Reseña | The Leftovers: Crazy Whitefella Thinking (3×03)

Todas las reseñas de la temporada tendrán SPOILERS, tanto de la serie en general como del capítulo en cuestión.

The Leftovers siempre ha tenido capítulos dedicados a un personaje en concreto. Al principio, en su primera temporada, eran la excepción (que si el de Matt Jamison por allí, que sí el de Nora por aquí, etc), pero realmente había un claro protagonista y una trama más centrada que seguir. En la segunda temporada este tipo de capítulos se fueron convirtiendo en una costumbre, hasta que ha llegado la tercera y última temporada en la cual parece que la estructura va a ser a capítulo por personaje. En esta ocasión la serie se centra en un personaje que nunca había contado con episodio propio, y creo que ya tocaba: Kevin Padre (a partir de ahora lo llamaré así para que no haya líos). Al igual que esta estructura parece que se va a mantener de aquí al final de la serie, la cabecera va a ir cambiando de canción en cada episodio, o eso prometen. La mayoría son utilizadas para dar con cierto toque irónico y tranquilizar al espectador de las fuertes emociones que aguardan en cada hora de la serie, pero siempre o tiene que ver con algo relacionado de ese mismo capítulo (como pasaba en el anterior) o bien es una metáfora del personaje que vamos a ver en él, como sucede en este Crazy Whitefella Thinking, en el que suena una cover jazzística del Personal Jesus de Depeche Mode.

Quizás sea este uno de los episodios más cargados de simbolismos y que más pondera sobra la fe de lo que llevamos de serie, y el listón está bastante alto en este sentido. Presiento que va a quedar una reseña bien cargadita y extensa, y como dije en la anterior: no me voy a cortar. El capítulo se abre con un plano de Kevin Padre, de espaldas a la cámara, en lo que parece ser Mappleton, el 14 de octubre. El tratamiento de sonido aquí es impresionante. Escuchamos todo el alboroto que hay por las calles en un segundo plano mientras que en el primero casi que podemos presentir el silencio interno del protagonista. Hasta que se escucha una voz, y él se gira. En ese momento la serie descubre el pastel y vemos que esa voz es parte de una grabación de su hijo que está escuchando ahora en el presente. Y me parece acertadísimo cómo juegan con ese encabalgamiento de sonido para expresarle al espectador que ese fue el preciso momento en el que Kevin Padre empezó a escuchar voces. La mencionada grabación de ese Kevin Hijo de ocho años es bastante importante para todo el capítulo. Resulta ser una grabadora que tenía el joven Kevin en su infancia y que se llevó a un viaje a las Niágaras con su padre. Es extraño ver la personalidad infantil de nuestro intenso favorito Kevin Garvey, ni siquiera parece el mismo. De niño parecía tener espíritu de reportero de noticias, un niño muy curioso. Muestra de ello son conversaciones como la de su preocupación por los patos que se pueden ahogar o —referencia a Taxi Driver al canto— el cómo pudo afectar la historia ficticia de Travis Bickle sobre John Hinckley para que atentara contra Reagan.

Pero, ¿qué está haciendo Kevin Padre en Australia?  En sus propias palabras: “impidiendo el apocalipsis”. Lleva un buen tiempo recorriendose el país de los cánguros atrevesando una songline (un camino marcado por los aborígenes donde cada punto se conecta con “entes superiores”, y que solo una persona que conozca las canciones y bailes de cada tramo podrá viajar por él). Kevin ha ido investigando las danzas y cantes aborígenes y ha ido haciendo lo propio en cada punto de la songline con el fin de impedir el apocalipsis, o al menos eso es lo que él cree que hace. Como vemos en el capítulo, solo le queda un punto para terminar todo esta insólita travesía. Y para ello tiene que hablar con Christopher Sunday, la única persona que conoce la canción que necesita. Tras dar con él, Chris le abre las puertas de su casa y Kevin le explica toda su trayectoria, en un monólogo de siete minutos que compone uno de los pilares del capítulo. Es en este monólogo donde nos enteramos de que fueron sus voces las que le dijeron que fuera a Australia (recordemos que ya dijo en su momento que se recuperó porque ahora hacía caso a sus voces).

Se fue a Sídney, donde compró entradas para escuchar a Verdi en la famosa Ópera de Sídney —Lindelof con esto crea uno de esos detallitos que encajan como un guante y que son tan suyos, pues recordemos que el Coro de los esclavos hebreos de Verdi era el eje musical del grandioso capítulo del “hotel” de la anterior temporada, International Assassin—. Pero tenía más ganas de conseguir respuestas que de escuchar música, y alguien le ofreció un potente alucinógeno con el que le prometía poder hablar con Dios. Es curioso porque esto vuelve a enlazar con el mencionado capítulo de la segunda temporada, donde Kevin Hijo y Kevin Padre se comunicaban a través de las televisiones del hotel (¿implicita esto de alguna forma que Kevin Hijo es Dios o una representación carnal de él?). El caso es que se despertó dos semanas después en la otra costa de Australia sin tener consciencia alguna de nada que hubiera hecho en ese tiempo. En dicho momento, al despertar, vio en las noticias que una gallina había sido el único ser vivo de todo un pequeño pueblo en no desaparecer el 14 de octubre 15 de octubre —otro detallito que me ha hecho su gracia aunque fuera algo evidente por el huso horario del país—. Kevin Padre lo interpretó como una señal y fue directo a visitar aquel pueblo. Allí la gallina picoteó una cinta en concreto que él llevaba en su equipaje. Esa cinta era precisamente la que grabó el joven Kevin Hijo en las vacaciones a las Niágara en el año 81. Puso la cinta sin rebobinar y se encontró con un fragmento de la grabación donde su hijo le pide que cante una canción para parar la lluvia, lo hace y la lluvia casualmente cesó. A partir de aquí lo vio claro: su misión era parar esa “lluvia” que vendría el próximo aniversario (el séptimo ya) del día más celebre de la ficción Lindelofiana.

La lluvia por otro lado ha sido uno de los motifs del capítulo, y juegan con ella como si se tratara de una acción divina. Por ejemplo, cuando Kevin Padre acaba diciendo a Matt vía teléfono que el libro que ha escrito es una mierda por centrarse en su hijo, empiezan a caer truenos y una lluvia molesta, dando a entender así que él está equivocado, que Kevin Hijo sí es importante. Aún más explícito se hace este uso de la lluvia cuando Kevin Padre, ya desesperado por beber algo de agua, se encuentra gritando, insultado e incluso retando a Dios. Al segundo se desata de nuevo otra tempestad en forma de venganza o represalia que acaba mojando la grabadora, dejándola inservible. Pero quizás mi favorita es cuando Kevin Padre arroja el libro de Matt a la papelera y Mimi Leder (que de nuevo está espléndida como directora tras estar ausente en el anterior capítulo, y que ya no la tendremos hasta la series finale) decide centrarse en el manuscrito sobre el que caen gotas de lluvia que solo borran las correcciones de Kevin, como queriendo decir que Dios está de acuerdo con el libro tal y como está. Los motivos por los que Kevin Padre no quiere que el libro vaya sobre su hijo me parecen difusos aún: ¿es por envidia? ¿Acaso se cree él el elegido? ¿O realmente es por respeto a la intimidad de su hijo?

Lo que sí que temo es que vamos a tener que ponernos un poco más bíblicos de la cuenta y hablar aquí sobre el Sacrificio de Isaac. Es uno de los episodios de la Biblia más controvertidos desde el punto de visto teológico, y se le ha hecho alusiones unas cuantas veces a lo largo del capítulo de esta semana. Este relata que Dios, para probar la fe de Abraham, pidió que sacrificara a su hijo Isaac. Destrozado por la pena, Abraham accedió, pero un enviado de Dios le detuvo en el último momento e hizo que sacrificara un carnero en su lugar. Hay una secuencia en el capítulo que podría pasar por anecdótica (más allá de la fuerza dramática que conlleva), pero que me parece fundamental, y que además entronca con la mencionada historia bíblica. Estoy hablando de cuando Kevin Padre, vagando por el desierto, se encuentra a un suicida que rocía su coche y a él mismo de gasolina dispuesto a prenderse fuego. “No me han cogido”, repite un par de veces el señor. Kevin intenta hacerle entrar en razón, pensando que se refiere a la desaparición masiva de hace 7 años. El señor parece ignorarlo pero le pregunta “¿Matarías a un bebe si así se curara el cáncer?”. No, responde un directo Kevin. “Eso es exactamente lo que yo dije”, sentencia el otro. Lo mira y seguidamente se prende fuego.

Tal y como yo lo interpreto este hombre viene de la empresa/institución australiana que llamó a Nora en el anterior capítulo (y por la cual los Garvey van a ir para allá) prometiéndole que podría volver a ver a sus hijos. Ese “no me han cogido” puede hacer referencia a que el hombre ha fallado los múltiples tests que había que completar como mencionaba Mark Linn-Baker la semana pasada, perdiendo cualquier atisbo de esperanza. También hay otra interpretación mucho más enrevesada (y que no invalida la anterior), tomando la frase en un sentido metafórico y poniendo el Sacrificio de Isaac en la ecuación. De acuerdo a Matt, Isaac no era un niño como la mayoría cree sino un adulto en su treintena. (¿Kevin Hijo, alguien?) Tal y como termina el capítulo Kevin Padre perfectamente puede ver a su hijo como esa pieza clave que necesita para que no llegue el apocalipsis. Así que, ¿será capaz Kevin Padre de sacrificar a un bebé su hijo para así poder curar el cáncer salvar la humanidad?  No sabemos si volverá a contestar negativamente a esta pregunta cuando se le vuelva a reformular. Ni siquiera sabemos si todo esto que he dicho va a ocurrir realmente. Yo solo suelto cosas que se me han ido ocurriendo viendo el capítulo y reflexionando sobre él. Eso sí, informándome un poco sobre esta historia de la Biblia he visto que la mujer de Abraham (y por lo tanto madre de Isaac) se llamaba Sarah. No creo que sea algo casual que ese sea el nombre que parece tener la ¿Nora del futuro? en aquel inquietante final del 3×01.

Y para terminar con lo bíblico de una vez por hoy. Estoy fascinado por un plano en concreto, el cenital de Kevin Padre rendido bajo una cruz blanca cristiana con una muleta a cada lado haciéndole parecer un ángel (lo tenéis justo arriba). Contando que se ha enfrentado a una serpiente que le ha envenenado y que está devastado de tanto vagar por el desierto… ¿podríamos decir que es un ángel caído? No entiendo mucho de la Biblia pero… ¿acaso Satanás no es un ángel caído? Yo solo doy pinceladas a posibles teorías. Ya si alguno se monta sus películas en la cabeza que comente aquí abajo. Yo creo que, como dice Grace: “Usted no es ningún ángel. No hay ningún mensaje. Es todo un cuento que me he querido creer”. Y ya que he mencionado este plano, me gustaría destacar la labor de John Grillo como director de fotografía, que realiza un trabajo ejemplar iluminando los paisajes de Australia, así como unos interiores llenos de colores vivos que dan gusto verlos. Lo vamos a tener en al menos dos capítulos más de la serie, así que genial.

Ya la he mencionado pero he querido dejarla para el final de la reseña. Hablemos de Grace. Grace era la cabecilla de las jinetes que parecían sacadas de una secta el capítulo anterior, donde mataban a ese Kevin australiano. Grace, el día anterior a aquello, se encontró con Kevin Padre tirado (en el mencionado plano angelical), lo llevó a su casa y lo salvó del veneno de la serpiente. Kevin despierta y se pone a dar una vuelta por la casa descubriendo un par de cosas: que un grupo de fanáticos está construyendo una especie de arca y que Grace no tiene que comer mucho (la nevera apenas tiene nada y encima guarda documentos y álbumes de fotos en el congelador; porque sí, porque puede). Kevin se queda durmiendo mirando fotos familiares de Grace, y se despierta a la noche escuchando unas voces, sale de la casa y vemos que es justo el momento donde acababa el capítulo anterior. Le pegan un dardo tranquilizante y vuelta a dormir. Tras todo esto, a la mañana siguiente tiene lugar una extensa conversación (ocupa literalmente los últimos diez minutos del capítulo) entre Grace y Kevin Padre. Una de las conversaciones más intensas y emotivas de las que se recuerdan desde quizás aquella de Nora y Erika en la temporada pasada. La historia de Grace me ha resultado traumática al extremo, y me atrevería a decir que es la más triste de todas las contadas a lo largo de la serie, y no es que sean pocas. “Yo no creo que estés loca. Simplemente te has equivocado de Kevin”; y el Kevin que tiene que ser va directo hacia allí, perfecto. Por cierto, Scott Glenn está de Emmy.

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