Crisis in Six Scenes: Woody Allen y el formato episódico

Este artículo no contiene ningún spoiler de la serie.

Hace más de un año se anunció que Woody Allen, uno de los mejores directores y, sobre todo, guionistas de la historia del cine para el que escribe estas líneas, iba a dar el salto a la televisión para crear una serie en la que, en otra muestra de vitalidad, se encargaría de dirigir, escribir y protagonizar. Amazon se marcó el punto, en su ánimo por ir poco a poco ganando músculo competitivo contra una Netflix imbatible. Nos llegaban noticias a cuentagotas, las primeras no demasiado alentadoras (como las declaraciones del propio Woody en las que expresaba sus dudas a la hora de embarcarse en el proyecto, sin saber muy bien qué iba a hacer), las segundas tampoco demasiado ilusionantes (como el fichaje de Miley Cyrus para interpretar uno de los papeles principales), y las terceras… bueno, ahí voy: apenas hubo más. Anunciaron que se iba a titular Crisis in Six Scenes; que, como bien indica el título, constaría de seis capítulos, y de poco más de veinte minutos cada uno. Llegó el día, la serie se estrenó al completo en Amazon… y a nadie pareció importarle. O al menos nadie la comentaba. Luke Cage aterrizó el mismo día, ayudando a que la aventura (semi)televisiva de Allen se enterrara aún más debajo del ruido, pero… estamos hablando de una serie creada por uno de los grandes autores cinematográficos de todos los tiempos, debería haberse hablado más de ella, a no ser que…

…sea mala. A ver, vayamos poco a poco. Algunas de las críticas, sobre todo estadounidenses, la han puesto a parir, y son pocas las voces que dicen haber disfrutado con la nueva creación del genio neoyorquino. Tras haber podido ver los seis episodios que la forman, mi opinión se encuentra en una posición media: no me lo he pasado mal con ella, cuenta con factores interesantes, pero al mismo tiempo entiendo la decepción al venir de donde viene. Crisis in Six Scenes, primero, no es una serie; o sea, sí, lo es, tiene capítulos y cada uno termina con créditos, pero realmente es una película partida en mitades de una manera un tanto descarada. ¿Os acordáis de Top of the Lake, aquella miniserie protagonizada por Elisabeth Moss? En caso de que alguno la viera, supongo que recordará la forma nada orgánica en la que terminaba cada capítulo, dejando claro que aquello era un filme que se había tenido que adaptar al formato televisivo de una manera un tanto forzada. Aquí ocurre lo mismo, evidenciándose en la forma, a veces sonrojante, en la que Woody Allen intenta terminar cada fragmento en un momento relativamente “cliffhangeriano”, es decir, con una situación no resuelta; en ocasiones ni lo intenta, terminando en cualquier momento, pero a veces parece tener intención de utilizar una de las armas narrativas para interantes del formato, como es la fragmentación de la historia en diferentes partes contiguas, y fracasa en el intento. En Crisis in Six Scenes no hay una construcción episódica, no se utiliza la estructura dividia en capítulos para formar un discurso que se beneficie de esa división. Simple y llanamente la trama continua, animándote a que veas las seis entregas seguidas cual estreno del director en salas.

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Superado eso, ¿es una película “serializada” con la suficiente consistencia como para ser un producto interesante? A medias, como suele ocurrir con el cineasta últimamente. Por un lado, en el plano formal, tiene un acabado muy básico y casi denota vagancia, como si Allen no se hubiera querido esforzar más de lo necesario en utilizar los espacios en los que se mueve; que tampoco son muchos, pues apenas contamos una casa, algún bar y un puñado de exteriores. Se nota anticuada, como una serie de otro tiempo que se ve terriblemente envejecida al mirarse con otras ficciones actuales. Por suerte, tenemos al Woody guionista, que es la faceta con la que salva este guisado: creo que es absurdo discutir a estas alturas el genio que es escribiendo y la cantidad de frases memorables que es capaz de producir, y aquí vuelve a hacer magia con algunos diálogos y situaciones que solo se le podrían haber ocurrido a él. No es su libreto más inspirado, en absoluto, pero sí cuenta con la suficiente gracia e interés como para que sobrelleves con mejor sabor de boca los demás aspectos no tan positivos de la obra, como la mencionada forma o, se veía venir, una Miley Cyrus insoportable que siempre suena falsa e impostada.

Cuando ves Crisis in Six Scenes entiendes perfectamente por qué no hay nadie hablando de ella: es una serie que no aporta absolutamente nada al panorama televisivo actual, que no muestra al mejor Woody Allen y que acaba convirtiéndose, a pesar de atesorar suficientes motivos para verla en su guión, en una pequeña e insignificante anécdota. Y eso, tratándose de la incursión en este formato de alguien así, no puede catalogarse de otra forma que no sea de decepción. Más allá de eso, si os gusta el cine de este señor os la recomendaría; no efusivamente, pues bien he señalado más puntos negativos que positivos, pero aún así guarda detalles y destellos del genio que todos conocemos. Ya ha dicho que no volverá a hacer otra serie jamás; y bueno, quizá sea mejor así.

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