BoJack Horseman: Menuda depresión de caballo

Advertencia: Este artículo contiene spoilers de la tercera temporada de BoJack Horseman. Si aún no has visto la temporada es mejor que no leas el artículo. Y si aún no has visto BoJack Horseman, ¿a qué demonios estás esperando?

El pasado 22 de julio volvió a Netflix BoJack Horseman, una de las series más importantes dentro de su lista de producciones originales. Ya anteriormente hemos mencionado en esta misma web las características que hacen de la serie creada por Raphael Bob-Waksberg una obra de ficción única que ha sabido reflejar el descenso a los infiernos de alguien asfixiado por los vicios y excesos de nuestra sociedad postmoderna. Esta tercera entrega de episodios, en cualquier caso, sólo ha servido para extender el alcance de la serie, y ha servido para examinar temas de profundo calado como el aborto, la depresión y los espacios seguros para las mujeres, consolidándose en el camino como una de las producciones más interesantes y mejor construidas del momento.

La comedia visual, las referencias, los gags, juegos de palabras y cameos siguen ahí ─aunque hemos pasado de Quentin Tarantulino a David Pincher─, pero en esta tercera temporada, la serie empieza a sentirse cada vez más como un universo propio, alimentado por las propias acciones de sus personajes y, sobre todo, por el pasado de los mismos. Aunque es cierto que BoJack (Will Arnett) es un personaje que pone sobre la mesa la cara más tóxica de la nostalgia, también es significativo prestarle atención a lo que suele omitir de sus experiencias anteriores al contexto de la serie. Conocemos Horsin’ Around y ciertos episodios de la juventud y niñez de nuestro querido y deprimido caballo protagonista, pero aún hay un gran vacío en la línea de eventos que llevaron a BoJack a contratar a Diane (Alison Briecomo escritora fantasma con la intención de publicar su autobiografía. Es por eso que en esta ocasión un viaje a 2007 nos pondrá en contexto cosas como el inicio de la relación entre Princess Carolyn (Amy Sedaris) y nuestro caballo favorito, además de explorar los esfuerzos que este hace para desprenderse de aquel tan famoso show de los noventa, llegando a sabotearse a sí mismo. Classic BoJack. Asimismo, este flashback ─en el que no se puede perder ojo a ninguna referencia (en BoJack Horseman importa todo)─ pondrá el foco sobre Todd (Aaron Paul), alejándolo de su posición como pintoresco personaje secundario para plantar las semillas de algo más relevante, que aquellos preocupados por la acertada representación de colectivos invisibilizados, sin duda, agradecerán.

Aparte de todo esto, BoJack Horseman es una de las series actuales que mejor maneja el humor para potenciar los elementos dramáticos que presenta. Un buen ejemplo de ello se encuentra en la secuencia final de Best Thing That Ever Happened (3×09) ─quizás el primer ‘bottle episode’ de la serie─, en la que BoJack y Carolyn discuten sobre el estado de su relación, tanto personal como profesional, y se ven interrumpidos por otro personaje de forma humorística, de modo que cuando la interrupción termina, la discusión anterior regresa al espectador al aspecto más real y duro de la serie, en una sola frase y con una facilidad insultante. Fish Out of Water (3×04), de igual manera, aprovecha sus limitaciones para construir con una gran economía del diálogo un episodio que fácilmente podría convertirse en un clásico, y en el que se balancea increíblemente bien el humor más ligero con el drama más serio.

Teniendo eso en cuenta, cabe decir que los asuntos serios tratados en esta producción, lejos de estar aislados de la realidad actual, han sabido ser incorporados en el propio desarrollo de sus personajes y en historias que, a falta de un adjetivo mejor, son necesarias. Así, si bien esta serie ya ha abarcado el tema de la soledad y alienación que se experimenta en una sociedad en la que todos nos hemos visto convertidos en intérpretes que deben entretener a una audiencia, es en esta temporada donde se da el salto a problemas sociales y políticos de alto calibre. Sí, shit gets real. De hecho, esta podría ser una reseña de la temporada sin ningún tipo de spoiler, pero al tratarse de temas tan destacados deben ser explicados con el mayor detalle posible y siendo todo lo específico que se pueda ser. Me refiero, por supuesto, al tema del aborto, abordado en Brrap Brrap Pew Pew (3×06).

En este caso hay muchas cosas a subrayar, pero quizás la más apreciable es que quien descubre estar embarazada y decide tener un aborto es uno de los personajes más importantes de la serie: Diane. Desde un primer momento, las personas a su alrededor —en especial Mr. Peanutbutter (Paul F. Tompkins), su pareja— respetan su decisión personal. Sin embargo, un error mientras maneja la cuenta de Twitter de la estrella de pop adolescente Sextina Aquafina (Aisha Tyler) provoca que Diane publique que dicha cantante es quien se hará un aborto. Sextina ve esto como un grave problema para su imagen, pero cambia de opinión al recibir mensajes de apoyo de otras figuras del espectáculo, decidiéndose por defender públicamente la posición política de la proderecho a decidir. Llegados a este punto, la serie se ha encargado de satirizar los mecanismos que tiene el poder establecido para culpabilizar y, especialmente, avergonzar a las mujeres que optan por abortar; por poner un ejemplo, un médico se ve “obligado por la ley” a decirle que con un mes de embarazo sus cachorros ya tienen color favorito (probablemente azul) y que, además, debe entregarle 20 horas de vídeos de perritos jugando. Si bien esto es exagerado ─así es la sátira, después de todo─, no se aleja del avergonzamiento real al que están sometidas las mujeres en estos casos. Igual de real es la representación que hace la serie del debate público que existe alrededor de este tema, en la que se excluyen las voces que deberían ser protagonistas de esta discusión: las mujeres.

Y si bien es cierto que en un inicio la decisión de Sextina de apoyar el movimiento obedece a razones que buscan mercantilizar el discurso político para obtener beneficios propios, ella misma termina convencida de que alguien tiene que liderar y ser la cara de posiciones como esta, sobre todo en el lugar tan privilegiado que ella ocupa. Su involucramiento en la discusión sobre aborto se ve expresada en el videoclip de una canción titulada ‘Get dat fetus, Kill dat fetus’. Como se puede intuir de una canción con ese título es superficial y vugar, pero gracias a una conversación entre Diane y una adolescente que también se va a realizar un aborto entendemos que la serie plantea otra cuestión muy valiosa: la responsabilidad social de escuchar a los jóvenes y dialogar con ellos. Esta chica dice en una sola frase que es consciente de que la canción de Sextina es una broma, pero reconoce al mismo tiempo ─ y lo que es más importante ¡sin vergüenza alguna!─ que Sextina la hace sentirse fuerte. Y por si esto fuera poco, el episodio concluye con un giro que aclara que alguien que puede sacar la cara por un el movimiento proelección también puede decidir tener un bebé. Todo con comedia, sátira, exageración, pero sobre todo con una responsabilidad y sensibilidad enormes. Todo mientras se construye personajes y relaciones de la manera correcta, sin descuidar ningún detalle; y ojo a los detalles, porque en esta serie importan todos. Todo mientras se puede volver con naturalidad a la historia principal, aquella de un caballo con depresión de caballo que sigue cayendo en picado, saboteándose a sí mismo, aún sin encontrar una forma de aliviar lo que está. Todo eso en una serie maravillosa que te puede mirar a los ojos en el momento más difícil para decirte que las cosas pueden hacerse más fáciles (y lo harán) incluso cuando parece que ya hemos tocado fondo.

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