La primera cara de Vinyl

Este artículo NO contiene spoilers de la 1º temporada de Vinyl.

Martin Scorsese es un septuagenario que, como otros autores de edad considerable como Woody Allen, no parece querer de participar en proyectos, ya sea dirigiendo, produciendo o simplemente impulsando la marca gracias a la leyenda de su nombre. Una vez finalizada Boardwalk Empire, el director neoyorkino emprende, junto a Mick Jagger y Terence Winter, una nueva aventura en HBO de nombre Vinyl: una serie que nos traslada al mundo de la música en el Nueva York de los 70.

De lo que más se habló en un inicio es que sería el propio Scorsese el encargado de dirigir el primer capítulo de la temporada, que además supondría un piloto de unas dos largas horas de duración. La fuerza y el dinamismo del Scorsese que hemos podido ver en los últimos años en El lobo de Wall Street se dio cita en este arranque de la serie, que ponía las fichas sobre la mesa con una efectividad enorme y, como buen piloto, dejaba claro qué ficción teníamos delante: una en la que la música cuenta con una importancia capital. No solo porque la mayoría de los personajes principales, liderados por el carismático Richie Finestra, trabajen en una discográfica, sino porque en la propia ficción la música lidera la narración tanto desde el primer plano como desde uno secundario. Verdaderos temazos acompañan la mayoría de las escenas, pero también reclaman el total protagonismo en pequeños fragmentos que sitúan a actores interpretando algunas canciones y que, si bien en ocasiones podrían parecer gratuitos, le dan mucha fuerza a la serie, además de un toque único.

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Aunque Vinyl bien podría ser considerada una serie coral, no deja de ser cierto que el mencionado Richie Finestra ocupa un puesto lo suficientemente importante y cuantioso como para considerarle el protagonista. Asistimos a los malabares que su discográfica tiene que hacer para mantenerse a flote, pero también a su caída hacia los infiernos, a la lucha con sus propios compañeros, con la policía y con su familia. Es alguien autodestructivo, sumergido hasta el fondo en ese mundo de descontrol, drogas y rock’n’roll, pero también con un privilegiado oído que le permite descubrir el talento en bandas casi callejeras; así es como llegará a los Nasty Bits, grupo que ocupará gran parte de la trama. Y es que esa es otra: nos encontramos con un buen puñado de subtramas que, aunque acaban estando relacionadas con Richie en mayor o menor medida, poseen entidad propia y muchos minutos de desarrollo. Esto provoca, en lo personal, que la solidez de la serie se resienta un poco a partir de la segunda mitad de la temporada, pues no todas las subtramas me parecen estimulantes, a la vez que no todas las vivencias de Richie me atrapan. Su decadencia es interesante, pero también algo repetitiva en sus últimos compases.

Pero Vinyl aguanta de pie y con fuerza a pesar de su irregularidad gracias a la fuerza de la música y a la grandeza de muchas de las interpretaciones. Que la selección musical iba ser estupenda era algo previsible, pero no por ello se agradece menos: ya solo el deleite de escuchar, aunque sea de fondo, esas piezas musicales provoca que el visionado de Vinyl valga la pena. Momentos protagonizados por las voces de David Bowie, Janis Joplin y tantos otros que componen un panel de escándalo. Con no menos fuerza me he llevado las manos a la cabeza al ver algunas de las actuaciones de la temporada, destacando, cómo no, a un Bobby Cannavale desatado y que se encuentra, probablemente, no solo entre lo mejor que nos ha dado esta ficción sino entre lo mejor del año televisivo. Impresionante su capacidad para manejar el drama y la comedia, al igual que para ser muy intenso sin caer en el ridículo. No hay que desmerecer tampoco a intérpretes como Juno Temple, Olivia Wilde, Max Casella, Ray Romano y tantos otros que componen uno de los mejores cast que se van a poder ver esta temporada.

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Mi inconmensurable entusiasmo ante los primeros capítulos dejó paso a las dudas en los últimos, conformando en su totalidad una temporada que, aun con sus bajones, me ha parecido muy buena. Se nota, quizá, que no todos los guionistas de la serie son Terence Winter, encargado de escribir tres capítulos (los dos primeros y el último) en los que se nota que detrás está un maestro, sobre todo del diálogo. Vinyl no siempre brilla a esa altura, pero sabe jugar sus cartas y siempre mantiene un gran nivel: es un placer pasearse por esas calles setenteras de Nueva York, empaparse de esa música y emprender un viaje con personajes algunos memorables. Seguramente no era el éxito que HBO buscaba, pero sí otro producto de calidad que añadir a sus filas.

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