Sweet/Vicious: Venganza, cultura de la violación y navajas color rosa

Probablemente si hace unos años alguien hablara de una serie protagonizada por dos mujeres jóvenes que, además, estuviera producida por MTV, quizá la respuesta más rápida sería pensar en la típica serie juvenil de instituto, con todos sus vicios y clichés. ¿Pero qué pasa si te digo que esa serie se enmarca, en realidad, en el género de violación/venganza, y que, encima, reinterpreta el género para discutir temas sociales de gran relevancia, sin perder por el camino cualidades que la hagan uno de los productos más originales, arriesgados y entretenidos de la televisión actualmente? Eso es lo que pasa con Sweet/Vicious, serie creada por Jennifer Kaytin Robinson, estrenada el noviembre pasado y que se ha convertido en una de las series revelación de la temporada.

En Sweet/Vicious, Jules (Eliza Bennett) es una estudiante de la ficticia universidad de Darlington que es violada después de una fiesta de una fraternidad. Después de ver que el sistema de denuncias de la universidad hace poco por ayudarla, decide convertirse a sí misma en una justiciera nocturna que pone a los agresores en su sitio. En una de sus misiones, Jules comete un error y es descubierta por otra joven universitaria, Ophelia (Taylor Dearden). A partir de ese pequeño evento desafortunado, se hacen amigas y luchan juntas como vigilantes del campus. Todo esto hace que Sweet/Vicious empiece como una serie de acción, grandes persecuciones y heroínas con identidades secretas. Sin embargo, el as bajo la manga que tiene esta serie es la revisión ─tan intencionada─ que hace de los elementos que presenta, especialmente el de la violación. Normalmente, en la ficción, las representaciones de violación a mujeres están acompañadas de una nula perspectiva de género, utilizando estas representaciones como un componente más para el desarrollo de personajes masculinos. En la mayoría de los casos ésta es una representación sesgada ─e innecesaria─ de un problema serio, ya que estas historias de abuso no son contadas por mujeres ni tienen impacto sobre ellas, sino sobre sus acompañantes.

Sin ir más lejos, Animales nocturnos (Nocturnal Animals, 2016), una de las películas mejor recibidas del año pasado, instrumentalizaba de esta misma manera la violación (y el asesinato) de dos de sus personajes femeninos que no estaban más de diez minutos en pantalla y que debían ser vengadas por Jake Gyllenhaal. Sweet/Vicious, en cambio, hace esto bien, haciéndolas a ellas protagonistas de sus propias historias, representándolas como mujeres reales que gestionan su dolor y su luto como bien les parece o bien pueden, en ocasiones acompañadas por pareja, amigos, pero, especialmente, por otras mujeres.

Incluso cuando parece que Sweet/Vicious puede pecar de lo mismo, acercándose peligrosamente a un esquema narrativo tan nocivo como “la violación hizo que yo pueda ser una mujer empoderada”, la serie sabe manejar la complejidad que reside en la raíz de su historia. El proceso posterior a la violación de Jules es uno muy complicado, lleno de matices, dudas y, sobre todo, silencio. Silencio como el que ella guarda cuando sus amigas preguntan si le pasa algo malo y silencio como el que guarda la universidad ante la denuncia para no poner en riesgo su propia reputación. La transición de Jules no es instantánea, sino más bien dolorosa. Y su decisión de convertirse en este vigilante clandestino no es presentada como el camino correcto, no se justifica categóricamente, se presenta como un fenómeno espinoso que, aunque satisfactorio para otros, no es saludable para Jules hasta que lidia con su propio trauma y encara a su violador.

Sweet/Vicious sabe lo que quiere hacer: recoger clichés y lugares comunes, deconstruirlos y renovarlos de manera realista, sí, pero también provocadora. Un ejemplo muy simple se da en la dicotomía que encierra Jules: durante el día, una chica rubia que viste de color rosa, de clase alta y situación social cómoda, modelo perfecto de alumna que pertenece a una sororidad (una fraternidad de mujeres); mientras que, durante la noche, se cubre totalmente de negro, castiga físicamente a hombres más altos y fornidos que ella, y no teme usar armas para intimidar, herir y despojar de su seguridad a estos agresores. Buffy Cazavampiros estuvo mucho antes en este lugar de chica que no es lo que parece, claro, pero mientras ese era un juego (necesario) con el arquetipo de la ‘final girl’, en Sweet/Vicious esos matices son incorporados a un contexto que claramente hace de la cultura de la violación su pieza principal. Que una mujer le rompa la cara a un grupo de violadores puede parecer atractivo o entretenido, pero que esa mujer rompa el esquema de “chica de acción” es lo realmente subversivo.

Que Jules pertenezca a una sororidad no es un detalle menor. Aunque en un índice más pequeño que el de las fraternidades, éstas siguen siendo organizaciones que hacen del elitismo su bandera. Estas nociones tóxicas en la dinámica social universitaria promueven desequilibrios en las relaciones sociales y las relaciones de poder. Es por ello que existe un grave índice de abuso en forma de ritual de iniciación o novatada. Mientras es cierto que esto es tradicionalmente una costumbre de las fraternidades, Sweet/Vicious no esconde que estos defectos también existan en las sororidades. Una de las misiones de Jules consiste en denunciar los abusos que se hacen desde una de estas organizaciones, en las que se abusa y humilla a un grupo de estudiantes para luego colgar esos vídeos en Internet sin su consentimiento. Este simple acto, que es uno de los pocos momentos de la serie en los que mujeres se ven enfrentadas a mujeres, expresa una de sus ideas más importantes: no importa de dónde venga el abuso, lo que importa aquí es que estas mujeres encuentren justicia.

Durante años, en los informativos de Estados Unidos han cubierto los centenares de casos de violación en los campus de universidades. En el documental The Hunting Ground (íd., 2014), el problema no solo se ponía en perspectiva con una amplia documentación, sino que se estudiaban los puntos en los que el sistema fallaba. Iniciativas como SeeActStop, End Rape On Campus y muchas otras no solo ofrecen asesoramiento a mujeres violadas, sino que buscan una mayor fiscalización del ambiente universitario, uno que promueve y premia a depredadores sexuales y que es visto como normal. Y, desgraciadamente, aún falta mucho para que el sistema responda responsablemente. Se llegará, pero el camino no es fácil. Y si en ese camino difícil tenemos una serie (de la que podría seguir hablando durante horas) tan especial, entretenida y responsable como Sweet/Vicious, en la que se desafía por partes iguales a los agresores y al sistema, para hacernos compañía, eso lo hace todo, por lo menos, un poco mejor.

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