Penny Dreadful cierra su mundo de pesadilla

Este artículo no contiene ningún spoiler de Penny Dreadful, ni de la tercera temporada ni de las anteriores.

Penny Dreadful ha terminado bajo los desconcertados aplausos de una audiencia que desconocía la naturaleza de final de serie del último capítulo de la tercera temporada. Showtime, casi dando la sensación de que se había olvidado anunciar el cierre de la obra creada por John Logan, comunicó poco después de la emisión del episodio que, como bien anunciaba el bastante premonitorio The End al final del mismo, la función bajaba el telón. Y así ha resultado: Penny Dreadful se despide con la que quizá haya sido, a pesar de las viejas manías de siempre, su mejor entrega.

Si algo me ha chirriado siempre de Penny Dreadful, hasta tal punto de que después de la primera temporada me pensé seriamente no volver a ella, ha sido la irregularidad constante como consecuencia de una mezcla de tramas que contaban, según mi punto de vista, con un interés descompensado. Algunas historias, especialmente las protagonizadas por Vanessa Ives (Eva Green) y sus compañeros, me resultaban a menudo interesantes y estimulantes, mientras que otras, como las sufridas vivencias del Doctor Frankenstein (Harry Treadaway) o las vicisitudes de la Criatura (Rory Kinnear), sacaban a la luz más bostezos que razones por las que dichas tramas tenían que ocupar una parte tan sustancial de cada episodio. Por suerte, en la segunda temporada consiguieron jugar sus cartas con más soltura, manejando aun mejor la parte de Ives y consiguiendo, al menos en parte, que lo demás no molestara. Algunos personajes, como Dorian Gray (Reeve Carney), seguían descolgados (y lo han estado hasta el final de la serie), pero el conjunto dejó un sabor de boca que invitaba a volver al año siguiente.

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La tercera temporada ha confirmado la tendencia ascendente de Penny Dreadful, no muy lejos del nivel de la segunda pero siendo finalmente la entrega más completa y bien llevada de todas. A pesar de conservar la estructura dividida en diferentes tramas, los guionistas se han centrado principalmente en todo lo que concierne a Vanessa Ives o a los personajes que finalmente tendrán algo que decir en esa línea argumental; no es menos cierto que la Criatura o el Doctor Frankenstein y la (intensita) pareja formada por Dorian y Lily (Billie Piper) siguen teniendo cuantiosos minutos, y vuelven a lastrar algunos capítulos en los que son las demás tramas las que mantienen tu interés, pero por otro lado las desventuras de Ethan Chandler (Josh Hartnett) o Malcolm Murray (Timothy Dalton) funcionan en su totalidad, aportando un nuevo sabor a western con el que la serie no había contado hasta ahora.

Pero si hay un motivo para ver esta serie ese es Vanessa Ives y la impresionante interpretación de Eva Green. Lleva siendo lo mejor de esta ficción desde el primer capítulo, y ha sido muy interesante ver su viaje desde entonces hasta ahora; es verdad que siempre ha sido un personaje muy sufrido, y en ese sentido su evolución no era demasiado sustancial hasta la fecha, pero en esta tercera temporada le han dado una vuelta en los primeros capítulos, haciendo que se enfrentara a la vida cotidiana y a una especie de búsqueda de la felicidad. Estas intenciones, en una serie tan oscura y grandilocuente en sus amenazas (el destino del mundo entero parece depender de todo lo que hacen), podrían chirriar, pero ocurre todo lo contrario: es tal el cariño que se siente por la señorita Ives, son tan grandes las ganas de ver que las cosas le marchan bien, que resulta muy emocionante ver cómo, después de todo, puede seguir sonriendo. Y provoca, a su vez, que cuando las cosas vuelven a ir mal (cómo no), estemos sufriendo a su lado. La interpretación de Eva Green ayuda a la creación de esa empatía, y el carisma que desprende —voz mediante— es arrollador.

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En la fuerza de Eva Green y en un guión que concentra su atención durante todo el capítulo en una misma trama se sustenta el que ha sido ya no solo el mejor episodio de la temporada, sino quizá de toda la serie: el 3×04. Dos actores (o tres, si apuramos), una habitación y un guión estupendo que demuestra que cuando Penny Dreadful va al lío y se deja de historias que finalmente no van a ninguna parte (como la de Dorian y Lily, más fuegos artificiales que otra cosa; o la inclusión del Dr. Jekyll, desaprovechada) consigue alcanzar unas cotas altísimas de calidad. Uno de los capítulos del año, diría.

Aunque al final de la temporada el conflicto se desata definitivamente y resulta más espectacular (tanto en la urgencia narrativa como en la plasmación visual; aplaudir, por ejemplo, la secuencia de acción del último episodio, muy bien dirigida por Paco Cabezas), personalmente me quedaría con la primera mitad de esta última ronda de nueve capítulos. Y lo hago por Vanessa Ives y lo mucho que he sufrido a su lado; por el tratamiento del villano, con un giro brillante al final del segundo episodio; y por ese 3×04 que tardaré bastante en olvidar. Así concluye Penny Dreadful, una serie irregular e imperfecta que, aun así, me ha hecho sumergirme hasta lo más profundo de ese oscuro Londres.

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