Kingdom Hearts III | La larga espera

A Kingdom Hearts le tengo un cariño especial. Mucha gente que me conoce sabe lo abanderado que he sido de la saga durante todo este tiempo, y lo mucho que significa para mí. El Kingdom Hearts original me vino junto a la primera consola que pude considerar plenamente como mía, la Playstation 2. Y fue este y no otro el primer juego que verdaderamente me atrapó. Era una época en la que, al menos así lo recuerdo yo, los juegos duraban meses y meses, incluso años enteros. Además no eran pocas las tardes que pasaba con mi primo (que también sentía la misma pasión que yo por las aventuras de Sora) comentando nuestros avances, lo mucho que nos había costado tal jefe final o, ya cerca del desenlace, divagando sobre teorías de la historia y el posible futuro de estos personajes. Pasaron varios años, que en aquel entonces se hacían una eternidad, hasta que, en 2006 llegó a nuestras manos Kingdom Hearts II —si hubiéramos sabido lo que tendríamos que esperar para el III…—. Acabé enamorado de ese juego, estaba todo ahí, todo lo que le pedía y más que ni me imaginaba (el prólogo con la última semana de Roxas puede que sea de lo mejor que ha hecho jamás Nomura). Mi amor hacia Kingdom Hearts siguió, y con los años acabé jugando a la mayoría de las entregas no numéricas de la saga, pero nunca volví a sentir al cien por cien lo que mi yo pre-adolescente sintió con los dos primeros. Lo que sí puedo admitir sin vergüenza alguna es que, probablemente, si no me hubiera topado con Kingdom Hearts de niño mi amor por los videojuegos nunca se hubiera fraguado. Es el juego que despertó mi pasión a este medio, y por eso guarda un lugar especial en mi corazón.

Trece años después de la última entrega numérica (curioso que sea justo XIII y no otro número) nos llega el ansiado Kingdom Hearts III. Y teniendo ya contextualizada mi relación con la saga, me dispongo a hablar del último juego de Tetsuya Nomura. Para empezar entiendo que a todo aquel que nunca se ha puesto con la saga le eche para atrás ya de primeras todo el lío argumental que hay montado. Y es que sí, todo lo que se ha formado en estos diez juegos es un pifostio de la hostia y a no ser que te los juegues todos —cosa poco recomendable porque, quitando unos pocos, el que no ha envejecido regular es prácticamente un aburrimiento jugable— o veas/leas resúmenes por internet te va a costar entender al completo todo lo que cuenta KH3. La historia de Kingdom Hearts, y por ende de esta tercera entrega, es lo más cercano que ha estado un videojuego cuya historia tiene su origen en consolas, al menos desde mi experiencia, a un enrevesado manga/anime shonen. 

Kingdom Hearts III viene para intentar responder todas las preguntas que se han ido sembrando durante todos estos años, a cerrar todo. El problema es que Nomura (responsable principal de la serie en las labores de dirección e historia) a la vez que va cerrando tramas va formulando nuevas preguntas que se dejan en el aire. Con una clara intención de continuar la historia más allá de este KH3. Todo lo sucedido en estos once juegos es tratado, en palabras del propio Nomura, como un arco argumental —efectivamente, como un shonen—. Lo próximo que se haga, ese hipotético Kingdom Hearts IV o el que sea, ya se verá envuelto en otras circunstancias, será un paso grande que debería distanciarse de una forma u otra de lo que hemos visto durante todos estos años, al menos argumentalmente se entiende. Yo personalmente soy bastante partidario de una teoría que he leído en varios lugares ya, y es el hecho de la posibilidad de un Kingdom Hearts de la envergadura de este pero dejando atrás los mundos Disney y haciendo que Sora y compañía recorran mundos de Square Enix, especialmente de Final Fantasy (y no es que haya pocos entre los que elegir). Es cierto que la esencia de Kingdom Hearts es dada en parte por Disney pero es que en los primeros juegos de la saga había una mezcla interesante entre los mundos del estudio de animación y los personajes de Final Fantasy, los cuales por cierto ni se les menciona en esta tercera parte. Visto lo visto, creo que le sentaría fenomenal a la saga ese cambio de aires.

Ahora sí que sí, abramos el melón de una vez. Kingdom Hearts III tiene un problema muy serio con su estructura narrativa (con todo el guion si me pones) y especialmente con como han trabajado los mundos Disney, que no es poca cosa ya que ocupan gran parte del juego. Cada mundo Disney siempre se ha vivido como si fuera un episodio individual dentro de una serie de muchas temporadas. Una aventura autoconclusiva que viven Sora, Donald, Goofy y los compañeros que toquen en cada ocasión. Sí, vale, quizás, lo que voy a plasmar aquí es algo que ha estado siempre presente en los juegos anteriores y puede que que si los rejugara hoy de nuevo los criticaría por lo mismo, pero voy a centrarme en esta tercera parte que es la que tengo más presente. El problema reside aquí en que todo lo de Disney se siente como relleno, y no es que haya muchos mundos originales entre los que elegir para equilibrar la balanza: Villa Crepúsculo, cuya presencia es meramente testimonial no cumple la función de mundo central como sucedía con Ciudad de Paso en el primero o Bastión Hueco en el segundo; unos cuantos mundos (si es que se le pueden llamar como tal) son simplemente escenarios donde ocurren las batallas más importantes del juego; y un mundo totalmente nuevo para la saga, ese sí, algo más interesante aunque muy muy pequeño que se revela en la recta final del juego.

En los basados en las películas de la compañía de Mickey Mouse se esfuerzan por intentar dar alguna excusa que relacione algún punto de la historia central con elementos del mundo donde estemos en ese momento, pero no me funcionan, no me siento interesado por lo que me cuentan. Lo único que me generan es prisa para intentar pasar rápido estos mundos, como si fueran una especie de trámite burocrático, y así poder llegar al acto final para que se mueva de verdad la trama en la que he invertido tantos años de mi vida. Como mucho, en el mejor de los casos, me apetecerá perderme un poco por los mundos gracias a mi relación con las propias películas en las que se basan o por las propuestas jugables que se dan en cada uno. Si, al menos, todos los mundos estuvieran bien… pero es que es impresionante la decepción que he sufrido, por ejemplo, con el pasillero mundo de Monstruos S.A., una de mis películas favoritas de Pixar. Es un mundo muy poco inspirado, tanto en lo argumental como en lo jugable. Hasta gráficamente creo que hay un bajón respecto al resto de mundos, me da la sensación incluso de que este haya sido el último mundo en el que han trabajado, junto al de Big Hero 6 (de lejos, los dos peores mundos del juego). Parece que las cosas no están del todo pulidas, como a medio camino todo, muy insulsos ambos.

Esto no deja exentos al resto de mundos donde, en lineas generales, el diseño de niveles deja mucho que desear. Hay un avance claro respecto a anteriores juegos gracias a unas zonas más abiertas y sin cargas de por medio o esa verticalidad añadida que permite a Sora moverse también por algunas paredes y otras estructuras. Pero, contando muy pocas excepciones, no he podido no quitarme de la cabeza lo lineal que sigue siendo en realidad, por mucho que lo intenten maquillar. Y ojo, que no creo que sea algo peyorativo, es algo que Naughty Dog y otros tantos estudios en la actualidad saben manejar muy bien. La diferencia aquí, creo, es que llevamos esperando esto tanto tiempo que me hubiera gustado perderme de verdad por esos mundos. Esto no significa que todos los mundos hayan sido una decepción, claro está. Los tres más inspirados del juego y que salvo del resto son el de Enredados, por lo bonito; el de Piratas del Caribe, por lo poco que esperaba de él y lo resultón que acaba siendo; y el de Toy Story, por lo bien que han adaptado su universo dentro del de Kingdom Hearts y lo gratificante que es tener a Woody y Buzz en tu equipo.

Otro día ya hablaremos de lo mal que están integradas las historias de las películas dentro de la trama del juego y el papel de nuestros héroes en ellas, pero ahora quiero centrarme en el gameplay, que es fácilmente el punto más positivo del juego. Lo mejor que tiene Kingdom Hearts III es el feeling buen rollista constante que tiene uno en los combates. No dejan de pasar cosas en pantalla, hay muchos efectos bonitos, muchos colores y muchas virguerías visuales en general. Encuentro gratificante que siempre apetezca combatir con los sincorazón, incorpóreos o cualquier grupo de enemigos que se cruce en tu camino. Por otro lado, es cierto que no tiene un combate profundo, porque básicamente eres un dios con llaves espada. Y además para este juego la dificultad no existe. El que se ha llamado nivel experto (la experiencia más difícil que propone el juego) pasaría como nivel normal en otros juegos de la misma saga, lo cual ha sido algo decepcionante para los que también buscamos un reto jugando la aventura principal. Y creedme, puedo llegar a entender porqué han decidido bajar la dificultad. Supongo que la única razón lógica es la de darle más accesibilidad a los neófitos de la saga, aquellos que se acercan más por Disney que por Square Enix. Pero claro, esta “lógica” se desvanece cuando te paras a pensar en que esto contradice radicalmente con el argumento del juego, que apenas da respiro, sobre todo en su recta final, a todo aquel que no haya tocado nunca un Kingdom Hearts o no esté familiarizado con todos los personajes y cosas que han ido pasando en los juegos previos.

Sin embargo, los de Nomura dan muchas facilidades para que moverse por los escenarios sea algo agradable para el jugador. Con un plataformeo algo más currado que en otras entregas y una sensación de soltura en el movimiento que supera al del KH2 (pero que no consigue solventar los problemas de cámara que siempre han acechado la saga, y que afea algunos de los combates más impresionantes del juego). También creo que le beneficia que cada mundo intente aportar mecánicas propias que te hagan sentir como que en cada uno tengas experiencias diferentes. Tampoco hay lugar para el aburrimiento —a no ser que estés en una cinemática que no cuenta absolutamente nada relevante para la trama pero que se recrea sus buenos minutos de duración, lo que es bastante probable porque saltan cada poco que avances— ya que el juego te da la posibilidad de completar la experiencia con algunas misiones secundarias, como la búsqueda de los dispersos portafortunas (siluetas de Mickey escondidas como en las propias películas de Disney), minijuegos basados en el estilo de los cortos clásicos de Disney pero adaptados a maquinas LCD como las de Game & Watch de Nintendo o buscar ingredientes y cocinar junto a Remi de Ratatouille.

Para finalizar dos últimos apuntes. Por su lado, han conseguido que los viajes en la nave Gumi sean menos tediosos que otras veces, dándoles una vuelta de tuerca creando como tres minimundos abiertos por los que moverte libremente (pudiendo realizar de forma totalmente opcional algunas tareas secundarias de paso). Pero no deja de ser la nave Gumi, un segmento inútil del juego que a la mayoría de seguidores de la saga nos ha dado siempre un poco de grima. Y por el otro, la música de Yōko Shimomura que siempre ha sido uno de los estandartes de Kingdom Hearts y, personalmente, la de la saga en general es una de las mejores composiciones que se han hecho jamás para un videojuego. En esta tercera entrega creo que está algo menos inspirada que otras veces cuando se refiere a nuevas composiciones, pero no es mucho problema porque se apoya en los estupendos temas ya existentes.

En lineas globales Kingdom Hearts III ha supuesto una decepción. Ahora mismo no puedo no obviar, entre otras cosas, su nefasto guion, el abuso de sus aburridas y planas cinemáticas, un diseño de niveles que deja mucho que desear, el poco aprovechamiento argumental de los distintos mundos así como su jugabilidad simple (aunque variada y vistosa) y los problemas de la cámara mientras juegas. De todas formas creo que llega algo tarde, que hubiera salido más contento de él si hubiera salido hace dos o tres años, o al menos estoy seguro que no le hubiera visto tanto las costuras. Se puede decir que mi cabeza ya no está en el chip de Kingdom Hearts. Afortunadamente ya no soy el que era hace unos años, mi visión de los videojuegos ha cambiado mucho. Quiero decir, ahora adoro los juegos de From Software los cuales repudiaba hace menos de un año —y así con un sinfín de cosas más—. Ha sido una experiencia agridulce esta. Por un lado, la decepción constante mientras lo jugaba ha sido un sabor amargo que no esperaba, pero eso no quita que por otro lado haya podido emocionarme en según que momentos volviendo a encontrarme con personajes a los que guardo mucho cariño y levantar una sonrisa viéndolos interactuar entre ellos. Ojalá lo hubiera disfrutado y sentido tanto como cuando jugué de chaval a los primeros. Siempre quedará el recuerdo.

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