Reseña | The Leftovers: It’s a Matt, Matt, Matt, Matt World (3×05)

Todas las reseñas de la temporada tendrán SPOILERS, tanto de la serie en general como del capítulo en cuestión.

Justo al final de la anterior reseña comentaba aquella extraña explosión que había ocurrido, suponemos, mientras Kevin y Nora tenían esa intensa discusión que acabó en ruptura. ¿Cómo sucedió? ¿Qué clase de explosión exactamente? Esa y más preguntas me hice la semana pasada, y han sido contestadas en este inicio de capítulo. Ya desde la cabecera se podía intuir que algo inusual sucedía. Nos estaban acostumbrando a poner canciones que tuvieran cierta relación con el capítulo en cuestión, pero aquí escuchamos a un hombre como rezando en francés (acompañado de cantos gregorianos). Asumo que ese hombre es al que acompañamos durante estos primeros cinco minutos de capítulo, bien porque se puede escuchar ya los pitidos del submarino desde las primeras palabras de este monólogo interno, así como que hay varias pistas que indican que el submarino es francés o de un país de habla francesa. La situación la verdad es que es algo bastante loca y descabellada, sea como fuere esta persona hizo explotar una bomba nuclear en el Pacífico Sur.

Este inicio tan Lindelofiano —recordemos su afición por empezar temporadas con gente que no conocemos de nada hasta ese momento pero que tiene una relación directa (en el caso de Perdidos) o metafórica (en el caso de la propia The Leftovers) con la trama principal de sus series— da paso al grueso del capítulo, uno centrado en uno de los personajes más interesantes y fundamentales de toda la serie: Matt Jamison. El reverendo interpretado por Christopher Eccleston (probablemente el mejor papel de su carrera, con perdón de los Whovians) encierra en él uno de los pilares temáticos base de The Leftovers: la fe. Es algo presente en toda la serie, desde el primer capítulo, pero especialmente en los protagonizados por el hermano de Nora, momentos en los se pone a prueba. En cada uno de ellos hemos visto bajo diferentes situaciones como Matt explora los límites de su inquebrantable fe. En este It’s a Matt, Matt, Matt, Matt World (buen juego de palabras, por cierto), vuelve la directora Nicole Kassell a la serie para dirigir de nuevo un capítulo de Matt, tras hacerlo en la anterior temporada con el 2×05, No Room at the Inn (uno de los mejores capítulos de su año). Y el guion en esta ocasión cae en manos de Lila Byock, junto —evidentemente— a Damon Lindelof. Me parece muy guay que en esta temporada la presencia femenina detrás de las cámaras sea aún mayor.

Matt siempre se las apaña para acabar en unos líos mayúsculos (por otra parte, es un poco la esencia de todos los personajes protagonistas de la serie), y esta vez no iba a ser menos. En pocas palabras el capítulo de esta semana va sobre Matt lidiando con su fe con la misión en mente de traer de vuelta a Kevin hacia Miracle, para que esté allí en el séptimo aniversario del 14 de octubre. Pero todo se complica. Partimos de que los aeropuertos están cerrado por la explosión, aunque Matt consigue convencer a un amigo de su iglesia en Jarden con el puede volar hasta Melbourne (se supone que es un piloto de una conocida ONG). Minutos antes del despegue se presentan John Murphy, su hijo Michael y —para la sorpresa de Matt— Laurie para acompañarle en esta “misión de rescate”. Gran parte de la trama del capítulo recae en el enfrentamiento continuo de las dos posiciones frente a Kevin: los que creen que es alguien especial, un mesías (los tres reyes magos: Matt, John y Michael), y la que fue su mujer durante 15 años que mantiene que su ex está sufriendo delirios y puede ir a peor (Laurie). El viaje en avión se complica, y les obligan a aterrizar en Tasmania. Esto hace que tengan que meterse en el primer barco que zarpe dirección a Melbourne, en un viaje de casi once horas. El resto del capítulo (unos cuarenta minutos) suceden dentro de este barco.

Si en el mencionado 2×05 Matt se metía en el campamento a las afueras de Jarden lleno de gente rara y bastante mal de la cabeza, este 3×05 podría ser su secuela espiritual (nunca mejor dicho). El barco donde se cuelan está alquilado por completo por un grupo de fanáticos adictos al sexo y a la juerga que siguen a un león como si fuera su guía vital y espiritual. Pero Matt tenía que coger ese barco, que el siguiente no salía hasta dentro de dos días. Para entrar tuvo que decir el chiste más guarro que conociese, y el resultado ha sido inesperado. Por cierto, el cáncer de Matt ha vuelto, de eso no hay duda ya. Cada poco se pone a sangrar por la nariz, y no tiene buena pinta adonde nos lleva esto. Pero de entre todas las locuras que presenciamos en esta orgía constante a lo largo del viaje hay una en especial que llama más la atención, al menos para Matt y los espectadores de la serie: se llama David Burton, y dice ser Dios.

Esto ha sido una sorpresa que no me esperaba para nada, de verdad. He gritado un poco por dentro en cuanto he visto la cara de este “Dios”. No es otro que Bill Camp (el detective de The Night Of), el actor que interpreta a ese señor que Kevin se ha encontrado las dos veces que ha visitado el hotel tras la muerte: una en el puente (en International Assassin) y otra en el bar (en I Live Here Now), es él quien le dice que tiene que cantar en el karaoke para librarse de aquello. Y todo cobra un doble y retorcido sentido cuando el capitán del barco cuenta su historia a Matt y John. Resulta que hace unos años, en Perth (una ciudad australiana), este David Burton se fue de escalada y tropezó rompiéndose el cuello y muriendo en el acto. Pero al cabo de un rato resucitó. ¿Coincidencia? Pero lo más loco aún es que todo esto me resultaba extrañamente familiar y me he acordado que en estas últimas vacaciones, revisionando la serie, me quedé fascinado con que en el 2×03 (Off Ramp) se puede escuchar de fondo en una televisión una noticia de un telediario que cuenta cómo un hombre de Perth en Australia había resucitado tras un accidente y decía que había estado en un hotel. Pues resulta que doce capítulos después descubrimos que aquel hombre era el mismo que Kevin conoció en el citado hotel. Y que ahora se hace pasar por Dios, con una particular tarjeta de presentación. Como es normal, a Matt esto le revuelve el estómago. ¿Pero acaso no está él blasfemando igual que David escribiendo una “secuela de la Biblia” con Kevin de protagonista?

Últimamente los capítulos de The Leftovers se están caracterizando por tener una potente conversación en sus últimos minutos. La de este se encuentra frente a un león, entre Matt y aquel que dice ser Dios. Si hay una cosa que me fascina de esta es la forma en la que Matt cambia su actitud, al creerse que de verdad ese hombre es la representación carnal de Dios. Matt se deshace y suelta todo lo que nunca ha dicho en voz alta, porque siente que por primera vez en su vida está hablando directamente con Dios. Ese “¿Por eso me estás matando?” tras el discurso de que Dios no ha juzgado nunca a Matt y que todo lo que ha hecho siempre ha sido por sí mismo es demoledor a nivel argumental para el personaje, por todas las consecuencias que eso arrastra. Y así llegamos al final del capítulo, en el que se mezcla el intento de arresto de este David Burton con un movimiento por parte de los locos del barco, que sacan al león de la jaula. Y no, no acaba bien para aquel que decía ser Dios. El capítulo termina con una frase tan contundente como “Ese es el hombre del que os hablaba”. ¿Se refiere a David Burton, del que no ha parado de hablar en el viaje,  o realmente está refiriéndose a Dios, del que siempre ha hablado? Sea como sea, el arco argumental de Matt Jamison ha dado tal vuelco que en términos de estructura da la sensación de que estamos muy cerca del final de la serie (y es que quedan solo tres capítulos ya), iremos viendo las consecuencias de esto, porque parece que ya no tiene como objetivo llevar a Kevin a Miracle. A pesar de ser un capítulo muy loco, este personal tour de force de Christopher Eccleston que bien le podría valer una nominación en los Emmy si viviéramos en un mundo justo tiene menos ¿ambición? que el resto de capítulos de la serie, dando la sensación de ser inferior al resto, más pequeñito. Pero en mi caso me ha parecido de nuevo un capítulo ejemplar, otro más; y que la fiesta no pare.

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