La sólida tercera temporada de Better Call Saul

Este artículo no tiene spoilers de la temporada.

Better Call Saul es una de esas series con las que me da la sensación de que las sigue muy poca gente, y sé que no es del todo así, pero me extraña que un spin-off de una de las series que más culto ha generado en la última década (Breaking Bad) no haya arrastrado al público suficiente como para ser un producto que genere conversación. Aunque ya digo, creo que es más una cosa mía (quizás es que la gente que la ve simplemente no habla mucho de ella). En cualquier caso, siempre he considerado a Better Call Saul como una rara avis. A primera vista puede parecer un tipo de serie más cercana al que se hacía a principios de los 2000, justo antes de que explotara la seriefilia, pero con un poco que te adentres en ella te das cuenta de que es todo lo contrario: por el tratamiento de lo visual y el desarrollo de personajes es sin duda una de las series que mejor refleja los topes de calidad actuales en la industria, manteniéndose fresca y avanzando poco a poco sin dejar que se le adelante la gran mayoría de las series de moda. Sí, vive en paz con sus coetáneas, sin hacer mucho ruido (quizás demasiado poco), pero para los que la seguimos se encuentra consolidada como una de las mejores series actuales.

Sin Bob Odenkirk nada de esto sería posible. Su Jimmy McGill pre-Saul es un personaje con muchos aristas, me parece uno de los personajes que mejor definen la tragicomedia en la actualidad. Y a Odenkirk ya no le cuesta meterse nada en la piel del pequeño de los McGill, tras años y años a sus espaldas es un papel que le entra como un guante; y lo clava siempre. En los tres años que lleva en emisión la serie, donde ejerce de protagonista casi absoluto, me ha parecido siempre de los mejores intérpretes masculinos que veíamos cada año en el mundo seriéfilo, y podría decir lo mismo en esta ocasión. El resto del reparto mantiene el nivel dado en la anterior temporada, que era todo menos malo. Me encanta este grupo de actores, en especial Michael McKean (con su odioso Chuck McGill) y Jonathan Banks (el siempre sobrio Mike Ehrmantraut), pero sobre todo Rhea Seehorn. El año pasado alabé tanto la evolución dramática de Kim Wexler y lo bien que llevaba su interpretación Seehorn, que era mi opción personal de cara a triunfar en la temporada de premios. Este año sin embargo hay bastante más nivel femenino en el apartado interpretativo en el resto de series y tampoco es que haya tenido muchos capítulos de lucimiento esta temporada, pero sigue siendo uno de los mayores alicientes para seguir disfrutando de la serie.

Pero si hablamos de un motivo por el que seguir bien atados a la serie es sin duda la mano de Vince Gilligan y Peter Gould como showrunners (y directores de tanto en tanto), la narrativa visual de la serie continúa siendo el punto más logrado de toda la obra, que es un apartado que ha encontrado un hueco enorme para evolucionar tras las maravillas que se lograron en Breaking Bad en este aspecto. Y repito lo que dije el año pasado, se mantiene como una de las series mejor montadas de los últimos años (tiene quizás uno de los accidentes de coche mejor ideados del audiovisual reciente, por poner un ejemplo). Creo que la serie ha sabido encontrar su estabilidad cualitativa. Tras una primera temporada altamente recomendable pero que se estaba encontrando a sí misma, la segunda dio en el blanco y esta tercera ha seguido ampliando el espectro que aquella abría. En ese sentido puedo decir que encuentro bastante igualado el nivel entre una temporada y otra. Eso sí, el tramo final de la anterior temporada me impactó más, pero esta temporada ha sabido —en mi opinión— mantener un nivel igual de bueno desde el primer capítulo al último, sin altibajos. Aún así, hemos tenido capítulos especiales, como aquel Sabrosito (3×04) que los fans de Breaking Bad considerarán una joyita (y lo es). E incluso para aquellos que también estamos en la serie por el descenso de Jimmy hacia su inevitable identidad como Saul (Fall, el 3×09) o por su tóxica relación fraternal (Chicanery, el 3×05).

Es una serie que merece ser vista, sobre todo si te encantó Breaking Bad. Yo personalmente entré en ella por eso y me he quedado al enamorarme de cosas propias que solo me daban aquí. Disfruto por igual tanto de la mitad de la serie que sigue los pasos de la serie madre (más bien construye el camino sobre el que después se andará) como de la otra mitad, de la que creo que realmente trata Better Call Saul, la identidad de la serie es esto. Aún quedan al menos dos temporadas para que la historia se desarrolle como es debido, lo que serían diez temporadas en total del universo creado por Vince Gilligan, nada mal. Better Call Saul nunca ha logrado ser la mejor serie del año, siempre encuentra rivales que la superan, pero sí que llega a estar entre las mejores. Nunca decae, y espero que siga así.

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