Reseña | The Leftovers: The Most Powerful Man in the World (and His Identical Twin Brother) (3×07)

Todas las reseñas de la temporada tendrán SPOILERS, tanto de la serie en general como del capítulo en cuestión.

Ya solo con escuchar esos violines he sabido que estábamos ante un capítulo muy especial. Qué gozada disfrutar de nuevo de la que fue la sintonía original de la primera temporada, no os hacéis una idea. Y si había algún episodio en el que tenía que sonar de nuevo, era en este. Deja un poso bastante curioso la mezcla entre esos potentes instrumentos de cuerda frotada junto a las imágenes de la cabecera que llevamos viendo ya casi dos temporadas. Por otro lado, quiero que recordéis mis palabras: para el último capítulo van a poner la icónica Let the mistery be, aquella canción de Iris DeMent que nos acompañó a lo largo de toda la segunda temporada en la cabecera. Y qué genial sería, porque no hay una canción en mi opinión que defina mejor el ser mismo de The Leftovers. Me vale con que la pongan en cualquier punto de esta ansiada series finale, no espero menos.

Lindelof y compañía no explicarán el porqué un 2% de la población mundial se esfumó de un día para otro, pero tienen el suficiente descaro como para dejarnos claro antes de que acabe la serie cuál fue el origen en la ficción de la que es desde ya una de las barbas más icónicas del medio: la de Kevin Garvey aka Justin Theroux. Y me parece estupendo, porque además funciona muy bien como pequeña cápsula de tranquilidad antes de la tempestad (literalmente) y por recordarnos de nuevo lo jodidamente buena pareja que hacían Nora y Kevin en una escena de lo más entrañable (aunque estén hablando de cosas turbias en realidad, pero así son ellos, hay que quererlos). Por no hablar de que siembra la semilla de hacia dónde va encaminado el capítulo y lo que realmente define el arco de Kevin, pero de eso hablaré luego.

Sí, todo parecía indicar que este iba a ser el “International Assassin” de esta temporada, y tanto que lo ha sido. Podría tomarse como una secuela en espíritu de aquel, aunque con un retorcimiento de géneros: aquí la comedia rige por momentos el tono del capítulo, y a su vez se cimenta sobra una base aún más dramática (si cabe). El primer rasgo significativo de este “capítulo en el purgatorio (o lo que sea este sitio)” es que cambiamos de localización y de reglas respecto a lo que nos tenían acostumbrados. (¿Quizás es porque no ha muerto en Miracle? ¿Acaso tiene algún sentido pararse a racionalizar esto?). Definitivamente nos tenemos que olvidar de aquel ya lejano hotel. Ahora Kevin aparece (desnudo, cómo no) en una playa. Allí se encuentra un ¿ruso? que le empieza a dar una paliza, pero es salvado por un agente especial armado hasta los dientes, que resulta ser Dean. Sí, nuestro querido amante de los perros; a las ordenes en este “mundo” de David Burton, también conocido como Dios, del que ya hablé hace dos reseñas en el capítulo de Matt (y del que se descubre por fin que le dijo en el oído a Kevin cuando estaba en el puente: “Eres el hombre más poderoso del mundo”). También se establece un patrón que regirá de aquí en adelante la estructura narrativa del capítulo: los cristales, espejos o cualquier material reflectante en los que se mire Kevin le transportará a su otro yo. La primera vez que ocurre se ve así mismo, pero con barba, y en otro lugar. Y su mente viaja hacia allí y frente a un gran público, trajeado de blanco y apunto de realizar un discurso. De hecho, descubre que es el presidente de los Estados Unidos. Y sí, del partido de los Guilty Remnant. 

Me parece muy interesante el cambio estratégico de la dirección política que plantea este partido en comparación de la última vez que lo vimos en el mencionado hotel. Prohibir las familias tal y como las conocemos y afirmar tajantemente que el matrimonio es lo más autodestructivo que ha dado la raza humana es una evolución lógica y consecuente en el planteamiento de esta secta. Por otro lado, de nuevo nos dejan una pista del subconsciente de Kevin con este tema, que acabará desembocando en la controvertida anagnórisis en el clímax del capítulo. Kevin está en este mundo con tres objetivos que realizar: hablar con Evie, preguntarle a los hijos de Grace que dónde están sus zapatos y aprender la canción de Christopher Sunday. Y los dos primeros los consigue en este primer viaje. Del breve encuentro con los descalzos hijos de Grace destaco el poder que tiene el equipo de guionistas de esta serie para condensar toda la psique de la misma en poco más de un par de líneas de diálogo.

-¿Por qué no llevas zapatos? ¿Dónde están?

-¿Qué importa eso?

-Alguien de tu familia quiere saberlo.

-Pero usted ha dicho que no hay familias.

El encuentro con la hija de los Murphy, por otra parte, ha sido bastante revelador: aquí Evie protesta en contra de los de blanco y es la única superviviente de su familia. Por lo que parece que este mundo es literalmente un espejo del “mundo de los vivos”. Exacto, espejos como por los que pasa la conciencia de Kevin entre un gemelo y otro. Porque la dualidad es el gran tema de este penúltimo capítulo de la serie, como bien indica su título desde un principio. Otra muestra de esto sería, por ejemplo, que su jefe de seguridad como presidente sea aquel Kevin australiano que mató Grace en los primeros pasos de esta temporada.

Antes de que Kevin consiga llegar hasta Christopher Sunday y cumplir el 100% de sus misiones, empieza a brotar agua de su ser y vuelve al otro mundo, al de siempre. Por lo visto el “diluvio” era tan fuerte que se estaba inundando todo y tenían que cogerle sí o sí. Es en ese momento, cuando Kevin vuelve a resucitar de nuevo, le cuenta a John y Grace las conversaciones con sus hijos, y aunque ninguna de ellas fueran lo esperado las aceptan sin dudarlo. Algo que no creo que pase con los pocos seguidores de la serie dentro de unos días cuando esta obra nos ofrezca su desenlace. Si el capítulo comenzaba con un momento íntimo y cariñoso entre Nora y Kevin en una bañera, luego el contraste es aún mayor cuando Kevin Padre e Hijo protagonizan una de las escenas más desasosegantes de toda la serie también con una bañera de por medio. Pero había que hacerlo, era necesario para volver. Y así es como Kevin Padre ahoga a su hijo hasta morir; hasta convertirlo de nuevo en presidente.

Antes decía que el capítulo destacaba por su tonalidad cómica a lo largo de las secuencias, y es que a pesar de ser un episodio tan introspectivo y doloroso para un personaje tan traumado como Kevin, no han querido dejar de lado el característico sentido del humor de Lindelof y compañía; de hecho tiene sentido que hayan querido forzarlo incluso más por eso mismo. Ya solo la incertidumbre ante las situaciones que se le plantean a Kevin y todas las sorpresas que va descubriendo poco a poco me parecen bastante graciosas. Cosas como las tres pruebas de identificación para entrar en el bunker, lo de los niveles de DEFCON e incluso que contemos de nuevo con un personaje tan querido odiado por los seguidores de The Leftovers como Patti Levin (ejerciendo de secretaria de defensa), que siempre aporta ese humor tan ácido suyo, pues ayuda mucho a que el capítulo respire de tanta intensidad emocional.

Es ya con Patti cuando se descubre el pastel y nos damos cuenta de todo lo que está pasando allí. El plan es desencadenar una serie de sucesos que desemboquen en la destrucción de ese mundo. No sin antes enseñarnos quién es la vicepresidenta de este gobierno: Meg. Aunque previo a llegar al clímax consigue hablar con Sunday, que aquí ejerce de primer ministro de Australia. Y éste le plantea una serie de cuestiones que abren la puerta a lo que va a venir después. ¿Cree Kevin que su padre, aprendiéndose una canción, va a impedir el supuesto diluvio? Es más, ¿va a acabar este diluvio con el mundo? Pero la más importante es que, si no cree en nada de esto, ¿por qué se deja matar? ¿Por qué está ahí otra vez? Y esa es la pregunta, la gran pregunta. Para expresar la dualidad interna de Kevin, se las han ingeniado para crear esta trama doble con gemelos idénticos que culmina en la secuencia en la que por fin ambos se ven las caras mutuamente. Patti enseña que en esta ¿realidad? existe un Libro de Kevin. Pero no protagonizado por él, sino escrito por él. Y no es nada bíblico: es una novela romántica.

Resulta un destrozo emocional cuando se empieza a leer un fragmento del final de esta obra ficticia, en el que ambos Kevin comienzan su proceso de anagnórisis, que termina con la identidad del Kevin Presidente acabando con sus propias manos con la identidad del Kevin Asesino Internacional a ritmo del God Only Knows de los Beach Boys, en una escena algo más sangrienta de lo que estamos acostumbrados en esta serie. Sin duda va a ser uno de los momentos que para bien o para mal más se me van a quedar clavados en la cabeza de esta temporada. ¿Y cuál era la revelación de todo esto? Ese “La cagamos con Nora” resume muchas cosas. Y es que de eso iba realmente todo esto. Esta dualidad y juego de espejos constante en este capítulo no paraba de reflejar las dos posiciones que se enfrentan entre sí dentro de Kevin: su amor hacia Nora frente al miedo mismo de amar. Y por culpa de la segunda ha mandado todo a la mierda, por ello no ha parado de suicidarse y volver a ese mundo. Pero está decidido a no volver más, ya no. Ahora ha matado a su pasado (International Assassin) y con su nuevo yo (Presidente) ha destruido todo este mundo. Ya no tiene vía de escape, ahora tiene que enfrentarse al mundo real afrontando todas las consecuencias y dejar de huir de lo que realmente le hace feliz. Pero no lo sé, nadie lo sabe. Queda solo un capítulo de esta, mi serie favorita, y cualquier cosa podría pasar. Como bien concluye Kevin Padre: “¿Y ahora qué?”.

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