House of Cards: La unión hace la fuerza

Este artículo NO contiene spoilers, ni de la cuarta temporada ni de las anteriores.

Hace no muchos años, Netflix decidió dejar de ser solo una página de vídeo por streaming y empezó a producir series propias. Una de las primeras fue House of Cards, que además contaba con una carta de presentación inmejorable: Kevin Spacey y Robin Wright como protagonistas, y David Fincher como productor, además de como director de los primeros episodios. Así pues, y tras una buena primera temporada que demostraba que allí había potencial pero que no acaba de explotar, House of Cards ha ido evolucionando temporada a temporada, de menos a más, convirtiéndose a cada paso en una de las ficciones más interesantes de la actualidad.

Y aquí estamos, en la cuarta temporada. Muchas cosas han ocurrido, y cada vez estamos más sumergidos en esas tramas de traiciones y puñaladas que se desarrollan en la Casa Blanca y alrededores. Una de las principales características de las series de Netflix, como muchos sabréis, es que ponen a disposición del usuario todos los capítulos al mismo tiempo, permitiendo —o animando— que el maratón sea una opción más que apetecible. Esta cuarta entrega, como ya hicieran las tres anteriores, invita y mucho a ello.

La principal diferencia de esta temporada es sustancial en cuanto a la estructura de la misma: han decidido quemar tramas más rápido, aun manteniendo algunas que duran los trece episodios y que crean un conjunto sólido y uniforme. Este nuevo ritmo (que quizá no es nuevo, porque las anteriores temporadas dieron señales de ello, pero aquí se acentúa) tiene aspectos positivos y negativos: en cuanto a los positivos, es apasionante ver cómo algunas tramas que parece que van a durar media temporada o más se las ventilan en uno o dos capítulos, haciendo prácticamente imposible que el aburrimiento haga acto de presencia; y negativos, porque provoca cierto desequilibrio al no ser todas tan interesantes, haciendo además que algunas subramas (y, por ello, algunos personajes, como Remy o incluso Doug) hayan tenido un arco algo más irregular. Esto no es muy acusado, pues se mueven en una historia mayor en la que juegan un papel importante, pero se nota una vez terminada la temporada. Por otro lado, han introducido personajes nuevos que funcionan muy bien, destacando a un Will Conway que consigue ser un digno y carismático adversario para Frank Underwood.

La evolución de House of Cards a lo largo de las temporadas ha permitido ver cómo se convertía en una serie más y más madura, que sabe qué quiere contar y, sobre todo, cómo quiere hacerlo. Les beneficia, cómo no, el tener a unos personajes más desarrollados, introduciendo esta vez nuevos detalles del pasado de los protagonistas al mismo siempre que (siempre, como los Underwood) tienen la vista puesta en el futuro. Sigue contando con algunas acciones y detalles mamarrachos, que casi suponen un salto de fe y que a veces la acercan más a Juego de tronos que a otras series políticas como El ala oeste de la Casa Blanca, pero saben cómo jugar con ellos de una forma muy inteligente; controlan los “oyoyoyoyoy” a la perfección.

Esta siempre ha sido una serie con una muy buena realización, y la cuarta temporada no podía ser menos: sigue igual de elegante e igual de sobria. Como también continúan siendo excelentes las interpretaciones, con unos Kevin Spacey y Robin Wright cada vez más soberbios, y rodeados por un cast en el que absolutamente nadie desentona. Michael Kelly, Jayne Atkinson (la actriz que más me encaja como política que he visto nunca), Derek Cecil, Paul Sparks (su personaje, Thomas Yates, ha tenido un arco muy interesante) o incorporaciones como Joel Kinnaman componen uno de los mejores repartos de la televisión americana.

Es posible que disfrutara más con la tercera temporada, que me enganchó de una forma insana, pero la cuarta entrega de House of Cards me ha parecido excelente y, en global, la mejor de lo que llevamos de serie. Quizá no es del todo redonda, pero sus puntos negativos se ven reducidos ante sus colosales aciertos. Consigue continuar la evolución de una serie que solo parece ir a más, y que la confirma (si es que no estaba confirmada ya) como una de las mejores ficciones que se pueden ver en la televisión.

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