¡Que no mueran las chicas de The 100!

Este artículo NO contiene spoilers de la 3º temporada de The 100.

Muy pocos apostaban un duro por The 100 y su propuesta de ciencia-ficción post-apocalíptica adolescente cuando se presentó el proyecto hace ya tres años, muchos por el miedo a encontrarse con más de lo mismo. Por suerte, Jason Rothenberg —el creador— y compañía sorprendieron a los espectadores que se atrevieron con ella y consiguieron callar muchísimas bocas con una ficción mucho más estimulante de lo que se esperaba, un tema que abordé cuando hablé sobre sus dos primeras temporadas hace poco más de un año. La tercera temporada de The 100, la cual ha estado rodeada de bastante polémica, justo acaba de concluir y no ha hecho más que confirmar la gran calidad de este producto televisivo y la potencia de sus personajes femeninos.

Es curioso los caminos por los que ha transitado The 100 durante los 45 episodios que lleva emitidos. Empezó como un survival de adolescentes potenciado por los conflictos internos entre los cien jóvenes enviados a una devastada Tierra. También contaba con un toque de distopía futurística espacial, pero todo esto se desvaneció con el gamechanger del 1×13 y las tramas cada vez se volvían más grandes —y épicas— a medida que la mitología y el universo construido se expandían. Así es como la segunda temporada combinaba eficazmente elementos de estilo medieval con otros propios de la ciencia ficción. Mejoraba también el desarrollo psicológico de los personajes, los cuales escapaban de ser los típicos estereotipos. Algo extraño pasaba. ¡Evolucionaban! Y nos mostraban que The 100 era más madura que el resto de series adolescentes aunque buena parte de los protagonistas no llegaran a la mayoría de edad.

Esta tercera temporada ha seguido el mismo camino que las dos anteriores y ha querido avanzar en la psicología de nuestros queridos delincuentes juveniles, yendo más allá de las secuelas de lo que han tenido que vivir en este apocalíptico planeta. Los personajes van tomando consciencia de sus actos, pero a la vez también sufren estas decisiones que han tenido que tomar para sobrevivir en un mundo cada vez más hostil y salvaje. Algunos huyen del dolor, tema recurrente durante toda la temporada y combustible de la historia central, mientras que en otros el dolor acaba afectando a sus ideas y su comportamiento de forma inesperada. Estos sentimientos han provocado numerosos conflictos que han hecho más ricas e interesantes las interacciones entre los personajes y han tenido implicaciones directas en la historia, a veces con consecuencias fatales.

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Este ha sido uno de los muchos ingredientes que Rothenberg ha utilizado en este rompecabezas de variadas tramas que se van entrelazando y avanzan sin parar, hasta llegar al punto de que arcos argumentales que habitualmente durarían toda una temporada acaban siendo despachados tranquilamente al sexto episodio. Durante esta tercera temporada el universo de la serie se ha expandido. Muchos huecos que quedaban abiertos sobre lo ocurrido antes y después del accidente nuclear se han rellenado con contundentes respuestas y hemos conocido mejor el funcionamiento de la sociedad grounder y su gran coalición. Así hemos visto a la serie adentrarse más a fondo en cuestiones políticas y diplomaticas, tanto la Polis terrícola como en una renovada y estable Arkadia, con nociones de despotismo (Jus drein, jus daun) y compasión (Jus nou drein, jus daun) incluidas. Sin embargo, a nivel argumental la mayor sorpresa ha llegado cuando la ciencia-ficción vuelve a hacer acto de presencia. Algunas piezas que aparentemente no tenían nada que ver acaban encajando y aquella floja trama protagonizada por el peor personaje va cogiendo fuerza y, aunque no llega a ser tan apasionante como lo de Mount Weather, se convierte en un muy buen arco principal de temporada. 

Lo único que consigue superar la velocidad de la historia es la velocidad con la que personajes importantes acaban perdiendo la vida. Este año ha habido muchas muertes de piezas relevantes dentro del tablero de juego de la serie, las cuales que han tenido consecuencias importantes tanto emocional como narrativamente. Una de ellas ha servido como potenciador de la trama de uno de los personajes, mientras que otra fue especialmente polémica en redes sociales (un conflicto que resumí en un artículo hace un par de meses) a la vez que totalmente necesaria si tenemos en cuenta todas las posibilidades y caminos que este hecho abrió durante la segunda mitad de la temporada. Podríamos decir que, igual que el universo donde se encuentra, The 100 se ha vuelto más oscura y macabra que nunca, tanto en la temática —algunas escenas de tortura— como en lo explícito de las imágenes —algunas escenas de tortura—, dejando en mí la duda sobre si muere más gente aquí que en Game of Thrones. Esperaremos a que alguien haga una infografía al respecto.

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Por último hablar de los personajes, concretamente de aquellos que acaban de confirmar la idea planteada en las anteriores temporadas: el empoderamiento femenino. Las mujeres son cada vez más la relevantes en la historia y en numerosas ocasiones las vemos tomando las riendas de la situación. Clarke, Lexa, Octavia, Nia, ALIE, Ontari, Indra, Raven, Abby y Luna, entre otros, se convierten en nombres de heroína, líder, comandante, reina, guerrera, villana… Las piezas clave de The 100. Y es que en una sociedad cuyos precedentes históricos se encuentran siglos atrás, sorprende semejante papel, fuerza e independencia de las figuras femeninas, una decisión del showrunner —junto con la de la representación homosexual— que no puedo evitar aplaudir efusivamente. En el otro lado de la balanza tenemos a los hombres, y esta temporada pocos se salvan. Kane se mantiene como el adulto con mayor sentido común, mientras Murphy es el jugador que mejor evoluciona y consigue redimirse de sus acciones hasta quitarse la etiqueta de “odioso” que llevaba colgada desde prácticamente el piloto. Una etiqueta que recibe Jasper gracias a las constantes secuelas del dolor que sufre tras los eventos del 2×16. Aunque si hablamos de sufrir, los cambios morales tan extremos que sufre Bellamy durante la temporada también dejan un poco que desear.

The 100 ha demostrado que es posible hacer una serie sin caer en los típicos tics sexistas u homófobos que imperan en la sociedad y que además esta misma serie entretenga una barbaridad, atrape al espectador con su estimulante mitología y ponga a prueba constantemente a los personajes haciendo que estos evolucionen. Esperemos que el año que viene la serie mantenga la calidad que tiene ahora mismo y siga por el mismo camino que ha transitado hasta ahora, avanzando con valentía y paso firme mientras expande este universo, del cual queda mucho por explorar. Seguro que el punto de partida que se plantea durante los últimos compases del 3×16 dará mucho juego durante la próxima entrega de episodios, la cual, por desgracia, se estrenará a principios de 2017.

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