Unbreakable Kimmy Schmidt sigue irrompible

Este artículo NO contiene spoilers de esta 2º temporada.

Todos esperábamos con ansias la vuelta una de las sorpresas que nos dio Netflix (como nos tiene acostumbrados; y no, no estamos patrocinados por ellos) de la temporada pasada. Y una semana después de la “emisión” de la segunda temporada de Unbreakable Kimmy Schmidt podemos volver a decir: Gracias, Tina Fey y Netflix. Pero… con matices.

Había mucha expectación alrededor de la vuelta de esta serie dada la historia tan gratificante que se nos contó en la temporada pasada. Esa recta final con el juicio y Jon Hamm haciendo comedia dejó el listón muy alto. Y muchos nos preguntábamos por dónde iba a ir la historia de esta chica de los 90 que pasó 15 años en un búnker pensando que el mundo había sido destruido. Y el resultado ha sido… satisfactorio. La serie nos ha llevado, a través de un maravilloso personaje secundario interpretado por Tina Fey, por el camino de las secuelas psicológicas que aquel secuestro pudo dejar en Kimmy, lo cual ha humanizado a uno de los personajes más caricaturescos de la TV, porque sí, Unbreakable Kimmy Schmidt es una serie con personajes muy exagerados, casi de dibujo animado. Y eso nos encanta. Pero el hecho de ver que la exagerada alegría de Kimmy tiene algo detrás ha sido algo agradaUnbreakable Kimmy Schmidtble de ver y que dota a la serie de un nivel más.

La serie nos ha dado lo que esperábamos: Referencias a la cultura pop, de las mejores actuaciones en la comedia actual y situaciones MUY graciosas, a veces bordeando lo absurdo, casi sintiéndose como la reciente Angie Tribeca, y los que hayan visto al personaje de la abuela sabrán de lo que hablo. Pero en general podemos decir que el humor ha estado realmente conseguido.

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El mayor problema con la segunda temporada de Kimmy ha sido su estructura y su concepción como serie. A veces, sobre todo en la primera recta de la temporada, nos encontramos con que Kimmy tiene… algo particular. Y es que la serie a veces parece ser una serie de sketches. Una serie de situaciones graciosas, pero inconexas, al puro estilo de la comedia tradicional. Esto no es necesariamente malo, si no fuese porque estamos hablando de Netflix. Netflix nos está acostumbrando a series y a patrones de consumo con narrativas hechas para ser vistas del tirón. Y con estas costumbres… el visionado de Kimmy puede verse dañado. Unbreakable Kimmy Schmidt casi funcionaría más como una serie de zapping que ves de vez en cuando por la TV, viendo con qué aventura se encontrarán nuestros personajes hoy. Después de todo los capítulos de Kimmy se titulan “Kimmy hace tal…”, al puro estilo de una de las comedia más “zapping” de la historia: Friends (“El capítulo en el que…”). De todas maneras, si como consumidores lo tenemos en cuenta puede evitarse, y es cierto que una vez llegamos a la trama final y vemos adonde nos lleva la serialidad de la temporada la serie se convierte un poco más “Netflix”.

En ese sentido es inevitable acordarse de su antecesora 30 Rock, una serie realmente “zappeable”. Y comparándolas de esta manera, 30 Rock sale ganando por bastante. Pero es en los personajes en lo que Unbreakable Kimmy Schmidt sobresale. Como comentaba al principio del artículo, en esta temporada nos adentramos un poco más en la psicología de Kimmy, además de en la de nuestros queridos Titus, Jacqueline y Lillian (atención a su trama, que es comedy gold), que son los que consiguen que, a pesar de esas situaciones aleatorias e inconexas que se nos presentan al principio de la serie, nos quedemos a ver qué le pasa a este curioso grupo de personajes.

Así que ya sabéis, si os gustó la primera temporada aquí tendréis más de lo mismo (en el buen sentido). El irrompible optimismo de Kimmy, números musicales transraciales de Titus, luchas entre hípsters con Lillian, la reconciliación de Jacqueline con su pasado indio y muchas referencias a la cultura pop. Ah, y la intro más pegadiza de la historia de la televisión.

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