Crazy Ex-Girlfriend: Diseccionando la mente de una ex-novia loca

Este artículo NO contiene spoilers de Crazy Ex-Girlfriend.

Tras unos años en el foso del olvido, estas últimas dos temporadas parece que The CW está resurgiendo de sus cenizas con más fuerza que nunca, tanto comercial como cualitativamente hablando. Cada vez son más las series que hacen subir las cifras de los audímetros, mueven a miles de personas en las redes sociales y, además, reciben la aclamación del público y la crítica. Como ejemplos tenemos a The Flash, que ha llevado a la cadena a ser segunda (o incluso primera) en su franja en algunas noches; The 100, que ha suscitado un enorme ruido en redes sociales (por motivos no muy positivos) pocas veces visto; y Jane the Virgin, que consigue multiples premios y nominaciones. En este último grupo cae Crazy Ex-Girlfriend, serie de la que os hablaré a continuación y cuya protagonista/co-creadora, Rachel Bloom, ganó el Globo de Oro a Mejor Actriz de Comedia (como ya hiciera Gina Rodríguez por Jane hace un año).

Crazy Ex-Girlfriend gira alrededor de Rebecca Bunch, una exitosa abogada que trabajaba en Nueva York ganando un pastón pero no se sentía nada feliz. Un día, tras llorar mucho, decidió mudarse a West Covina, California. Allí se encontró con nuevos amigos y una nueva carrera, pero además resulta ser el pueblo donde vive Josh, su primer amor, pero no, ese no es el motivo por el que está allí (sí, claro…).

Con estas palabras (aproximadamente) y una pegadiza melodía empieza cada capítulo de Crazy Ex-Girlfriend, una comedia de cuarenta minutos cuya peculiaridad más importante a primera vista es su carácter musical. Este punto es el que más me interesó cuando se presentó hace casi un año en los Upfronts y una de las muchas razones por la que no os la deberíais perder. El estilo de los diferentes números, tan variado como géneros musicales existen en el mundo, bebe mucho de los videos de YouTube por los que Bloom era conocida previamente. De hecho, es posible que hayáis visto algunos de ellos, como “Pictures of My Dick”, “Fuck Me, Ray Bradbury” o “I Steal Pets”. Con Crazy Ex-Girlfriend, lo que Rachel Bloom ha hecho es coger este tipo de canciones y aplicarlas de forma muy orgánica en la historia que surgió de la mente de Aline Brosh McKenna. Algunas de estas canciones sirven como modo de expresión de los personajes (dirigiéndose a ellos mismos o a sus semejantes), otras hacen más entretenida la trama, mientras que las más memorables posiblemente sean aquellas que cuentan con un mensaje satírico. Eso sí, la gran mayoría son ingeniosas y muy muy divertidas. Podría seguir hablando de las canciones, pero daría para un artículo entero (que escribiré próximamente).00

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La historia no es lo más original que se ha hecho nunca en televisión, pero cuando tienes buenas canciones, personajes y subtramas, poco importa. La columna vertebral de la serie es Rebecca, la ex-novia loca. Es excéntrica, carismática y dulce, pero está rota emocionalmente y es psicológicamente inestable, algo de lo que lleva tiempo autoengañada y, por suerte, se va dando cuenta a medida que van avanzando los episodios e intenta arreglar. Su trama principal son los intentos por integrarse en West Covina (¡Califooooorniiaaaaa!), ser feliz y, sobretodo, volver con Josh Chan (Vincent Rodríguez III), quien es, como ya hemos dicho, su primer amor. Él, el típico chico amable y feliz con su sencilla vida, recibe a su ex con entusiasmo, pero está saliendo con otra chica, Valencia, quien odia que Rebecca haya vuelto a la vida de su novio. Aún así, para volver con Josh, nuestra ex favorita cuenta con la ayuda de Paula (Donna Lynne Champlin), su nueva compañera de trabajo. Esta misión es la base de su amistad y le da un nuevo sentido a la apagada vida (así en general) de Paula. En la historia central también encontramos a Greg (Santino Fontana), a quien le gusta Rebecca y se establece como el tercer vértice del triángulo amoroso, o lo que es lo mismo, los guionistas diciendo vamos a separar a nuestros televidentes en #TeamJosh o #TeamGreg. Y como suele pasar, su sarcástica personalidad, ligero nihilismo y aparente inteligencia son rasgos diametralmente opuestos a los del otro interés amoroso de la prota. Ya en un segundo plano tenemos a su jefe en el nuevo bufete, Darryl (Pete Gardner), quien además protagoniza de una de las mejores subtramas de la serie; y Heather (Vella Lovell), su vecina universitaria que convenientemente para la serie estudia psicología, por lo que a veces ayuda a sacar punta a los rasgos psicológicos de Rebecca.

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Pero más allá de sus canciones, personajes o tramas, detrás de Crazy Ex-Girlfriend encontramos bastantes mensajes bastante importantes ante conductas dañinas en nuestra sociedad. El propio personaje de Rebecca, el cual sobre el papel podría parecer construido a base de tópicos machistas (y lo estaría de caer la historia en malas manos), no es más que una parodia hacia ellos y en numerosas ocasiones se demuestra el carácter feminista que Rachel y Aline le han dado a la serie, empezando por el capítulo piloto y “The Sexy Getting Ready Song”. Tampoco faltan los momentos en que la comedia se centra en la estética femenina, especialmente el físico de Rebecca/Rachel, quien se aleja de las protagonistas esqueléticas y sin complejo alguno luce sus kilos de forma sensual e hilarante (incluyendo una canción dedicada a sus enormes “Heavy Boobs”). Incluso las orientaciones sexuales “no hetero” son bienvenidas con toda normalidad. También las críticas a las faltas de respecto hacia ciertas culturas, o el amor más allá de las parejas sentimentales. Todos ellos son puntos que hacen sumar mucho valor a la serie.

Pese a ser la menos vista de The CW, Crazy Ex-Girlfriend ha sido renovada por una segunda temporada, posiblemente por lo mucho que ha gustado y los premios que Rachel Bloom se ha llevado encarnando a Rebecca Bunch. Los fans solo podemos agradecer a la cadena que podamos seguir disfrutando una temporada más de esta ingeniosa y melódicamente fresca comedia autoconsciente, cuya sátira social y de los tópicos a partir de una sencilla historia romántica, además del constante análisis psicológico que hace de su mentalmente irregular protagonista, la hacen ser mucho más que una simple “serie musical”.

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