Reseña | The Leftovers: G’Day Melbourne (3×04)

Todas las reseñas de la temporada tendrán SPOILERS, tanto de la serie en general como del capítulo en cuestión.

Mi experiencia con esta tercera y última temporada de The Leftovers está siendo demoledora. Sí, demoledora, porque está estableciendo unos estándares de calidad en todos los sentidos dentro de la industria televisiva y sé que, como ya sucediera hace casi dos años con su anterior temporada, escasas series van a acercarse siquiera. Y después de tres capítulos tan monumentales como los que hemos estado viviendo estas últimas semanas llegué a pensar estos días previos al nuevo capítulo que tocaría ahora algo más “normalito” (si es que eso existe aquí), por algún motivo creía que esta cadena loca de calidad iba a torcerse, aunque fuera solo un poco; y no. G’Day Melbourne consigue llegar al ecuador de esta magnífica recta final con un sobresaliente bajo el brazo. Si bien no es un capítulo del que haya tanto que analizar (en tema de simbolismos y demás), dramáticamente se eleva como uno de los más intensos que recuerdo. Aparte de ese aura especial que siento por él, no sé exactamente qué tiene que me conmueve y reconforta como espectador, pero no es como el resto. Daniel Sackheim, que ya dirigiera el 1×09 de la serie —The Garveys at their best, aquel capítulo que servía como gran flashback de todos los personajes pre-14 de octubre—, y que casualmente también ha dirigido el capítulo de esta misma semana de otra de las mejores series que hay en emisión, Better Call Saul (Chicanery 3×05), nos regala una dirección soberbia acompañada de una fotografía a cargo de Robert Humphreys, que se estrena en la serie con elogios de parte de todos los seguidores de la serie y que es una suerte que lo vayamos a tener en dos capítulos más: el 3×06 y en el 3×08, el último de la serie. Todo bien.

Pero pongámonos serios. Desmenucemos el capítulo, que sé que eso es lo que os gusta. Ya dije en la anterior reseña que esta temporada estaba muy ligada a la estructura de capítulo por personaje, y aunque este epidosio rompe en cierta forma aquello, no deja de serlo pues va enteramente de Nora y Kevin, son sus tramas las únicas que avanzan en todo el capítulo, y vaya avances. La pareja Garvey se dirige a Australia por fin, más concretamente a Melbourne, no sin antes acudir al respectivo aeropuerto, donde Nora se la juega por pasar dinero pegado a su cuerpo (bastante gracioso cuando Kevin le dice que si se lo hubiera dicho se lo podrían haber repartido y sería legal). Pero quiero pararme poco aquí, me interesa más todo lo sucedido en Melbourne. Como he dicho, esta semana tenemos dos tramas que van en paralelo durante todo el capítulo. Vayamos una por una.

El punto de ir hasta el país de los canguros es de Nora, por ir a ver aquella maquina que hace un par de capítulos le prometieron que podía trasladar a uno a donde quiera que estén los que desaparecieron el 14 de octubre. Su travesía individual empieza con un momento 100% Nora: una mujer le pide el favor de que cuide de su bebé mientras tiene una entrevista de trabajo, y claro, Nora acepta y sin apenas darse cuenta se ha metido en un buen lío pues espera un autobus en concreto que debe coger sí o sí. Más adelante Nora interpreta que aquello fue una clase de prueba, pero lo dudo mucho. En este caso es Lindelof creando un dilema moral al personaje, nada más. Finalmente Nora se presenta donde le han citado y conoce así a dos fisicas que le explican muy por encima su labor. Le hacen un examen médico, la ponen en una caja para probar si podría aguantar entrar en la maquina y le acaban haciendo una pregunta. Una que os sonará de algo: “Nacen dos gemelos. Uno de ellos crecerá y curará el cáncer pero solo si el otro muere ya. ¿Mataría a este último?”

Pues sí, como ya predije en la reseña de la semana pasada, el hombre que en el anterior capitulo se prendió fuego delante de Kevin Padre venía de allí, de la gente de la supuesta máquina. Y aquí es cuando se pone curioso el asunto. Porque sabemos que aquel hombre dijo que no y lo rechazaron, pero Nora ha dicho que sí, y también le han rechazado. Esto genera varias preguntas en mí, ¿acaso hay una tercera solución a la respuesta? ¿O es la manera de decirlo lo que cuenta? O más loco aún: ¿y si todo es un montaje —los de blanco no han salido en toda la temporada, ahí lo dejo— y la pregunta es una especie de prueba para destrozar las esperanzas de que la gente vaya a volver a ver a los seres queridos que perdieron el 14 de octubre y así RECUERDEN? No lo creo, porque si no no tendría sentido que todos los que lo han hecho hayan desaparecido luego de la civilización y que se vea testimonios de gente a punto de entrar en la maquina. No sé si se volverá a ver algo más de esto, o si realmente tendrá más relevancia en el futuro de la serie, pero lo mostrado ha generado el suficiente misterio como para seguir indagando por esta trama, veremos.

Mientras Nora lidiaba con todo esto, Kevin estaba haciendo de las suyas, no se podía quedar quietecito. Hay algo aquí que me inquieta un poco porque esta trama tiene demasiados puntos en común con International Assassin (el conocido capítulo 2×08) como para ser algo casual: todo empieza en un hotel, en recepción confunden su nombre real, la televisión termina siendo esencial para la trama del capítulo (y gracias a ella se reencuentra con su padre), y hasta se dispara un alarma de incendios en pleno hotel. La cosa es que Kevin, por la televisión de su habitación, ve que en un programa matinal, G’Day Melbourne, una de las que sale de fondo es Evie, sí, la hija de los Murphy. Kevin no tiene otra idea que ir donde se está rodando en directo el programa y persiguirla. Esto a Kevin le perturba porque cree que todo lo que sufrió con Patti se va a volver a repetir, pero entonces otro tío le llama la atención a Kevin diciendo que deje en paz a la mujer. Entonces él siente —junto a los espectadores— cierto aroma de tranquilidad porque si el hombre este la ha podido ver no es una visión suya, y aquí es cuando Lindelof y compañía nos la meten doblada, porque todo era un juego de su mente que no nos dejaba ver la realidad. Y es que era una señora que no tenía nada que ver con Kevin y los Murphy la que esté estaba confundiendo en su cabeza con Evie. La secuencia consecuente a la anagnórisis de Kevin mediante a foto que tiene en su móvil y la ayuda telefónica de Laurie me parece uno de los puntos álgidos del capítulo. Por cierto, ya teorizaba en la anterior reseña que el destino de Kevin no pinta nada bien, pero es que el pobre no ha dejado de sufrir desde el primer capítulo de la serie, se merece un respiro. Mención aparte para el momento cómico del capítulo de cuando Kevin va a preguntarle donde está la biblioteca a un hombre disfrazado de Koala gigante.

Pero todo lo hablado hasta ahora no es nada comparado con lo que suponen los últimos ocho minutos del capítulo. De una vez por toda todas Kevin y Nora han decidido hablar de todo, sin callarse nada. Y eso ha llevado a una discusión final que ha acabado en la inminente ruptura de ambos, una de las más duras que he visto jamás, aunque en mis adentros supiera que dos personas que sufren tanto no deberían estar juntas, pero es que hacían muy buena pareja, joder. ¿Y sabéis qué? Todo el capítulo estaba enfocado a esto, desde el minuto uno. Creo que ha tocado el momento de pararme de una vez en contar por qué siempre digo que el uso de la música en esta serie es tan jodidamente bueno, no solo por el buen gusto y esas joyitas que eligen sino por el sentido narrativo que acarrea. Para los que todavía no sabéis de adonde me estoy yendo con esto os lo dejo muy claro: la canción elegida para la cabecera esta semana se titula This Love is Over, de Ray LaMontagne —gran descubrimiento, por cierto—, y es una frase que resuena varias veces a lo largo de ella. ¿Veis a lo que me refiero? Todo estaba ahí ya; magnífico. Pero esto no se queda aquí, la canción con la termina el capítulo, la famosísima Take On Me, aparte de evolucionar a lo largo del mismo (primero suena en piano cuando Nora se encuentra con las fisicas, luego suena una cover de trompetas bastante caótica cuando Kevin entra en la biblioteca y finalmente la canción original de A-ha para poner el broche), el mensaje implícito de la canción tiene mucho que ver con la trama de Nora, ese “llévame” que anuncia la canción una y otra vez resuena como una súplica de Durst por que alguien la lleve a donde estén sus hijos, y por si fuera poco si os acordáis del videoclip es todo el rato una transición entre dos mundos (el real y el dibujado) que podría ser perfectamente en este caso metafórico en el que viven las sobras (lo que vemos en la serie) y donde quiera que este el 2% de la población que desapareció.

Tras la ruptura suceden varias cosas. Por un lado Kevin Hijo y Kevin Padre se reencuentran —fisicamente, por fin— después de estar más de una temporada sin verse (la última vez fue en el 2×01 si no recuerdo mal), y este último le presenta a Grace, de la que ya hablamos largo y tendido la semana pasada. Resulta que lo encontró porque salió en el programa que da nombre al capítulo cuando éste buscaba a “Evie”. Por otro lado, y aún más importante creo, es la misteriosa explosión. Al salir Kevin del hotel ve que hay mucho movimiento en recepción y en la entrada y podría parecer que lo hacen por la alarma de incendio que ha saltado en la habitación de los Garvey (al quemar el famoso libro), pero no del todo. El gerente del hotel le dice que ha habido una explosión y por eso no puede llamar taxis y luego su padre le dice que no puede volver a Jarden porque han cancelado todos los vuelos por la mismo, por la explosión. Así que asumimos que no tiene nada que ver con la pequeña alarma de incendios del hotel. Algo gordo ha debido de ocurrir, e imagino que lo veremos en el próximo capítulo. Por cierto, en el aeropuerto, al principio había un hombre que decía que va a haber un “nuclear event”, y que por eso tiene que ir con su traje especial. Se le trata como un loco, y lo mismo lo es, pero no sé si se referirá a esta explosión o al séptimo aniversario del 14 de octubre. Lo descubriremos pronto. Para terminar me gustaría destacar los dos últimos planos de Nora, pero en especial el plano final. Me parece excelente, por lo bonito que queda estéticamente y por lo que expresa narrativamente: Nora llevaba tres temporadas conteniéndose las lagrimas, y ahora por fin las desata. Quedan cuatro capítulos, y yo no puedo más, sufro mucho por estos personajes y la serie me da la vida. Ojalá no acabase nunca, pero todo lo bueno tiene que tener su fin.

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