The Leftovers: Por los que están y los que todavía no se han ido

Este artículo NO contiene spoilers ni de la primera ni de la segunda temporada.

El verano del año pasado aterrizó una serie en HBO, de nombre The Leftovers, que se vio consumida por dos compañeras de cadena: True Detective y Juego de tronos. No porque se emitieran al mismo tiempo, sino porque la gente seguía hablando de ellas y no parecía hacerle caso a este dramón ideado, en parte, por una persona que está muy denostada por culpa del final de Perdidos: Damon Lindelof. Además, entre el calor y la piscinita, nadie parecía querer darle parte de su tiempo a diez capítulos de una serie que te dejaba bastante destrozado emocionalmente. Era intensita, sí. El resultado fue una muy buena primera temporada que fue creciendo capítulo a capítulo hasta un tramo final estupendo que nos dejaba, a los pocos que la estábamos viendo, con ganas de ver la segunda entrega. Y la segunda entrega llegó para volvernos locos.

Los creadores de The Leftovers se debieron dar cuenta de que lo más aclamado y lo más recordado de la primera temporada fueron los capítulos dedicados a una sola trama argumental —no solo el par de episodios protagonizados por un solo personaje, sino el tramo final que provocaba un punto de encuentro entre todas las historias— y decidieron que la segunda tanda debía seguir por ese camino, pero llevándolo a un nuevo nivel: construir una trama coral pero con capítulos centrados en una sola línea argumental. En ocasiones tratando más de una situación, sí, pero en prácticamente todos hemos podido ver una estructura que apostaba por centrarse en un punto y, poco a poco, ir uniéndolo con los demás. Ha sido una temporada puzzle, con un inaudito equilibrio entre el misterio y los dramas personales.

Porque aunque ya lo dejaron claro antes del piloto, siempre viene bien recordar que The Leftovers no trata sobre la espontánea desaparición del 2% de la humanidad, sino de las consecuencias emocionales en la gente —los familiares, los amigos, los compañeros— que vieron cómo sin previo aviso sus seres queridos eran arrebatados de sus manos sin explicación alguna. En esta temporada han jugado con el no saber muy bien qué estaba ocurriendo, pero nunca —ni un solo minuto— he sentido que fueran misterios de baratillo, por muy imposibles que resultaran. Lo que hay que tener claro es que van a haber enigmas que se van a resolver y otros que se van a quedar en el aire por lo imposible de dar una resolución; y me parece bien que la serie eche mano de la ambigüedad para no dar todas las respuestas y atarte cada semana para que vuelvas a sufrir con esos personajes.

Y es que a eso iba: si The Leftovers fue en su primera temporada una serie de personajes, en esta segunda ha sido una serie de PERSONAJES. La evolución de los que ya conocíamos ha sido estupenda y la introducción de nuevas fichas en el tablero ha funcionado a la perfección; es más, ya en el primer episodio de esta segunda temporada nos avisaban de que nos íbamos a encontrar bastantes caras nuevas, además de que plantaba la semilla que ha dado como fruto la estructura de estos diez capítulos. Muchos están dedicados a un solo personaje, y los restantes prácticamente a una trama argumental que, a su vez, se va relacionando con las demás; una maravillosa telaraña que era tan fácil de que se rompiera que resulta un milagro que no haya sido así. Todo ha funcionado, desde los momentos más álgidos en cuanto a relaciones entre personajes hasta los momentos más desconcertantes con sucesos que desafiaban a la razón. Incluso el capítulo 2×08, uno de los mejores de este año y de los demás, que podría haberse cargado la serie por tener una apuesta tan radical, consigue funcionar de principio a final a un nivel que prácticamente ninguna serie —quizá Fargo— ha tenido este año.

Al ser una ficción tan de personajes y tan emocional, necesitaba de buenos actores con los que nutrirse y conseguir plasmar en la pequeña pantalla todo lo que había en las páginas. Ya en la primera temporada teníamos un reparto que volaba a gran altura, pero en esta el nivel ha estado más allá de por las nubes: desde un impresionante Justin Theroux hasta una increíble Carrie Coon, pasando por interpretaciones tan enormes como las de Christopher Eccleston, Amy Brenneman, Margaret Qualley, Liv Tyler, Ann Dowd, Kevin Carroll, Chris Zylka… Todos, absolutamente todos han brillado y han tenido sus momentos de lucimiento.

Quiero terminar con una pequeña anécdota que creo que resume bastante bien lo que me ha parecido esta segunda temporada de The Leftovers. Hace poco tiempo jugué a un pequeño juego llamado The Stanley Parable, que me llegaba muy recomendado por mi querido Daniblacksmoke, y me pasó algo que prácticamente nunca me había ocurrido: estuve a punto de llorar de lo mucho que me estaba gustando. No porque el momento fuera emotivo o mi estado emocional fuera susceptible a ello, simplemente me estaba gustando tanto, lo encontraba tan increíble, que las lágrimas aparecieron en mis ojos como señal de gloria bendita. The Stanley Parable es, actualmente y para siempre, uno de mis juegos favoritos. Pues bien, estuvo a punto de ocurrirme eso mismo con el último capítulo de esta segunda temporada de The Leftovers. Tras nueve joyas encapsuladas en una serie de la HBO, llegué a la resolución con las dudas de si podrían darle un cierre satisfactorio a todo lo que habíamos visto, si estaría a la altura. No solo lo estuvo, sino que es uno de los mejores capítulos que he visto en televisión. Cerró por todo lo alto una temporada que para mí ya es historia de este medio; una temporada a la altura de las más finas entregas de Breaking Bad, Mad Men o, por alusiones, Perdidos.

Una temporada muy especial que guardaré por y para siempre en la memoria. Por hacerme sentir mil emociones. Por descolocarme y hacerme sufrir con unos personajes ya inolvidables. Por ese dulce y al mismo tiempo agrio nuevo opening. Por, en definitiva, todo.

Comentarios