Dear White People: Queridos blanquitos, damos asco

Es desalentador ver el estado en el que se encuentra la sociedad a nivel moral en muchos sentidos. Sin embargo, ante todo tipo de amenazas al respeto por aquellos que son diferentes por raza, sexo u orientación sexual, una parte de la población está despertando y tomando consciencia de la intolerancia que impera en el mundo. Esta corriente, afortunadamente, está llegando el sector audiovisual con ficciones que abordan estos temas, aportando el punto de vista de la población oprimida mientras intentan mandar un mensaje a favor de la diversidad. Sweet/Vicious es un ejemplo claro, abordando la problemática que hay alrededor de las violaciones a consecuencia dela cosificación y superioridad interiorizada del hombre sobre la mujer, mientras que Sense8 da una importante visibilidad al colectivo LGBTI+. Cada vez son más los productos audiovisuales encargados de denunciar el racismo sistemático —algunos de ellos reseñados en esta web: Déjame salir (Get Out, 2017), I Am Not Your Negro (íd., 2016) o Atlanta—, pero uno de los más directos entre los estrenados recientemente es la dramedia Dear White People, una suerte de adaptación televisiva para Netflix de la película homónima creada por el director/guionista Justin Simien.

Dear White People sigue a un grupo de estudiantes de raza negra que habitan en la Residencia Armstrong-Parker de la ficticia y reputada Universidad de Winchester, cuyo alumnado está formado predominantemente por blancos y donde una revista elitista llamada Pastiche celebra una fiesta blackface —denominación para cuando los blancos se pintan de negros—, desatando así una gran polémica alrededor del racismo imperante en el campus. La serie coge los mismos personajes, algunos incluso interpretados por los mismos actores, y toma como punto de partida el clímax de la película con el objetivo de explorar con más profundidad todo aquél mensaje que fue condensado en los cien minutos que duraba el filme. Y digo que es una suerte de adaptación porque a partir de todos esos elementos se acaba desarrollando una narrativa completamente propia, aplicando toda un abanico de cambios para hacer que ambas visiones del conflicto racial en Winchester sean complementarias tanto en lo relacionado con el mensaje como con el desarrollo de la historia.

La primera vez que vi Dear White People (íd., 2014) fue hace un par de años y no me llamó demasiado la atención, pareciéndome una comedia simpática y poco más. Desde entonces he adquirido una cierta educación —gracias a Twitter y otras obras audiovisuales— sobre racismo, minorías y privilegios inherentes a mi condición de hombre blanco, haciendo que el revisionado fuese revelador ante la potencia de la carga de crítica que contiene la cinta, la cantidad de palos que tocan dentro de una cuestión aparentemente simple y cómo desde el ecosistema universitario se construye una representación generalizada de la situación en los EEUU. La contundencia del mensaje se mantiene o incluso aumenta en su traspaso a la pequeña pantalla, mientras que las historias personales que empañaban ligeramente el conjunto de la película se ven corregidas al poder expandir el tratamiento tanto del trasfondo como de las relaciones entre personajes, todo ello gracias a la extensión temporal propia del medio televisivo y, sobretodo, a la estructura narrativa escogida por Simien. Cada episodio está contado desde la perspectiva de un personaje en concreto, tanto en el presente como a través de flashbacks, con algunos de los eventos centrales —especialmente en los primeros episodios— solapándose entre ellos pero desde diferentes visiones.

El cambio episódico del punto de vista no es un recurso muy novedoso en las series de televisión, pudiéndose ver en series como SkinsPerdidos o The Good Place por citar algunos ejemplos, pero en este caso el punto de vista influye temáticamente. Aquí entra en escena la construcción del grupo de personajes, todos ellos de lo más diversos, ya que dependiendo del estudiante en el que se enfoque el capítulo se aborda la situación racial desde un prisma determinado. Samantha White (Logan Browning) es la figura más crítica y revolucionaria de la universidad tanto en la calle como en su programa de radio Dear White People. Es la figura visible del movimiento contra las injusticias raciales, algo que la pone en conflicto con su vida privada. Su mano derecha es Reggie Green (Marque Richardson), quien vive el lado más oscuro y conflictivo de la problemática racial en un estremecedor episodio dirigido por Barry Jenkins. Su desarrollo psicológico es de vital importancia para mostrar las secuelas que pueden dejar ciertos eventos contra la raza negra. Como contrapunto claro al activismo encontramos a Colandrea “Coco” Conners (Antoinette Robertson). Superficial y obsesionada con el éxito, ella es consciente del racismo pero decide ceder en su comportamiento ante los blancos con tal de prosperar. Troy Fairbanks (Brandon P. Bell) también se encuentra en las esferas de poder, pero con su personaje se pretende representar las dificultades y los superlativos méritos requeridos para que alguien de color logre estar en la cima. Lionel Higgins (DeRon Horton) pone el toque de diversidad sexual desde su posición de estudiante común en busca de su lugar en la comunidad negra y periodista en busca de la verdad. Por último, Gabe Mitchell (John Patrick Amedori) es el único protagonista de raza blanca —si excluimos a los miembros de la revista Pastiche— y su perspectiva me parece de las más importantes para el público no afroamericano. Él se involucra en el movimiento social como aliado, en parte debido a su relación amorosa con Sam, pero al final del día sigue siendo un hombre blanco rodeado de negros que se quejan de otros blancos, lo cual condiciona lo que pueda decir o hacer dentro del movimiento —llegando a rozar el #NotAllWhite— y le hace propenso a cometer errores.

Pero no solo de comentario social vive esta serie, ya que más allá del mensaje encontramos con una dramedia adictiva cuyos episodios de treinta minutos de duración pasan volando. Con sus toques de ironía y autoconsciencia, Giancarlo Esposito se erige como uno de los mejores narradores televisivos recientes tras el de Jane the Virgin, mientras que los ingeniosos diálogos y situaciones combinan la sátira más punzante con constantes referencias culturales de todo tipo, desde el escritor James Baldwin a un parodia mamarracha de Scandal de la cual hay hasta visionados colectivos semana tras semana en Armstrong-Parker.

Desde luego es irónico que estallara una polémica entre internautas de raza blanca cuando después de que Netflix estrenara el trailer de la serie ésta fuera tildada de racista contra ellos, cuando fiestas irrespetuosas contra la raza negra como la mostrada aquí han sucedido a montones en la vida real. Reacciones de este tipo solo hacen más que demostrar la necesidad de este tipo de ficciones para educar moralmente a la población en pos de un futuro donde la opresión de las minorías sea totalmente exterminada. Dear White People pone la lupa en aquellos comportamientos problemáticos hacia la población afroamericana que se encuentran en muchos aspectos del día a día, y lo hace a la vez que entretiene y divierte como pocas series han conseguido conmigo este año. Desde aquí no puedo hacer más que recomendar encarecidamente que le deis una oportunidad, que apenas son diez episodios de media hora.

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