Galavant: Cuando una serie encuentra su identidad

Puede contener algún que otro spoiler, pero nada grave.

Hace apenas unos días terminó la segunda temporada del musical de ABC Galavant que tanto nos sorprendió a algunos —cuatro gatos, según las audiencias— a principios del año pasado. Y, aunque sorprendente, es cierto que la primera temporada no terminaba de funcionar del todo. Los números musicales sí que eran entretenidos, pero el humor no terminaba de funcionar. Parte de esto era causa de que la serie tenía el miedo de no triunfar y ser cancelada, por lo que —quizás— Dan Fogelman, creador y showrunner de la serie, sacrificó parte de todo lo que tenía pensado para ella y se restringió un poco a la hora de elaborar el estilo de la misma. Es muy interesante como la serie se vendía como la heredera de Los caballeros de la mesa cuadrada y sus locos seguidores (Monty Python and the Holy Grail, 1975), una referencia clara para todos los espectadores, cuando, a pesar de compartir ese acercamiento de lo meta y la sátira de lo medievo, no podrían ser obras más diferentes. Esto no es la primera vez que le pasa a Fogelman. Su anterior serie, ¡Vaya vecinos! —injustamente muy olvidada— también pecaba de esta auto-restricción.

Pero todo esto ha cambiado con su segunda temporada. Más que los Monty Python, yo diría —y salvando las distancias— que la referencia más cercana a Galavant es Community, otra comedia que se cohibía así misma en su primera temporada hasta que se entregó a su verdadera identidad. Así Galavant, en esta nueva temporada, ya sabiendo que no tiene nada que perder, se ha entregado a lo que realmente quería ser: una serie que escoge la metaficción como sello de identidad, en un sentido casi exagerado, tanto es así que a muchos echará para atrás. La serie ha abordado la meta-narrativa en más de un sentido. Primero el más obvio, el musical, con referencias a grandes y reconocidas obras del género como Les Miserables, West Side Story o Grease —esta última hasta con temática zombie—. El otro, también muy obvio, los cuentos de hadas, deconstruyendo todos los personajes clásicos y el manido viaje del héroe. Por último, pero no menos importante, el de la propia televisión. El primer número músical de esta nueva hornada de capítulos va sobre cómo han conseguido renovar por una segunda temporada en contra de todo pronóstico, y no todas las series tienen a un personaje spoileándote el final de la temporada en su primer capítulo.

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Con todo esto, la nueva temporada nos ha dado lo que nos prometió su primera temporada y más: Más estilos musicales parodiados —gracias, Alan Menken— e invitados en cada capítulo, con un villano genialmente interpretado por Robert Lindsey, una gran mezcla bastante cómica entre lo moderno y lo medieval, sobre todo gracias a la subversión de los roles en las historias de hadas. Y esto nos lleva al gran punto fuerte de la serie —y realmente el verdadero protagonista—. Con perdón de Galavant, quién realmente nos importa es el rey Richard. Quién empieza como el villano de la serie y se acaba volviendo el héroe de la historia, descubriendo su verdadera vocación al perderlo todo. Y es que, a pesar de ser una comedia —lo cuál nos hace verla instintivamente como algo menor—, la serie ha terminado yendo por un camino muy interesante y ciertamente oscuro. De hecho, cuánto más oscura se pone la temporada, más graciosa se vuelve. Y lo mejor es que, a pesar de que Richard es el personaje mejor trabajado, la serie consigue pulir a todos los personajes de igual manera, sobre todo a sus villanos —Gracias Madalena por existir—, humanizándolos y ciertamente transformándolos. Es muy interesante preguntarse dónde estaban los personajes cuando empezó la serie, y dónde están ahora.

En resumen, a pesar de que me mantuve bastante escéptico con una primera temporada que no terminaba de encontrar su identidad y que podía haber dado mucho más de sí, me entrego totalmente a esta segunda temporada que ha conseguido dotar a la serie de una personalidad propia. Ahora solo queda ver qué pasa con esa supuesta renovación. Pase lo que pase, sí que nos han dado una season finale bastante satisfactoria —mucho más que la anterior— y bien conducida, que en caso de cancelación, consagraría a la serie como una serie de culto.

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