American Vandal: #WhoDrewTheDicks?

En los últimos años está habiendo un auge en la popularidad de los largometrajes y las miniseries documentales denominados “true crime”, los cuales giran alrededor de crímenes mediáticos que pueden o no haber quedado sin resolver. Para que os hagáis una idea inicial, más o menos son esos de Crímenes imperfectos que emitían por las mañanas en La Sexta. Si buscamos ejemplos recientes de títulos de este estilo podemos encontrarnos con Amanda Knox (íd., 2016), Casting JonBenét (íd., 2017), Making a Murderer y The Keepers por parte de Netflix, Beyond the Slenderman (íd., 2016) y The Jinx de la mano de HBO, Muerte en León en Movistar+ o el ganador del Oscar a Mejor Documental O.J. Made in America, que produjo la ESPN. El género está de moda, de eso no hay duda, y aprovechando esta coyuntura, el gigante del streaming capitaneado por Ted Sarandos ha estrenado recientemente American Vandal.

Esta serie documental gira alrededor de un crimen aparentemente resuelto y los intentos por parte de los documentalistas de demostrar la inocencia del presunto culpable, y en el caso de que este lo sea, encontrar al verdadero responsable. Lo gracioso del asunto es el crimen en cuestión: 27 coches de profesores y trabajadores de un instituto han sido vandalizados con dibujos de penes hechos con graffiti. Para la institución, el culpable es Dylan Maxwell, el bufón de clase que constantemente está gastando bromas al resto de estudiantes y al profesorado, pero la poca fuerza de las pruebas que hay contra él apunta a que no ha sido más que la cabeza de turco, algo que dos estudiantes están dispuestos a investigar a través del documental que constituye la serie.

Sé que suena ridículo que alguien haya podido hacer una serie así y muchos pensaréis que con esa premisa debe ser una chorrada, pero desde mi punto de vista American Vandal es de los mejores estrenos televisivos del año a falta de tres meses para que finalice 2017. El documental se toma en totalmente serio a sí mismo, como si el crimen cometido fuese un secuestro, un robo o un asesinato, y es algo que acaba siendo imprescindible para involucrarte en la historia y para funcionar como la sátira y homenaje al subgénero, que es lo que pretende ser. Para ello utiliza todos los códigos reconocibles dentro de este tipo de documentales, ya sean testimonios, reconstrucciones 3D de determinados hechos, infografías o infinidad de soportes audiovisuales como pueden ser fotos, videos y audios provenientes de múltiples redes sociales que hacen la función de pruebas materiales. La cantidad de detalles que Tony Yacenda, Dan Perrault y Dan Lagana consiguen recrear para que la investigación sea extremadamente convincente es espectacular. Pero lo es aún más que logren cautivar al espectador hasta el punto de que pasas de ver la serie por la parodia a verla para resolver el maldito crimen. La intriga no hace más que ir en aumento a medida que avanzan los ocho episodios que forman la primera —¿y única?— temporada de la serie y los creadores no paran de sorprender con todos los giros que toma la investigación. Además, concebida como comedia, los responsables American Vandal no tienen la intención de crear gags de manera directa para provocar la risa del espectador en momentos concretos, más bien el hecho de aplicar los recursos del formato a esta historia en concreto es lo que consigue generar resultados bastante cómicos, gracias a esa mezcla de seriedad formal y absurdez de la trama.

Aunque lo más interesante de esta ficción es la manera en que el lado satírico se convierte en una mera excusa para hablar de infinidad de temas, tanto sociales como específicos de la época juvenil. Con un énfasis marcado en el bromista Dylan, la temática central con la que se desarrolla la historia son los prejuicios a la hora de valorar a las personas. Se muestra cómo las ideas que la gente tiene de otra persona pueden tener efectos muy negativos cuando hay que buscar el culpable de un crimen o durante el desarrollo personal que se produce en la adolescencia, ya que las opiniones del entorno condicionan la propia visión del individuo. Pero lejos de centrarse solo en eso, a través de toda la comunidad del Hanover High School también se exploran otras facetas y conflictos de la vida adolescente: amoríos, celos, mentiras, secretos, reputación, superficialidad, inseguridades… Si eliminas las peculiaridades del formato perfectamente podrías estar ante una comedia o dramedia propia de la MTV, pero una con muchos personajes juveniles que están tan bien escritos y definidos que constituyen un retrato generacional muy acertado.

Más allá de Dylan, el otro personaje que destaca por encima del resto en este documental es su —falso— responsable, Peter Maldonado, ya que en él se condensan los conflictos morales que hay detrás de los documentalistas a la hora de investigar un suceso en busca de la verdad, especialmente cuando no se tienen en cuenta los daños colaterales producidos en vidas ajenas. También se trata cómo la mirada subjetiva siempre impregna la forma de contar los hechos y las conclusiones a la que llegan, ya sea por las ideas preconcebidas o por la mentalidad de la persona —en este caso un adolescente—. Incluso hay hueco para explorar la viralidad a la que pueden llegar este tipo de contenido audiovisual en las redes sociales y el efecto de retroalimentación que la recepción o las opiniones de los seguidores pueden tener sobre la propia realización del documental y la investigación en curso. En esos momentos mi cabeza no podía empezar a pensar qué hubiese pasado a nivel de comentario social si, en vez de lanzarse en una sola tanda, American Vandal se hubiese emitido semanalmente, aunque también es posible que ninguna otra cadena hubiese dado luz verde a un proyecto tan especial. Porque sí, Trial & Error también pretende ser una parodia del subgénero, pero los códigos que usa, muy propios del mockumentary, son más convencionales.

No esperaba absolutamente nada de ella, de ahí que, con todas las virtudes que os he explicado, American Vandal se haya convertido en la mayor sorpresa de lo que llevamos de año. Un ejercicio mastodóntico de planificación narrativa cuyas piezas encajan a la perfección para, a través de una sátira del “true crime”, construir una representación modélica del universo adolescente que reside en los institutos americanos y hablar de la problemática con las ideas preconcebidas que asociamos a los demás. Espero que podáis atravesar la inevitable muralla invisible de su absurdo planteamiento y le déis una oportunidad, porque merece mucho la pene.

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