Fear The Walking Dead: Teme a los spin-off vivientes

Es curioso. Cuando intento explicarle a alguien ajeno a este mundo seriéfilo el concepto spin-off no recurro a ninguna serie de habla inglesa, sino a una española. “Es como Aida, un personaje de una serie madre (7 vidas) del que se hace una serie aparte con personajes e historias totalmente nuevas”. No es un concepto novedoso. Angel, Frasier, JoeyTorchwood son ejemplos de distintos spin-off que se han hecho, algunos mejores y otros terriblemente malos. En la actualidad el número de “series derivadas” (como he encontrado que se traduce en España el término) ha incrementando notablemente. Como la mayoría de veces, solo se han llevado a cabo aquellas de personajes que han aparecido en series de éxito como Better Call Saul (de Breaking Bad) o The Flash (de Arrow), y en el cine se me ocurren las películas de Lobezno en solitario o la de los fatigosos Minions. Pero aquí hemos venido a hablar de zombis.

La exitosa y rompedora de records de audiencia The Walking Dead es la hija bonita de AMC. Para ser exactos es la última que queda en casa, los hermanos mayores ya se han independizado y algunos hasta tienen hijos. The Walking Dead aún es estudiante y saca malas notas pero no importa porque es animadora del equipo de baloncesto y la más popular del instituto. Resulta que una noche de fiesta se enrolla con un tío mayor que ella; nueve meses después se presenta en casa con un recién nacido. Este bebé es Fear The Walking Dead.

Fuera de metáforas, FTWD (como nombraré a partir de ahora a la serie en el artículo) es un  spin-off singular de The Walking Dead. Primero, se aleja de la norma de trasladar un secundario de la serie madre a hacerlo protagonista, aquí ningún personaje tiene relación con nadie de The Walking Dead, al menos que sepamos. Y segundo, el spin-off surge estando aún en emisión la serie de la que parte. En cuanto a la primera cuestión se puede definir como spin-off porque deriva del mismo universo, actuando de una especie de precuela de este, donde veremos el origen de todo el caos del virus y los muertos vivientes trasladando la acción a California en vez de a Georgia. La principal diferencia narrativa -obviando el hecho de que aquí vamos a ir viendo como se desarrolla todo- es que si en The Walking Dead tenemos a un grupo de extraños que se ha tenido que agrupar para sobrevivir, en FTWD tenemos a una familia establecida desde un principio que tiene que sobrellevar juntos como puede la proveniente anarquía. Esto me llamaba lo suficiente como para empezar a ver la serie, y al menos he tenido el valor de llegar hasta el final.

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La familia protagonista es la típica del siglo XXI. Una madre con sus dos hijos adolescentes tiene una pareja, y este a su vez tiene otro hijo, que vive con su exmujer. Los que más se lucen, tanto como personajes y como actores, son Madison (la madre) y su hijo Nick, interpretados por Kim Dickens y Frank Dillane respectivamente. Este último parecía en un principio que iba a robar la función a todos con su extravagante papel que hasta llegué a escuchar comparaciones con Johnny Depp, pero no creo que sea un personaje que se te quede mucho en la memoria cuando pase un tiempo. Por cierto, es hijo de Stephen Dillane (sí, Stannis Baratheon). Hasta aquí el dato curioso de mierda.  El resto del reparto se encuentra entre lo correcto y lo telenovesco. Venimos de The Walking Dead, donde poner cara de intensidad es marca de la casa, y aquí no podían ser menos.

Técnicamente… bueno. Por lo general la dirección me resulta tosca y nada actual, aunque es cierto que tiene algunos destellos y atrevimientos que la salvan de una puesta en escena pobre. La fotografía tampoco se queda atrás, no pasa de lo básico. El color amarillento-anaranjado-ocre que predomina en cada plano seguro que tiene algún significado y un sentido que aún no he llegado a percibir, pero me cansa. El único momento donde he admirado la fotografía ha sido en la última escena de la temporada. Y todo esto me extraña porque si por algo creo que destaca The Walking Dead es por su factura técnica. Aunque claro, habría que ver las diferencias presupuestarias entre una y otra. La historia que quiere contarnos no atrae, es demasiado predecible y cuenta cosas que ya sabemos o intuimos. Y no, yo no buscaba tiros y zombis, pero tampoco esperaba encontrarme con una serie de drama familiar más cuyo trasfondo es el de que los muertos están levantándose. Muy pobre.

No recomendaría la serie. Con eso lo digo todo ya. Sí, me ha gustado más que los peores capítulos de The Walking Dead, pero he acabado cansado de ella y con menos ganas aún de continuar la serie madre. Y solo han sido seis capítulos. Estoy empezando a pensar la posibilidad de no continuar cuando se estrene la segunda temporada. Es de lo peor que he visto este año en el mundo televisivo, y juega en su contra que este 2015 está siendo un año verdaderamente satisfactorio para los seriéfilos. Esperemos que la animadora lleve condón para la próxima fiesta.

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