Los extraños: Cacería nocturna | Total Eclipse of the Slash

Diez años hace ya del estreno de Los extraños (The Strangers, 2008), una cinta de terror enmarcada dentro del subgénero llamado «home invasion» en la que tres desconocidos enmascarados aterrorizan una familia que se disponía a pasar unos días de vacaciones en su casa de verano. La cinta de Bryan Bertino aparentemente se inspiraba en hechos reales, como en el caso Tate-Manson, los asesinatos de Keddie o varios allanamientos de morada que hubo en el barrio del director cuando este era pequeño. Sin embargo, más que adaptar cualquiera de estos crímenes, la intención del «basado en hechos reales» con el que abría la cinta no era otra que recalcar que este tipo de sucesos pueden producirse de manera inesperada y sin motivo aparente.

Siguiendo la misma filosofía sobre el peligro aleatorio de la que hace gala su predecesora, Los extraños: Cacería nocturna (The Strangers: Prey at Night, 2018) trae de vuelta al trio antagonista —o protagonista— formado por Man in Mask, Dollface y Pin-Up Girl. Su objetivo será el de acechar a una familia normal y corriente que pasa unos días en un camping de caravanas antes de que la rebelde hija adolescente —el único personaje con cierto empaque dramático— abandone al resto de miembros para irse a estudiar a un internado. No hay gran diferencia en el planteamiento, pero el hecho de que la amenaza salga de los límites del hogar provoca una metamorfosis en el subgénero de la saga, que pasa del home invasion al slasher puro, con todo lo que ello conlleva.

Si me permitís hacer un inciso, necesito remarcar que, para un fan confeso del subgénero, la presencia en salas de unn slasher es un gran motivo de celebración. Bien es cierto que no llega de la mano de ninguna de las grandes distribuidoras, pero es un proyecto de cierta envergadura y cuenta con Christina Hendricks entre el reparto, una cara más o menos conocida pese a no llegar al status de estrella. Digo esto porque actualmente vivimos en una edad de dorada para el cine sobrenatural —Insidious, The Conjuring— y los thrillers que se submergen en el terror —The Purge, Déjame salir, Llega de noche—, lo que obliga a los asesinos en serie a sobrevivir a duras penas en el formato doméstico, lejos de la notoriedad y los presupuestos de épocas pasadas. Además, si quieres ver propuestas de estilo en la gran pantalla la única opción que queda es recurrir a festivales de cine como el de Sitges o el de Molins de Rei.

Entrando ya en lo que es la película en sí, debo afirmar también que vivimos en la era de la nostalgia y esto algo que en Los extraños 2 juega un papel fundamental a muchos niveles. Dentro de la inevitable modernidad digital, el film de Johannes Roberts tiene una estética visual y sonora deudora de los años ochenta, empezando por la tipografía y música de los títulos de crédito o los ambientes por donde transcurre la acción como evocación de los idílicos suburbios americanos. Pero el homenaje al subgénero más representativo de aquella década también pasa por una serie de reminiscencias a la obra de John Carpenter, en particular a aquella que dio luz a los slashers tal y como los conocemos. Sí, La noche de Halloween (Halloween, 1978) juega a varios nivel superiores en términos cinematográficos, pero las figuras antagonistas acaban representando ese idea del mal omnipresente que acecha en todo momento y aparece de forma inadvertida en el fondo del plano. Incluso la figura de la final girl está presente, con una Bailee Madison que brilla durante el intenso clímax final.

Aun así, la película también parece jugar con la nostalgia de forma ligeramente autoconsciente en cuanto a que centra la esencia ochentera solamente en los tres villanos. Más allá del nihilismo que alimenta la falta de motivaciones reales de los asesinos durante toda la saga, otra lectura que se puede hacer del trío enmascarado es la de estar ante un grupo de fanáticos excesivamente obsesionados por los slashers, hasta el punto de querer recrear aquello que Jason, Freddy o Michael hicieron en la gran pantalla años atrás al ritmo de power ballads cantadas por Bonnie Tyler o Kim Wilde. De esta forma, la nostalgia se encuentra manchada de la sangre de aquellos por las que se canaliza, totalmente desvirtuada hasta el punto de que la familia debe huir de ella.

El homenaje al slasher incluso pasa por tener un guión del montón a la hora de construir conflictos dramáticos mínimamente interesantes. Por suerte, la creatividad que muestran algunos encuadres y movimientos de cámara hacen que la dirección sea más elaborada e interesante de lo esperado y que se encuentre bastante por encima del estándar marcado por los slashers de la presente década. No miento cuando digo que hay una escena que perfectamente se encontraría entre lo mejor que nos ha dado el subgénero en los últimos años a nivel artístico. Solo diré que hay luces de neón, una piscina y Total Eclipse of the Heart. A esto hay que añadir la tensión que Roberts logra generar una vez el terror da el pistoletazo de salida tras el primer acto, sin abusar del jump scare en ningún momento para dar prioridad a una atmósfera inquietante.  [★★★]

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