Fargo: de historias, casualidades y malas decisiones

Este artículo NO contiene ningún spoiler de la temporada.

Se dio la casualidad de que el año pasado se tomaron un descanso dos de las series que mayor impacto han tenido en los últimos tiempos, como son Fargo y The Leftovers. Ficciones diferentes que han tenido un papel importante en la reciente cultura televisiva, en sentidos distintos, y que decidieron, imagino que también por motivos variados, tomarse un descanso en 2016 de cara a volver con más fuerza en la temporada en la que nos encontramos. The Leftovers cumplió con las expectativas, regalándonos un maravilloso final que cerró con broche de oro la que para un servidor es sin duda una de las mejores obras audiovisuales del siglo; y poco después le tocó el turno a Fargo, que volvía con una tercera temporada repleta de nombres conocidos. Ewan McGregor por partida doble, Carrie Coon, Mary Elizabeth Winstead o David Thewlis eran algunos de los intérpretes de cabecera que se iban a sumergir en la serie creada por Noah Hawley y ambientada en el universo establecido por los hermanos Coen allá en 1996. ¿Ha estado a la altura de lo esperado? Es complicado.

Con el ánimo de no destripar nada y a sabiendas de lo retorcida que ha sido la trama de esta temporada, no voy a contar prácticamente nada del argumento que se nos ha narrado a lo largo de estos diez capítulos. Lo que sí se debe establecer es que, de nuevo, nos encontramos ante una historia en la que las casualidades y las malas decisiones son piedras capitales del desarrollo narrativo; ya lo eran en la película de los Coen, también las anteriores entregas de la serie, así que no podía ser menos aquí. Sin embargo, encuentro una clara diferencia que se va haciendo más patente a medida que avanzan los episodios: mientras que en las otras historias el punto de partida era un hecho terrible provocado por la mala suerte o el fallo estrepitoso de un plan y a partir de ahí se desarrollaban las consecuencias, en esta tercera temporada observamos que las casualidades no solo arrancan la trama, sino que la constituyen. Empezamos por un personaje que pierde un papel, se equivoca de persona por un mismo apellido y a partir de ahí desencadena una trama policial que, cual Puro vicio (Inherent Vice, 2014) o El sueño eterno (The Big Sleep, 1946), no parece tener pies ni cabeza; aunque en dichas obras el espectador está tan desibucado como el detective, mientras que en Fargo sabemos de primera mano todo lo que está sucediendo en relación con los desafortunados eventos que están ocurriendo. Durante las diez entregas la mala suerte y las coincidencias son el pan de cada día, llegando a un punto, en el tramo final, que alcanza la más pura comedia de una forma intencionada y otras veces accidental, ya que no das crédito a que los astros se estén aliniando de aquella manera. Es parte de la esencia de este universo, con personajes a los que a menudo les sobra inocencia y les faltan luces (especialmente los hermanos Stussy que interpreta un genial McGregor), solo que aquí se ha visto potenciado hasta niveles insospechados.

Otro factor que me ha llamado la atención es la forma en la que se introduce al villano principal de la temporada, V.M. Vargas, ese inquietante británico interpretado por David Thewlis que se planta en la empresa del hermano mayor de los Stussy, Emmit, con una carta de presentación que cambiará la vida de todos los implicados. Digo que me llama la atención porque es un hecho que ocurre antes de que empiece la temporada, es decir: el motivo por el que dicho personaje va a tener tanto poder desde un inicio recae en una decisión tomada hace un año por el socio Sy Feltz, que interpreta Michael Stuhlbarg, y por lo tanto el viaje se inicia en un callejón sin salida que empujará a la vida de Stussy y compañía hacia un abismo. Además, si luego lo vas mezclando con la tensión de Emmit con su hermano gemelo Ray, que está saliendo con una delicuente, Nikki Swango, brillantemente llevada a la pantalla por Mary Elizabeth Winstead, lo que te acaba saliendo es, hablando mal y pronto, un follón de narices. En medio de este torbellino de asesinatos que parecen inconexos y conspiraciones soterradas se encuentra Gloria Burgle, la policía que realiza una de las mejores actrices que trabajan actualmente, Carrie Coon, que me parece el personaje con el que el espectador conecta de forma directa, tanto por lo agradable que es como por la locura en la que se ha visto involucrada. Es cierto que nosotros conocemos las soluciones que ella anda buscando, y es por eso que deseamos con aún más fuerza que consiga resolver este caso imposible. Además, el capítulo que protagonizada (3×03) me parece uno de los más destacables de la temporada, especialmente por hacer incapié en lo que siempre ha sido Fargo: una historia. Inverosímil a veces e irónica a menudo. No es casualidad que a los míticos carteles falsos con los que siempre empieza, de “Esto es una historia real”, le hayan realizado un pequeño cambio: las letras van desapareciendo hasta que solo se lee la palabra “historia”.

Entonces, a la pregunta de si ha cumplido las expectativas mi respuesta es que sí. ¿Significa esto que ha sido una temporada redonda? No lo creo. Ha tenido momentos en los que los cimientos se han tambaleado más de lo recomendable, además de cierta precipitación a la hora de resolver todo en el último capítulo, pero aún así no puedo negar mi disfrute. He saboreado cada minuto y no me habría importando en absoluto que todavía quedaran otros diez episodios para así poder disfrutar más de ese universo. Diría que la primera temporada fue la redonda, la que sorprendió a la mayoría que pensaba que hacer una serie basada en la película de los Coen era todo menos una buena idea; la segunda dejó fuera a muchos espectadores, pero los que conseguimos entrar en ella la disfrutamos como una experiencia casi festiva; y la tercera, de la que he oído hablar menos que en otras ocasiones, me parece la valiente, la que no tiene complejos y se lanza de cabeza a una piscina en la que no sabe si hay agua. Y sí, la había. La estructura se podía haber ajustado un poco más, algunas escenas se podrían haber eliminado y quizá se ha mantenido muy en alto gracias especialmente a la fantástica labor de sus actores, sí; pero sigue siendo una muy buena temporada. Y además con Carrie Coon, que ya es suficiente motivo para verla.

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