Big Little Lies, una serie necesaria

Este artículo NO contiene spoilers de la serie.

Qué agradable es encontrarse de vez en cuando con una serie que te sorprende a tantos niveles como lo ha hecho, en mi caso, Big Little Lies. Era una de las mayores apuestas de la HBO para esta primera mitad del año, principalmente por contar con un reparto que habría resultado impensable hace una década: Nicole Kidman, Reese Witherspoon, Shailene Woodley o Laura Dern son algunos de los nombres que protagonizan esta historia de mujeres que, viviendo en una zona aparentemente idílica, están pasando por momentos personales muy conflictivos y cuyo apoyo entre ellas les hará enfrentarse a sus problemas. También llama la atención que sea un mismo director, y de bastante renombre al ser uno de los realizadores canadienses más consolidados en Hollywood como es Jean-Marc Vallée, el que se encargue de todos los capítulos, lo que ya de primeras prometía una consonancia entre todas las partes.

Como he empezado diciendo, Big Little Lies ha sido una serie que me ha sorprendido, principalmente porque no esperaba mucho de ella. La empecé atraído por el genial reparto y por el hecho de que la temporada iba a estar compuesta por siete capítulos, además de que la HBO, a pesar de alguna metedura de pata, me parece una cadena que apuesta por ficciones interesantes; con grandes nombres que la hacen jugar casi sobre seguro en algunas ocasiones, sí, pero tienen buen ojo para los guiones que tratan temas adultos de una forma madura. Sin embargo, mientras otra de sus apuestas más sonadas de este 2017, Taboo, desarrollaba sus temas con la más total seriedad, hasta un punto en el que se hacía un poquito pesada (siendo una buena serie, apunto), en Big Little Lies nos encontramos algo totalmente diferente y que, creo yo, resulta mucho más estimulante: el tratamiento de temas muy pochos e importantes, pero sin dejar que se quede fuera la luz ocasional que aporta una vida como la que llevan. En más de una ocasión me he encontrado riendo ante lo marciano de alguna situación o un comentario concreto de, sobre todo, el personaje de Witherspoon, lo cual hace que la serie sea automáticamente más ligera. Que no sencilla, ojo.

Porque otra cosa no, pero de complejidad Big Little Lies va sobrada. Se tratan muchos temas aquí, y casi todos tienen un desarrollo notable: desde la violencia doméstica hasta las violaciones, pasando por los cuernos o el bullying. No se puede entrar muy en detalle sin destripar más de la cuenta, así que diré que en especial me alegra que se haya tratado algo tan delicado como las mujeres maltratadas que no quieren dejar a su marido de una forma tan cercana y desoladora; quizá con algún fuego de artificio de más, como consecuencia de un montaje que se entrega sin problemas a las narraciones paralelas y a poner temazos de fondo, pero sin caer en la pornografía emocional o en la banalización de un tema tan duro. Que el resultado acabe en buen puerto se debe, además de unos guiones muy trabajos que, sin ser redondos, siempre acaban dando con la tecla, a contar con unas actrices tan espectaculares como las que tenemos aquí. A la primera que hay que destacar, cómo no, es a una Nicole Kidman que parece estar disfrutando de un regreso por todo lo alto a las pantallas (grandes y pequeñas), y que realiza aquí un trabajo sobresaliente, sobre todo en la segunda mitad de la serie. Tengo prácticamente los mismos alagos para Reese Witherspoon y Shailene Woodley, ambas están fantásticas y se nota que disfrutan con unos personajes tan complejos (algo que seguramente no encuentren en el cine, pero ese es otro debate para otro artículo). Y el reparto se completa con caras conocidas que realizan un trabajo más que notable, como Laura Dern, Alexander Skarsgård, Adam Scott o Zoë Kravitz.

Quizá lo mejor que se puede decir de Big Little Lies es que es una serie de la que se va a hablar durante mucho tiempo. En un panorama televisivo como el que tenemos, con tantas propuestas de una calidad excelente, es difícil ganarse un hueco, sobre todo para una ficción nueva y que seguramente no tenga una segunda temporada (en mi caso prefiero que no), y esta serie lo ha conseguido. ¿Cómo? Tratando temas tan delicados de una forma tan cuidada y estimulante. Es una serie de mujeres absolutamente necesaria. No es perfecta en cuanto a forma, con ese montaje que a veces hace más malabarismos de los necesarios, ni en cuanto a estructura, con alguna subtrama que no acaba de rematar, pero son pequeños peros en un enorme mar de aciertos. En estos meses vendrán más series, seguramente algunas nos gusten más, pero Big Little Lies seguirá estando ahí, en la conversación. Y cuánto me alegro de que sea así.

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