La séptima temporada de Juego de tronos: de oca en oca

Este artículo SÍ contiene spoilers de la temporada.

Siempre me ha gustado Juego de tronos. Los creadores de la ficción televisiva más comentada y masiva de los últimos tiempos supieron llevar a la pequeña pantalla ese enorme mundo que George R.R. Martin había creado en sus novelas. Y lo hicieron bien. Había aspectos mejorables, claro, pero la narrativa se notaba sólida, las escenas se sucedían con gracia e interés, los personajes eran complejos y llenos de grises, los giros eran realmente inesperados… Cada uno disfrutará más de una temporada que de otra, tendrá sus peros y demás consideraciones, pero de verdad creo que Juego de tronos es una buena serie de televisión. Después de ver los siete capítulos que han formado esta séptima entrega, no diré que retiro esa consideración, pero cuánto ha dolido ver arrastrarse de esta forma a una obra, ya libre de las ataduras literales, que se tambalea y no parece reconocerse así misma. La séptima temporada de Juego de tronos ha sido desastrosa, y he aquí los motivos por los que lo creo.

En la sexta entrega, D.B. Weiss y David Benioff se liberaron de las cadenas que les ataban a la obra literaria de Martin. No es que antes no hubieran realizado bastantes cambios respecto a los libros, pero el año pasado se encontraron en la situación de tener que avanzar más allá de ellos y labrarse su propio camino; un camino que, según se dice, tendrá puntos en común con lo que leeremos en las dos novelas que quedan por ser publicadas, pero que en absoluto será igual. A mí me gustó la sexta temporada. Tuvo tramas problemáticas y tramos reguleros, pero seguía viendo la magia que me enganchó en su día a esta serie y, además, remataron la faena con un noveno capítulo espectacular en lo visual y un décimo episodio espectacular en lo dramático. Parecía que el haberse liberado de los libros era toda una buena noticia. Sin embargo, ha llegado la séptima para demostrarnos que más bien ha sido todo lo contrario. Sin la mano guiadora de Martin, que les habrá dado indicaciones de por dónde cree que va a escribir la historia pero en absoluto una trama cerrada, los guionistas se han visto totalmente perdidos y sin un plan. Donde antes encontrábamos escenas llenas de tensión y diálogos brillantes, ahora chocamos con momentos planos repletos de frases reiterativas que nos escupen la información de una forma de todo menos elegante. Pero no ha sido la escritura en términos hablados lo que más se ha diluido, sino principalmente la estructura de la temporada.

Cuando se anunció que esta season solo tendría siete capítulos, todos pensamos que iban a ir a muerte. Se acercaba la guerra entre los dos bandos (y  la gran guerra contra los caminantes blancos), y era hora de que los personajes se enfrentaran de una forma directa. Esto se ha cumplido, pero de la peor manera posible. Primero, es verdad que todo va mucho más rápido, lo cual tiene lógica dentro del momento dramático en el que se encuentra la serie, y sin embargo todo se nota mucho más pesado, más cansino y cansado, más fatigoso. Que pasen muchas cosas no significa que sean interesantes, y el colmo llega cuando todo lo que ha ocurrido, que parecía mucho, se acaba revelando en la resolución como un pequeño cambio que bien se podría haber narrado de otra manera (quitando todo el absurdo plan de secuestrar a un zombi, por ejemplo).

Segundo, que todo vaya de forma apresurada conlleva una absoluta violación de las reglas instauradas en las anteriores seis entregas (¡seis, por dios!) en relación a la amplitud del mundo. Esto me cabrea un montón. Vale que hace tiempo nos dijeron que no todas las tramas ocurrían de forma simultánea, lo que hacía verosímil que un personaje llegase a un lugar de forma relativamente rápida; simplemente había salido hacia allí antes de lo que nosotros pensábamos. Pero eso ya no vale; ¿por qué? ¡Porque ahora todas las tramas están convergiendo! Esa explicación ya no tiene valor. ¿Y de verdad afecta tanto a la serie como para criticarlo con tanta fuerza? Para mí, sí. Mirad la intro, por favor. Nos muestran un mundo enorme, que nos resulta mágico, lleno de misterios y sitios por explorar; y lo siguiente que hacen, episodio tras episodio, es acortar distancias de una manera ridícula y hacer que los personajes se desplacen como si jugaran a la oca. Si hacéis siete capítulos, queridos guionistas, comprobad que vuestra cronología y vuestra estructura tengan sentido y quepan en ellos. Que en el fondo es entendible lo de ir rápido, que tiene sentido, pero si estáis pasando apuros para contar todo en siete horas, ¿por qué meter tramas de relleno como la de Arya y Sansa? Que tiene una premisa estupenda, de verdad: una hermana dudando de la otra y vicerversa, una confrontación familiar con Meñique como el hombre que mueve los hilos… Pero si la vais a contar así, quitad unas cuantas escenas. Lo mismo podría decir de Sam y su hilo argumental que solo sirve para salvar a Jorah (de una forma muy barata y facilona) y para hacer la revelación final de que Jon es heredero al trono, algo que, por otro lado, se nos podía haber contado a través de Bran. Tramas innecesarias que se pisan y forman un conjunto vacío.

Y los problemas se agravan cuando te das cuenta de la cantidad de momentos ridículos que ha tenido la temporada. Me gustaría comentar mis dos favoritos (en el mal sentido), porque me tienen verdaderamente obsesionado. Ambos son del sexto capítulo. El primero es muy simple: matan a un caminante blanco y los demás zombis del grupo se mueren, cual androides de La amenaza fantasma. Ya de por sí es bastante ridículo si tenemos en cuenta todo lo que nos han mostrado de estas criaturas en pasadas temporadas, pero la cosa empeora cuando nos damos cuenta de que todavía queda uno en pie. ¿Y eso? La única explicación es que, como necesitan secuestrar a uno, pues ahí lo tienen. Un regalo del guionista. Terrible. El segundo ocurre en el tramo final, la escena de los dragones contra los zombis. Una secuencia bastante esperada desde el principio de la serie, si lo pensamos, y resuelta, en un inicio, de manera efectiva. No te sale junto a la definición de épica si buscas la palabra en el diccionario, pero está bien. Lo bochornoso viene ahora: el rey de la noche se dispone a lanzar una especie de jabalina de hielo que, tememos, es capaz de ponerle fin a la vida de un dragón. Sin embargo, en vez de apuntar al dragón posado en el suelo, quieto y con un montón de personajes encima (entre ellos, la mismísima Daenerys), no, lanza su arma contra otro dragón que está volando a lo lejos y, efectivamente, cae muerto. ¡Pero por favor! ¡Qué sentido tiene! ¡Si el otro está en el suelo, y si le matas no solo acabas con muchos de tus enemigos, sino que consigues la criatura más poderosa de las tres para cuando lo revivas! Esto me pasa por buscarle lógica a una serie que la está perdiendo. Antes se esforzaban por que todo tuviera coherencia, incluso en los momentos más escurridizos; ahora van a lo fácil, a la resolución de guionista perezoso que quiere llegar al momento épico sin preguntarse si de verdad los trazos han compuesto el dibujo.

La temporada ha tenido algunas cosas buenas, claro. Alguna. La interpretación de Lena Headey, por ejemplo. El cuarto capítulo no está mal y la batalla cuenta con algo de emoción. Y el último episodio incluye algunas escenas, como la de Tyrion y Cersei, la de Brienne y el Perro o la ejecución de Meñique, que, aún con peros, me recordaron a la serie que fue y espero que vuelva a ser en los seis capítulos que quedan. Más allá de las bromas vertidas en twitter, muchas de ellas mejores que la propia serie, he de decir que me ha frustrado mucho esta temporada de Juego de tronos. Llegaba con emoción por ver cómo avanzaba una historia a la que he invertido bastantes horas (no solo en televisión, sino con las novelas), cómo se encontraban personajes como Daenerys y Jon, y el resultado ha sido del todo decepcionante. Me atrevería a decir que, del puñado de series que he visto este año, esta ha sido la peor. Que el dragón zombi haya derretido parte del Muro y que la gran guerra ya esté aquí me hace tener esperanzas en un final digno. No más viajes imposibles, no más diálogos tontos, no más escenas innecesarias. A ver si es posible.

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