Los 100 y los (malos) prejuicios

Los prejuicios son muy difíciles de controlar. Por fuera, muchas series pueden parecer ser de cierta manera, o incluso solemos pensar que buena parte de la ficción de una misma cadena está cortada por el mismo patrón. Por ejemplo: las comedias de la CBS suelen ser anticuadas y con risas enlatadas o los dramas en la ABC acaban siendo más de la mitad culebrones o melodrama. Pero aunque sean difíciles de controlar, a veces merece la pena dejar los prejuicios a un lado y disfrutar de sorpresas como la que ha sido Los 100, una muy buena serie estrenada el año pasado en The CW.

Y es que el gran prejuicio que The CW ha llevado desde casi su nacimiento es que sus series son de corte adolescente y llenas de tópicos del género teen, pero esto era una gran realidad hace unos años, con series como Gossip Girl, 90210, Hellcats o One Tree Hill. Y aunque no destacaba tanto, también tenía cabida en el canal la ficción de género fantástico, acción y ciencia ficción, con Crónicas vampíricas, Smallville y Supernatural como principal exponentes. Pero ahora la cosa ha cambiado y cada vez es mayor este tipo de series, tomando The Flash, Arrow o iZombie como ejemplos recientes. Los 100 está a caballo entre serie adolescente y de ciencia-ficción, pero incluso con su toque teen acaba siendo mucho más madura y mejor planteada de lo que se podría esperar.

Desarrollada por Jason Rothenberg, la premisa de Los 100, basada en el libro homónimo de Kass Morgan, puede tirar para atrás por el olor que tiene a remezcla de mil tópicos del género. La serie narra la historia de los humanos que quedan vivos tras llevar noventa y siete años exiliados en espacio por culpa de una catástrofe nuclear que les obligó a abandonar la Tierra. Vivían en estaciones espaciales separadas, que acabaron juntándose para formar El Arca. Tras varios problemas técnicos, la vida en El Arca tiene los días contados, por lo que mandan a cien delincuentes juveniles (menores de dieciocho años) de vuelta a la Tierra para comprobar si es habitable y seguir allí con la existencia de la especie.

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La serie empieza con un par de arcos narrativos muy marcados, algo que veo como un acierto para no sobrecargar en exceso con una de las dos partes.

Por un lado tenemos a los cien conejillos de indias, dando la parte post-apocalíptica de la serie. Así vemos cómo se van desarrollando las relaciones entre los protagonistas, que apenas se conocen entre ellos, creando así alianzas, enemistades y amoríos, además de conflictos que recuerdan bastante al principio de Perdidos (con la que comparte al actor Henry Ian Cusick AKA Desmond), teniendo que sobrevivir por su cuenta en el bosque donde cae la nave. Este aislamiento crea un debate entre ellos bastante interesante sobre las reglas bajo las que debe vivir una sociedad o si los jóvenes deben abrazar la anarquía, motivados por esta “nueva oportunidad” que se les ha brindado y como forma de ir en contra del sistema impuesto por los adultos en El Arca, algo muy interesante y poco típico en una serie de estas características. Pero este es solo uno de los muchos ejemplos que hay para romper los prejuicios ante esta serie.

Por otro lado tenemos al resto de la humanidad en El Arca, ahora que saben que les queda poco tiempo de vida en el espacio y tienen que encontrar soluciones para mantener la especie. Estas tramas tienen un toque más político y moral, como el deber de los líderes y los sacrificios que tienen que hacer por el bien común, recordando en ciertas ocasiones a Battlestar Galactica (con quien también comparte un actor, Alessandro Juliani), tanto por ambientación como por temática, pero no son tan interesantes como lo que pasa en la Tierra.

Y así es la serie. Al menos durante la primera temporada, porque la segunda entrega de 16 episodios es totalmente diferente. Los personajes llegan a tener mayor complejidad psicológica y se muestran las secuelas provocadas por las situaciones a las que se van visto expuestos, llegando a cambiar radicalmente (con un ejemplo muy claro). Además, los eventos del final de la primera temporada actúan como un game changer que trastoca la estructura de la serie, con lo que ésta se dispersa más y se abren varios frentes, dando como resultado unas cuantas tramas paralelas en las que algunos personajes que hasta ahora habían pasado más desapercibido consiguen tener cierta importancia. Y es que aunque algunos arcos argumentales sean más aburridos y deseas que mueran los personajes, otros (los principales) acaban siendo extremadamente emocionantes, elevando el nivel la serie y creando adicción y especial ansia por ver el siguiente episodio. No quiero hacer spoilers porque descubrir todas las sorpresas que Rothenberg va preparando merece la pena, pero os lo definiré en una palabra: GUERRA.

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Pero lo que quiero destacar especialmente es una de las cosas más positivas de la serie, es algo que hemos visto recientemente como una tendencia creciente en televisión y de la cual me alegro, que es la presencia de personajes femeninos muy poderosos que acaban eclipsando a los machos de la serie. Se ha visto en The Good Wife, Buffy cazavampiros, Orange is the New Black y ahora se ve en Los 100. Y es que las féminas, pese a ser menos en cantidad respecto a los hombres, son especialmente importantes a medida que va avanzando la serie, con especial esplendor en el tramo medio-final la segunda temporada. Los mejores ejemplos son Clarke, la protagonista de la serie y líder de los jóvenes, siguiendo con Octavia y la brutal evolución en apenas veintinueve episodios, aunque también destacan los personajes de Anya, Lexa e Indra, además las responsabilidades que acaba teniendo Abby entre la población humana (aunque su personaje sea bastante odioso). Y es que el destino de la humanidad está en manos de las mujeres, actuando como el cerebro de la serie y en múltiples ocasiones también el músculo.

En definitiva, Los 100 es una serie que recicla algunos temas típicos de la ciencia ficción, la fantasía o las distopias post-apocalípticas que tan de moda están últimamente en todos lados, pero lo hace de una forma que no cae en ser una copia de mercadillo de obras conocidas, dándole así una personalidad especial, unos personajes interesantes y un buen rumbo argumental que crea adicción y la hace destacar por encima de otras ficciones similares (Revolution, ejem…) o de la propia cadena. Si finalmente vencéis los prejuicios y os animáis a darle una oportunidad, creo que os encontraréis con una agradable sorpresa.