Juego de tronos: El invierno ha llegado

Este artículo SÍ contiene spoilers de la 6º temporada de Juego de tronos.

La sexta temporada de Juego de tronos tenía el reto, y la excitante misión, de volar sin estar encadenada a los acontecimientos sucedidos en los libros. Hasta ahora, a pesar de las diferencias entre la obra original y la adaptación televisiva, el punto A y el punto B seguían siendo los mismos; el camino podría variar, pero las consecuencias estaban anunciadas para aquel que se hubiera sumergido en la pluma de George R.R. Martin con anterioridad. En esta nueva entrega, la cual no sabemos hasta qué punto se apoya en lo que el autor lleva escribiendo años en su casa, se presenta con la seguridad de que va a sorprender a todo el mundo: ahora no existen antecedentes y la sorpresa va a ser mayúscula para todos. También se presenta con las sensaciones que nos dejó la quinta temporada, que supuso en su conjunto un bajón respecto a las dos anteriores; un bajón dulce, porque no impidió que siguiera siendo una de las series más interesantes del año pasado, pero un bache en definitiva. Esta sexta tanda de capítulos se ha recuperado y ha vuelto a volar alto.

A estas alturas Juego de tronos es una serie difícil de abarcar sin caer en la, por otro lado interesante, consecución de análisis por tramas, discutiendo si cada una de las numerosas historias que pueblan el mundo ideado por Martin ha funcionado de forma óptima. Como señalar que ha sido una gran temporada deja claro que la mayoría de tramas lo han conseguido, me gustaría centrarme en las razones por las que la serie ha salido tan triunfal de esta ráfaga de episodios y por qué es el fenómeno (más que) televisivo de la actualidad.

Juego de tronos es una serie que se aprovecha de la variedad aportada por la cantidad de tramas que maneja, pero se ha demostrado que cuanto más centradas están en llegar a un solo punto más satisfactorias son. Por ello, a pesar de contar con historias esparcidas por Poniente y más allá (Khaleesi ha seguido a lo suyo, al igual que la búsqueda de una misma por parte de Arya), la temporada se ha centrado en dos puntos: Desembarco del Rey, con representantes de la fe volando demasiado cerca del sol y con una Cersei dispuesta a quemarlos (literalmente) a todos; y el norte, que finalmente nos ha dejado un noveno episodio previsible en su conclusión pero épico como pocos en su desarrollo. Juego de tronos sigue picando de muchos platos, pero en esta ocasión la mayoría han estado en mesas contiguas.

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Esta sexta temporada también ha funcionado como un tiro (o un espadazo) gracias a que han vuelto a saber jugar con la sorpresa, tal y como hicieron en la tercera y cuarta entrega. A estas alturas la muerte se ha devaluado quizá en exceso, resultando hasta más sorprendente que alguien sobreviva a que sea consumido por los gusanos, y aunque la gente no ha dejado de morir capítulo sí capítulo también, los guionistas nos han descolocado la mandíbula de otro modo, con golpes tan poderosos como el origen de Hodor, formando una de las secuencias más impactantes y tristes de toda la serie, o incluso la resurrección de Jon Nieve, algo que intuíamos por motivos externos a la ficción pero que, dentro de ella, supone otro giro espectacular. Y es que la serie de David Benioff y D.B. Weiss, honrando las intenciones del autor primogénito, se alza cada vez más orgullosa de ser un relato épico de fantasía; también hay política, claro, pero estos últimos sucesos nos guiñan el ojo prometiendo un tramo final (¿la séptima temporada, o tendremos una octava?) en el que los dragones, caminantes blancos y la magia en sí cobrarán un protagonismo definitivo.

Otra razón por la que esta temporada ha funcionado mejor que la anterior es que tenía un material más jugoso entre manos; mientras la quinta se quedó un poco corta y demasiado atada a un tramo en el libro no demasiado estimulante, en esta sexta han sabido llevarlo con eficacia, sin descuidar ninguna parte y formando un conjunto compacto. Es cierto que algunos personajes, como Sam, se han quedado apartados a poco más de un par de apariciones en toda la temporada, y otros, como Khaleesi, Tyrion o incluso Arya, han llegado a cansar debido a la repetición de sus conflictos (especialmente la primera, que por fin marcha hacia Poniente tras unos parones excesivos), pero en general todo ha funcionado tal y como debería. Incluso ha habido algunos revalorizados que han tenido un desarrollo muy interesante, como Sansa, madurando a la fuerza y tomando cartas en el asunto; Bran, permitiéndonos mediante sus poderes revisitar momentos del pasado en una suerte de flashbacks; o, en menor medida, Melisandre, con la incertidumbre de qué quiere el Dios al que tanto vanagloria.

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¿Y por qué una serie de fantasía, que en su origen parecía dirigida a un público muy concreto, se alza ante nosotros como un éxito tan masivo e indiscutible? Los motivos son variados, cómo no. Primero, el mundo tan rico que creó George R.R. Martin en sus novelas y que tan bien lo han plasmado en la pequeña pantalla, resultando un espacio fantásticos muy atractivo y sobre el que quieres profundizar. Segundo, los personajes, tanto a un nivel de carisma como la sensación de que prácticamente ninguno de ellos está a salvo, además de una moral a menudo gris que los hace más cercanos o, al menos, creíbles. Y tercero, la cada vez más impresionante apuesta visual de la serie, con una HBO que se está dejando sus buenos dineros en alcanzar una escala nunca antes vista en la ficción televisiva y capaz de atraer a los amantes de la más pura épica. Es una serie que tiene elementos para todos los gustos: desde la fantasía hasta la política, con personajes buenos, malos y grises…

Juego de tronos es esa serie que, después de una experiencia tan espectacular como el noveno capítulo de esta temporada, abre su décimo episodio con unos veinte minutos iniciales en los que el uso de la tensión, la música y la puesta en escena alcanzan unas cotas de calidad como pocas veces se han visto en los últimos años. Es una serie que sorprende, que te encandila, que te golpea y no se espera a que te levantes para volver a la carga. Esta sexta temporada, a pesar de las tramas que no han conseguido brillar, es de las entregas más redondas y memorables de la serie. Y eso, conociendo el nivel de la tercera y la cuarta, no es moco de pavo. O de lobo.

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