Stranger Things: Más allá de la nostalgia

Esta artículo NO contiene spoilers de la temporada.

La nostalgia puede llegar a convertirse en un arma de doble filo. Por un lado es una ventaja a la hora de conectar con cierto público, que reconoce elementos habitualmente vistos en su infancia y vuelve a establecer un diálogo con ellos. Por el otro, el hecho de que sea el único motor de, por ejemplo, una película o una serie puede llevar como consecuencia la poca consistencia de la obra; es decir, que el singular atractivo sea su labor nostálgica y no tanto el uso de esas píldoras para aliñar un conjunto novedoso. Stranger Things, la nueva serie de una Netflix que parece lanzar, anunciar o renovar sus shows a diario, prometía un regreso a las historias ochenteras de aventuras con niños en bicicleta y elementos fantásticos. Y lo prometido es deuda.

Si nos ceñíamos a los posters y al trailer daba la sensación de que iba a ser una serie “rollo Goonies”, y aunque tiene bastante de eso, no se corresponde del todo con la realidad, o por lo menos no se la puede encasillar exclusivamente en ese terreno. Stranger Things, contándonos la historia de la desaparición de un niño y las peripecias, tanto de sus amigos, de su inestable madre y de los detectives de la zona para encontrarlo, triunfa al encapsular diferentes elementos, tanto del cine de los ochenta como de más adelante, con tal de inyectar variedad. Es una serie sobre las aventuras de un grupo de niños, pero también sobre la desesperada búsqueda de una madre o sobre el vínculo especial que une al detective con el caso al haber perdido a su hija tiempo atrás. El amor adolescente o la huida de una situación abusiva también tienen cabida en esta ficción, por ejemplo.

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Si tuviera que poner encima de la mesas los tres elementos que encuentro definitorios por los cuales Stranger Things, ya adelanto, me parece una de las mejores series de este año, señalaría estos: los personajes, el ritmo y la propia nostalgia. Para contar la historia que tenían entre manos necesitaban unos personajes empáticos, interesantes, a los que te apeteciera seguir; especialmente los niños, que en muchas ficciones llegan a ser algo cargantes y aquí, por suerte, son todo lo contrario. Todos los participantes, desde Mike hasta el detective Hopper, pasando por Joyce o, sobre todo, Eleven, aportan un factor único y cuentan con una profundidad encomiable que a menudo se crea mediante tres o cuatro pinceladas. El buen funcionamiento de estos caracteres ayuda a la creación de un ritmo que se beneficia de la inteligencia con la que están escritos los guiones, lo bien estructurada que está la historia y la propia dirección. Sobra decir que es una serie extremadamente entretenida que apenas da un respiro y siempre, escena a escena, está construyendo algo que va a ir a algún lugar.

Y la nostalgia, claro, un pilar importante en Stranger Things. Tenía el miedo de que acabara cayendo en un remolino de referencias cuya única gracia fuera su carácter meta, pero no ha sido en absoluto así: en esta serie la nostalgia no se manifiesta de forma continua mediante guiños, que evidentemente los hay y se agradecen sobremanera, sino mediante su propia constitución, el espíritu que impregna las conversaciones entre los (geniales) niños o la forma en la que desarrollan la trama fantástica, que te acaba llevando irremediablemente al cine comercial de los ochenta. Resulta difícil que alguien que disfrute dichas películas no encuentre en Stranger Things una agradable y satisfactoria puerta hacia ese tipo de historias de compañerismo y misterio.

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Apenas se me ocurren pegas que ponerle a esta serie, si os soy sincero. Quizá la algo pasada de rosca interpretación de Winona Ryder, o que la historia del amorío juvenil interese menos en la primera mitad de la temporada, pero no empañan en absoluto ocho capítulos que me han parecido redondos. Ha sido sorprendente sobre todo a un nivel de guión; pensaba que iba a ser una historia bastante más simple, abrazando con mucha más fuerza los estereotipos y la simpleza, y aunque no es la serie más complicada de la televisión americana, cuenta con una profundidad destacable y con unos personajes (Eleven, Hopper; geniales Millie Bobby Brown y David Harbour respectivamente) con un trasfondo muy rico y estimulante. Lo dicho: una de las mejores temporadas que nos vamos a poder llevar a la boca este año.

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