Penny Dreadful, Eva Green y las segundas oportunidades

La sensación al terminar la primera temporada de Penny Dreadful fue de puro agotamiento. La propuesta de aunar en un mismo relato a diferentes personajes de la literatura de terror bajo circunstancias dictadas por una historia original me parecía un punto de partida como mínimo interesante. Sin embargo, los ocho capítulos que formaron el primer puñetazo en la mesa de la serie de John Logan provocaron que ésta se quedara algo coja: no puedes vivir solo de personajes carismáticos, necesitas sucesos y una narrativa que mueva las fichas con el suficiente interés como para que el espectador se quede a ver la partida. Lo reiterativo se apoderó del alma de Penny Dreadful, y un servidor alcanzó el último capítulo con la duda de si me verían el pelo al siguiente año.

La segunda oportunidad, si queremos llamar así a la no tan trascendente decisión de seguir viéndola, venía marcada por la condición de que bajo ningún concepto iba a permitir que me aburriera como lo hizo en el tramo final de la temporada primigenia. Si fuera así, la diría adiós para siempre. Con estos pensamientos le di al play.

Diez han sido los capítulos, dos más que en la anterior ronda, utilizados para continuar las oscuras aventuras de Vanessa Ives, Ethan Chandler y compañía. Parece que dejamos atrás el caso que ocupó la primera temporada para adentrarnos en otra historia diferente, en la que nuestros protagonistas deberán enfrentarse a un grupo de brujas a las órdenes del mismísimo Diablo. Penny Dreadful vuelve a apostar por poseer una línea argumental central y, a su alrededor, pequeñas subtramas que incumben a algunos personajes que de otra manera no tendrían papel en la serie, como es el caso de la Criatura o Dorian Gray.

Cuando tienes entre manos una serie coral como es esta, el equilibrio debe ser una de tus objetivos más importantes. Debes darle la importancia que merece a la historia principal, que para eso es el nudo que sujeta las velas y hace el que barco avance, pero no puedes dejar que la tripulación (las subtramas) carezca(n) de algo que llevarse a la boca. En esta segunda temporada nos hemos encontrado con unos personajes ya presentados y  bien conocidos, por lo que era hora de verlos avanzar hacia nuevas direcciones y ser testigos de una evolución que parecía reservada tan solo para algunos elegidos. Vanessa Ives, el mejor personaje de la serie brillantemente interpretado para esa mujer de belleza salvaje llamada Eva Green, parecía canalizar todo el talento de los guionistas a la hora de desarrollar un sujeto: la hemos visto pasar por muchos tipos de situaciones, la hemos conocido (hasta tal punto que algunos capítulos, tanto en la primera como en la segunda temporada, han estado dedicados a su pasado) y la hemos acompañado a donde el viaje nos ha llevado hasta el día de hoy. Sin embargo, el desarrollo de otros personajes, también de una importancia capital, sigue resultando algo menos interesante: por ejemplo Ethan Chandler, ese americano con más de un secreto que interpreta Josh Hartnett, ha seguido su rumbo natural en esta segunda temporada y su situación ha cambiado, cierto, pero la sensación es que sus dudas y su peligrosa situación (relacionada con un detective, incorporación casi testimonial) han caído en lo reiterativo a lo largo de los diez capítulos que nos ocupan. De nuevo, y aunque no moleste ni de lejos tanto como en la primera temporada, Penny Dreadful es una serie que encuentra en la repetición de situaciones uno de sus más flagrantes fallos.

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Es cuando la serie se centra en la trama principal y pone al frente de la caballería a sus personajes más potentes (o, en otras palabras, cuando Vanessa Ives está presente) cuando todo funciona como un tiro. Las nuevas enemigas, aunque igualmente vinculadas al Diablo y las malas artes, han supuesto un buen soplo de azufre y han protagonizado varios momentos de altura. Continúo sintiendo que la temática de la serie, o su espíritu, no conecta del todo conmigo (a veces me río cuando Eva Green entona esos vertiginosos conjuros en lenguas malditas, y siento que no debería), pero lo que han sabido hacer bien en esta segunda temporada es darle más espacio a los personajes, no porque su evolución hubiera sido insuficiente en la primera entrega sino porque se necesitaba urgentemente algunos momentos de tranquilidad. No han sido muy numerosos, es verdad, pero sí tremendamente humanos: la distendida conversación entre Ethan y Vanessa en el capítulo 2×07 (uno de los mejores de la temporada, diría yo) me hizo querer a esos personajes más de lo que ya lo hacía. En ese instante me olvidé de que la trama de Ethan estaba algo estancada, o de que las historias de Dorian parecían insoportablemente desconecadas del conjunto, simplemente adoré el universo de la serie, adoré sus posibilidades, adoré estar allí. Y eso es de las últimas cosas que esperaba de Penny Dreadful, que es el anti happy place definitivo.

La línea argumental protagonizada por el personaje de Billie Piper (del que no quiero decir mucho porque supondría un spoiler relativo a la primera entrega) ha sido interesante aunque algo tramposa, con un giro en el tramo final que le ha dado un distintivo tono pero que ha roto, quizá, con parte de la verosimilitud. Abrazo la sensación de que todo pueda pasar y de que la historia esté repleta de gente más inquieta e histérica que Charlie Sheen viendo un capítulo de Breaking Bad, pero hay que tener cuidado con esas vueltas de tuerca tan vertiginosas. Continuando con subtramas, Dorian sigue siendo un personaje carismático pero con unas aventuras que no le interesan ni a él; algo similar ocurre con la Criatura, con una personalidad y situación interesantes, además de buenos momentos (las conversaciones con Vanessa; ¿veis? En la mayoría de los momentos destacables está Eva Green), pero lo que viene a ser su trama aparte me ha aburrido por su no demasiado novedosa exploración de lo que ya nos venían contando desde la introducción del personaje. Malcolm ha sido más un instrumento que un factor en esta temporada, aunque aplaudo su lucha contra los fantasmas del pasado, y Victor Frankenstein ha continuado siendo el elemento que pica de todas las tramas.

Recordando la condición que puse al principio de que si me aburría la temporada iba a dejar la serie, lo mejor que puedo decir de esta segunda entrega de Penny Dreadful es que cuenten conmigo para la tercera. A pesar de sus fallos, ha sido mucho más entretenida que la anterior season, visualmente ha tenido momentos espectaculares (el episodio del baile) y, sin previo aviso, los últimos capítulos han contado con una dirección muy destacable. Pero a quién quiero engañar: para mí Penny Dreadful es principalmente Eva Green y su Vanessa Ives. Y su sonrisa contagiosa. Y sus conjuros. Y su pelo. Y su forma de llenar la pantalla.

Y su voz.

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