Las desdichas de Pied Piper (y Hooli)

El año pasado en la HBO se estrenó Silicon Valley, una comedia que gira alrededor del tema bastante actual de las empresas emergentes o start-ups, como lo fueron en su día Whatsapp, Facebook, Snapchat, Instagram o Twitter, centrándonos en la ficticia Pied Piper, una empresa que cuenta con un revolucionario algoritmo de compresión de datos. La temática me atraía horrores y la primera temporada me gustó mucho, así que esperaba con ganas esta segunda temporada y puedo afirmar que supera a su predecesora sin ningún problema.

La segunda temporada empieza justo donde lo dejó la primera tras la gran victoria de Pied Piper en Tech Crunch Disrupt dejando la presentación del Nucleus de Hooli por los suelos, y con la noticia de que Peter Gregory (Christopher Evan Welch) ha fallecido, algo motivado por la muerte del propio actor por culpa de un infarto mientras rodaba la primera temporada. Estos hechos acaban resultando en la búsqueda de financiación para Pied Piper y da comienzo a la segunda etapa de desdichas y problemas a los que tienen que hacer frente nuestros queridos informáticos.

SV Pied Piper

En esta segunda entrega vemos como la dinámica sigue siendo más o menos la misma, con Dinesh (Kumail Nanjiani) y Gilfoyle (Martin Starr) discutiendo y puteándose mutuamente con su enfrentamiento “software vs hardware” mientras que nuestro Richard Hendricks (Thomas Middleditch), menos tímido y más agresivo, tiene que solucionar junto con Erlich (T.J. Miller) y Jared (Zach Woods) la inmensa cantidad de problemas que van surgiendo en Pied Piper, los cuales cada vez son más grandes e importantes, algo lógico ya que la compañía va creciendo constantemente. Además, entrar de lleno en el mundo empresarial les lleva a ver como su número de enemigos aumenta, igual que el número de gente implicada en la compañía, como el egoísta billonario Russ Hanneman (Chris Diamantopoulos), la carismática programadora y hacker Carla Walton (Alice Wetterlund) o la aún más antisocial sustituta de Peter en Raviga, Laurie Bream (Suzanne Cryer).

Pero no solo de Pied Piper vive Silicon Valley, ya que durante estos diez episodios también hemos podido disfrutar paralelamente de las (muchas) desdichas de Hooli durante el desarrollo del nuevo sistema operativo basado en Nucleus, lo que constituye una sátira perfecta de los gigantes tecnológicos como Microsoft o Apple y sus grandes fracasos, en tramas que incluyen al pobre Big Head (Josh Brener), un cañón de patatas o un mono con brazo mecánico. Además, destacar  como el personaje de Gavin Belson (Matt Ross) se está convirtiendo cada vez más en una parodia de los dueños megalómanos de este tipo de empresas.

Es posible que Silicon Valley no sea de las series con los gags que más carcajadas sacan en la televisión, algo habitual en las series de treinta minutos de la HBO, pero es tremendamente entretenida y la comedia sí que está realmente presente. Por un lado tenemos las desgracias de los protagonistas, a quienes acabas cogiendo cierto cariño, sí, pero es imposible no divertirte con todo lo que tienen que sufrir (lo que nos gusta el sufrimiento ajeno…), dando un toque tragicómico a la serie. Por otro lado, tenemos la ya mencionada parodia del loco mundo de las empresas tecnológico y jóvenes ricos que construye con situaciones surrealistas que hasta acaban resultando creíbles. Una sátira que viene de serie en el estilo del creador Mike Judge, como ya demostró con su película Trabajo basura (Office Space, 1999) ambientada en el mundo de cubículos y oficinas.

SV Gavin

Y lo sé, estoy seguro que hay mucha gente a la que le echa para atrás esta ambientación en el mundo tecnológico informático, lleno de palabrería indescifrable y términos acabados en “-ware”. Lo entiendo, y seguramente Silicon Valley divierta más si se pertenece al colectivo nerd que está familiarizado con la informática, pero eso no evita que cualquier persona no pueda disfrutarla, ya que todo esto no es más que un envoltorio de palabrejas que encierra en su interior una accesible historia de ambición, de seguir adelante con los sueños pese a tener una maldición gitana y recibir incontables palos por delante y por detrás.

Silicon Valley ha demostrado que más grande puede acabar significando mejor, dándonos una segunda temporada que supera a la primera en aspectos argumentales y cómicos, con una sátira muy bien hilada y divertidas situaciones en “La Incubadora” cada semana. Ahora solo falta esperar unas cuarenta semanas hasta volver a ver qué desgracias les esperan a nuestros amigos de Pier Piper (y Hooli).

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