Better Call Saul y el nuevo sendero

El cadáver de Breaking Bad todavía estaba caliente cuando se empezó a rumorear la posibilidad de que la cadena AMC, bastante necesitada de series de cabecera (y más ahora que la despedida de Mad Men ha comenzado), realizara un spin-off de la obra de Vince Gilligan centrándose en la figura del carismático abogado Saul Goodman. No tardó mucho en confirmarse, con datos relevantes como que tendría formato de serie dramática, con sus cuarenta y cinco minutos bien puestos, y que contaría con varios personajes de vuelta. Tras visionar los diez capítulos que han formado esta primera temporada, he aquí lo que me ha parecido Better Call Saul.

Que esta precuela iba a ser comparada desde la primera secuencia con Breaking Bad era algo prácticamente inevitable. Es la consecuencia lógica de suceder a una serie como la protagonizada por Walter White, con un impacto tan relevante y un seguimiento masivo en su última temporada. Y el miedo, o las dudas, hacia este spin-off venían principalmente del desconocimiento de si iba a mantener el mismo tono o se iba a alejar de lo anteriormente visto con tal de darle un aire más ligero, o diferente. Ya avisó el propio Vince Gilligan que tuviéramos cuidado con las expectativas, que Better Call Saul no era Breaking Bad y por lo tanto que aquella gente que esperara una sexta temporada de la misma y no una primera temporada de una serie diferente podría llevarse una gran decepción.

Y una vez acabada la temporada, las palabras del señor Gilligan me parecen muy sensatas y sinceras. Pues claro que Better Call Saul no es Breaking Bad, y lo mejor es que no necesita serlo para resultar una serie fantástica. Va por otro sendero, quizá paralelo, pero lo suficientemente alejado como para no equivocar al viajero y recordarle a cada paso por dónde camina. En un principio tenía miedo de que este spin-off se convirtiera en una especie de homenaje cutre con tal de no dejar que la llama del éxito se apagase, un conjunto de referencias sin personalidad a una serie mayor. Por suerte, el resultado no puede estar más alejado de ello. Los guiños a Breaking Bad son un elemento más con el que Vince Gilligan y Peter Gould juegan, en absoluto su motivo principal, y no condicionan el devenir de una trama absolutamente independiente.

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Las referencias y la aparición de algunos personajes conocidos de la marca provocan cierto sabor nostálgico; después de todo, nos encontramos en la misma ciudad, en el mismo ambiente, en la misma atmósfera. Sin embargo, y esta es una de las claves del tono de Better Call Saul, su protagonista es totalmente diferente. La evolución de Walter White fue fascinante, pero no tardó en dejar de ser ese tipo paleto que se nos presentaba en calzoncillos y sin mucha idea de lo que hacía en el capítulo piloto. En cambio, desde un principio sabemos cómo es Saul, le conocemos de partida. Su personalidad, su modo de hablar, incluso ese patetismo que pasea por las áridas calles de Albuquerque. Es un personaje que, tras superar las (maravillosas y muy trabajadas) capas dramáticas y trágicas, nos hace gracia. Y eso, evidentemente, condiciona el espíritu de toda la ficción. No quisiera decir con esto que Better Call Saul es una serie mucho más ligera que Breaking Bad, pues aunque lo es, está lejos de ser una comedia o un drama de medio pelo. Es su protagonista el que quizá nos hace mirarla con otros ojos.

Quizá es una invención mía, y seguramente lo sea, pero veo sencillo dividir a esta primera temporada en tres partes bastante diferenciadas aunque muy bien unidas entre sí. La primera, formada por los cinco primeros capítulos, nos presenta a Saul, empieza a desarrollarle y a mostrar los ambientes en los que se va a mover, e incluso le vemos llevar a cabo su primer caso importante (a pesar de que se ve involucrado “de aquella manera”). La segunda parte está curiosamente formada por un solo episodio, el sexto, protagonizado de principio a final por ese fascinante personaje de nombre Mike Ehrmantraut . Es una pequeña joya independiente que bien podría haber salido de la propia Breaking Bad. Y la tercera y última parte comprende los cuatro capítulos finales, en los que vemos a Saul ganar importancia gracias a diferentes factores que no voy a comentar por el ánimo de no hacer spoilers, y a Mike convirtiéndose me atrevería a decir en el co-protagonista de la serie. Un último fragmento orientado al futuro, de cara a una segunda temporada ya confirmada.

En conjunto me ha parecido una temporada fantástica. Better Call Saul es una serie con personalidad propia, que sin olvidar su origen construye su propio camino y no necesita de terceros para funcionar a la perfección. Quizá no haya sido tan redonda como las temporadas de Breaking Bad (desde la tercera), y ha tenido momentos mejorables con personajes a los que les ha costado un poco ganar interés (el hermano de Saul, cuya condición llegaba a hacerse incluso pesada), pero en general me resulta un debut genial, cuidado en todos sus apartados, con un reparto que cumple (brillante Bob Odenkirk) y, sobre todo, muy prometedor de cara a un futuro que ojalá la coloque en el mismo nivel de calidad que su hermana mayor. No van mal.

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