la película concursara en Sección Oficial —un poco incompresible que esto no sea así, pero no entremos en ese tema— estoy casi seguro de que alguna de ellas rascaría algún premio. En cualquier caso, Viaje al cuarto de una madre es uno de los regalos cinéfilos que me llevo de San Sebastián, una película a la que me da la sensación de que no le falta ni sobra nada, todos y cada uno de los aspectos de la misma están equilibrados de tal manera y funcionan tan bien que es imposible no rendirse ante esta madre e hija, ante Estrella y Leonor.

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