Reseña | The Leftovers: The Book of Nora (3×08)

Todas las reseñas de la temporada tendrán SPOILERS, tanto de la serie en general como del capítulo en cuestión.

No sé como empezar esto. Mientras escribo estas líneas estoy asimilando que mi serie favorita ha terminado, que ya no voy a poder ver nunca más ni un minuto nuevo de ella. Y el vínculo con ella se ha hecho incluso más estrecho de lo que ya era durante estas ocho semanas que he estado escribiendo las reseñas, y ahora toca escribir la última. Hay que afrontarlo. Como bien dice aquel dicho: todo lo bueno se acaba.

Pero lo primero es lo primero. Os lo dije, tenían que empezar sí o sí el capítulo con Let the Mistery Be. Impensable un final de serie sin ella, además funciona muy bien para ponernos en perspectiva y darnos la sensación de largo camino recorrido recordándonos los brillantes momentos que pasamos hace ya dos años en Jarden. Aparte del claro mensaje de la propia canción, evidentemente. Entrando ya en materia, a pesar de lo que algunos pudieramos pensar ha sido un capítulo final sorprendente y atípico. Un final de pocos personajes, un final íntimo. Acostumbrados a finales de temporadas rimbombantes en los que se desata el caos de una u otra forma (el colocar muñecos de los desaparecidos y el posterior incendio de los de Blanco en Mappleton, la vuelta al hotel de Kevin tras que le disparen y la entrada de los de blanco en Jarden a través de la falsa bomba…), este nos ha pillado algo desprevenidos. No obstante, se podía intuir que parte del capítulo se centraría en esa Sarah con la que acababa el 3×01, pues no había vuelto a salir en toda la temporada. Sí, lo normal y convencional hubiera sido hacer un capítulo coral, en el que nos íbamos despidiéndonos de todos los personajes de la serie en un gran clímax de una hora. Pero no ha sido así, y menos mal. The Leftovers no necesita hacer eso. En parte porque realmente ya todas las historias y los arcos argumentales de los personajes más importantes se sienten concluidos, han tenido un final. Pero aún quedaban dos que no habían encontrado su desenlace, nuestros queridos Kevin y Nora. Y al ser los dos personaje más importantes de la serie estaba claro que tenían que cerrar su historia en esté último capítulo. Pero no podía ser otra sino Nora la que llevara el timón de todo este final. Como ya dije hace algunas reseñas, es sin duda el personaje estrella de la serie, el corazón de The Leftovers.

Este The Book of Nora comienza justo donde dejamos por última vez al personaje interpretado por la maravillosa Carrie Coon, en aquellas instalaciones con la presunta maquina capaz de enviar personas al mundo donde está aquel 2% de la población que desapareció. La vemos haciendo ya directamente su vídeo de despedida (se nos obvia el momento en el que Nora imagino que medio obliga a las físicas que la metan en la máquina), luego le explican todo el proceso: tiene que desnudarse fuera del camión y cuando haya entrado en la máquina tiene que mantener la respiración pues se llenará de un líquido. Antes de comenzar, Nora se reúne con su hermano Matt, que está allí acompañándola y ambos tienen una de las conversaciones más entrañables que recuerdo en la serie, todo con un sabor agridulce de despedida, lo que la hace aún más emotiva.

He destacado menos de lo que me gustaría lo largo de estas reseñas la labor de Mimi Leder en la dirección de la serie, siendo un pilar casi más importante que el que ejerce el equipo de guionistas. Es la que ha conseguido solidificar la estética visual de la serie y a veces aún haciendo un trabajo discreto se puede sentir su tacto. El cómo trata los primeros planos (o planos medios cortos) de Carrie Coon es impresionante, y Coon es una actriz que transmite mucho en planos cerrados, no le intimida la cámara. Ejemplo de ello puede ser la entrada de Nora en la maquina, una secuencia de apenas cuatro minutos que supondrá para nosotros como espectadores lo último que veamos de aquel presente en la historia. Hay que aplaudir, por cierto, el diseño de producción de todo esta secuencia, la máquina está muy lograda. Antes de irnos al futuro me gustaría divagar sobre la polémica del corte, porque en montaje deciden cortar justo cuando parece que Nora va a entonar un “STOP”. Pero lo dejan ahí. Claramente se ve que lo llega a decir pero, ¿le hicieron caso y pararon todo? ¿O no les dio tiempo a reaccionar y al final se llevó a cabo con éxito?

Ahora tenemos que hacer un salto temporal de no se sabe cuantos años, pero los suficientes como para que nuestros protagonistas tengan arrugas y pelo canoso. Así volvemos con “Sarah”, aquella mujer que vimos al final del 3×01, sobre la que teorizamos en su momento. Al final ha resultado ser lo más obvio: era Nora del futuro. Aunque he de decir que en primera instancia he dudado bastante sobre si todo lo que se nos estaba enseñando era real o no. Primero, lo más evidente (en relación a lo justo anterior que se nos enseña) es que aquello puede ser el mundo donde se encuentra el 2% mundial que desapareció, pero entonces aparece Kevin y otra alarma se enciende: ¿y si está en el mundo de los no-vivos? Imposible, se nos mostró en el anterior capitulo que había acabado con él, aún así aparece Laurie algo más tarde lo que reforzaría esto. Pero resulta que no, que al final no murió, y que simplemente esto sigue siendo el mundo de siempre, pero muchos años después. Nora adoptó el nombre de Sarah y comenzó una vida ermitaña. Volvemos justo donde la vimos por primera vez en este futuro, cuando la monja le pregunta si conoce a un tal Kevin. Su respuesta es negativa, pero sabemos que no es verdad. Está dispuesta a huir de allí, porque sabe que tarde o temprano él la va encontrar, pero no le da tiempo. Kevin ya está ahí, llamando a su puerta. Es un reencuentro algo extraño, más teniendo en cuenta que hace mucho tiempo que no se veían (desde aquella tremenda discusión en un hotel de Melbourne). Pero aún más extraño es ver a ambos con sus logradas señas faciales de que el tiempo no ha pasado en balde por ellos, entablando una conversación. Y encima Kevin opta por hacerse el tonto e inventarse que no salió nunca de Mappleton y que solo compartió con Nora el primer encuentro que tuvieron (en el pasillo del instituto). A pesar de la rotunda y ferviente actitud negativa de Nora, Kevin insiste en invitarla a un baile que habrá esa noche en el pueblo.

Nora va directamente a hablar con su terapeuta personal: Laurie; que se la ve también avanzada en edad y sujetando un bebé (que luego sabremos que es su nieta). La conversación sirve para confirmar que Nora, muy en el fondo, sigue enamorada de Kevin, siente algo muy profundo por él. Pero está herida, tiene miedo. Laurie, como siempre, logra que algo en su interior se revuelva y empieza a convencerse a sí misma, decidiendo finalmente ir al baile. Para su sorpresa, el baile resulta ser una boda. Una a la que Kevin fue invitado ese mismo día al contarle su historia a los recién casados. Nora y Kevin por fin conversan, en un tono más calmado que antes y se ponen al día, enterándonos así que Matt acabó muriendo y se celebró un gran funeral en su honor, que el padre de Kevin sigue vivo con nada menos que 91 años, que Jill se ha casado con un buen tipo con el que tiene un bebé y que Tommy está divorciado, pero feliz.  Nora es incapaz de seguir el juego de Kevin de hacer como si no hubiera pasado nada, pero sigue ahí con él. También vemos cómo una de las actividades que hay en la boda es que la gente escriba en papeles notas de amor y las amarre a una paloma, que en teoría volarán en todas direcciones esparciendo los mensajes de cada uno. Esto es irónico porque Nora trabaja cuidando estas palomas, y sabe perfectamente que lo que hacen es volver a casa cada vez que las echan a volar. Y por si no fuera poco cuentan a su vez con una cabra a los que cuelgan collares que les habían repartido que representaban los pecados personales de cada uno, y al posarlos sobre la cabra estos se esfumarían para siempre. Esto sirve para que Nora haga un chiste-referencia a la segunda temporada y el señor loco que las sacrificaba en Jarden. La parejita acaba saliendo a bailar, al son del I’ve Got Dreams to Remember de Otis Redding (que por cierto sonaba muy de fondo en la primera cena “oficial” que hacían Nora y Kevin como pareja frente a Jill en la primera temporada). El baile dura cerca de tres minutos, y qué baile. No se dicen nada, pero significa mucho. Los gestos de ambos hablan por sí solos. Es un momento que nos regalan a los seguidores de la serie, un buen rato de tranquilidad, sin diálogo, solo miradas. Simplemente viendo a dos de nuestros personajes más queridos por fin unidos, después de tanto años. Pero la magia se rompe. A Nora le asalta otra vez la idea (y con razón) de que Kevin está mintiendo, que no puede estar así. Y se va.

En su camino a casa tiene un accidente con la bicicleta, cuando se da cuenta que la cabra de la boda se encuentra atrapada en una valla en lo alto de una empinada colina. Nora se lo toma personal (quizás una metáfora de la última cuesta que tiene que subir, un último esfuerzo antes de la calma), y consigue tras mucho esfuerzo rescatar al animal. Cuando llega a casa descubre que las palomas aún no han vuelto, lo cual es bastante raro. Y llega Kevin, ya cambiando totalmente, con la verdad por delante. Por lo visto desde que lo dejamos con su padre en Australia y de que volviera a su vida cotidiana no ha dejado de buscarla. Realmente se debería de sentir como alguien que perdiera un familiar en la masiva desaparición del 14 de octubre, pues no sabía si estaba muerta, si había ido al otro mundo o si seguía viva en alguna parte. Pero no perdió la esperanza, siguió buscándola durante años. Y por fin está delante de la persona que más ha querido en su vida. Ella, con el semblante que le caracteriza, como si Kevin hubiera dicho algo irrelevante (pero que en el fondo se le nota que está cómoda por fin de que haya dicho la verdad), le ofrece entrar a casa a toma un té. Y eso nos lleva a LA CONVERSACIÓN.

Lo más interesante que plantea el final de la serie está en estos últimos 10 minutos de capítulo en los que Nora y Kevin protagonizan la última gran conversación de The Leftovers. Ya he dicho más de una vez que da la sensación de que es costumbre en la serie que en casi todos los capítulos tengan una intensa conversación en su tramo final, pero es que esta es única. La más especial quizás; y así tenía que serlo. La interpretación, el guión y el montaje en esta escena están conjugados con una maestría que roza la perfección. Por primera vez quizás en la serie parece un monólogo enteramente expositivo. Solo nos da información, no nos la muestra. Pero es algo totalmente intencionado. Nos hace dudar, dudar de que el personaje más escéptico de todo el universo de la serie cuente la historia más difícil de creer de las tres temporadas. Y por eso me parece tan brillante. Porque consiguen recrear los temas centrales de la serie en el dilema que plantea esta conversación. Las religiones se fundamentan sobre relatos extraordinarios que la gente decide creerse como reales, la fe se sustenta en eso. Por otro lado, es un relato sobre el poder de la pérdida y sus últimas consecuencias, y si decidimos creer la historia como cierta me parece emocionante y muy interesante el mundo que plantea. Si en el que conocemos solo se han ido un 2% de la población mundial, allí se fue el 98%, y todo lo que eso conlleva. Es brutal como concepto. De esta forma consigue subvertir las pérdidas que habíamos estado presenciando desde el primer capítulo, ahora todos los dramas de “las sobras” tienen otra versión de la historia. Nunca nos paramos a pensar de que lo mismo las sobras del otro mundo lo estaban pasando bastante peor. El relato se vuelve quizás demasiado fantástico en según qué partes (lo del inventor de la máquina y que haga una nueva para poder volver me parece muy cogido con pinzas, más que nada porque eso implica que toda la gente pudiera volver al mundo que pertenece), pero no dudo. No quiero creer que es una mentira, elijo creer. Pero cada uno puede tener su interpretación, así lo han querido Lindelof y compañía. Pero realmente da igual lo que uno piense y como se posicione sobre la emotiva historia de Nora, lo importante es que Kevin la cree. “¿Por qué no iba a creerte? Estas aquí”.

La serie termina con un plano para enmarcar, de estos que hacen historia. Mientras la cámara se aleja vemos en la ventana a la pareja protagonista, felices, mirándose el uno al otro. De fondo, un bonito atardecer; que puede significar el cierre de una etapa y a su vez que los protagonistas ya se encuentran en el ocaso de sus vidas. En el suelo, el cubo tirado con todas las promesas y declaraciones de amor esparcidas, aquellas que nunca llegarán a darse, como todo el tiempo perdido que Kevin y Nora no han estado juntos. La jaula vacía, pero con la puerta abierta: la liberación de la propia prisión que constituía cada uno para sí mismo. Y por último la ansiada llegada de las palomas, que advierten —cómo no, mediante simbolismo— que a pesar de todas las desgracias y el tono dramático que ha tenido la serie, va a acabar con un final feliz, cargado de esperanza. Quizás todo lo que veo en ese plano no sea del todo así. Quizás esté dándole demasiadas vueltas a cosas que no debería. Pero, sinceramente, como ya he dicho antes: elijo creer.

Me despido ya de The Leftovers, una serie que recordaré siempre. Y que se ha ido construyendo a sí misma piedra a piedra como una obra de culto que se irá rescatando con los años por futuros seriéfilos, de eso estoy seguro. Yo por mi parte no voy a parar de recomendarla nunca. A día de hoy afirmo que es mi serie favorita, y la única que conozco que no tiene ni un capítulo regulero. Querría agradecer a Perrota por escribir la novela que serviría de base para todo esta obra maestra; a Lindelof por hacerla realidad y hacer volar su imaginación libremente, y en general a todo el equipo de guionistas que ha contribuido a dejar su granito de arena a lo largo de estos cuatro años; a Mimi Leder, Peter Berg, Craig Zobel, Carl Franklin, Keith Gordon y el resto de directores que han trabajado en la serie por su enorme talento y dejar huella en la serie; al mejor reparto actual de la historia de la televisión, porque cada uno ha aportado en algún momento de las tres temporadas una interpretación mayestática, y algunos lo han hecho capítulo a capítulo; y en definitiva a todas y cada una de las personas que han trabajado para que algo como The Leftovers saliera adelante. Gracias a todos vosotros, lectores de LPI, por acompañarme cada semana en mis divagaciones y desordenadas reseñas. Ha sido todo un viaje, y no podía tener un final más satisfactorio. Hasta siempre, amigos. Let the mistery be.

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