No dormirás | O sí

Tenía cierta curiosidad por No dormirás (íd., 2018), la nueva obra de Gustavo Hernández, por toda una serie de factores, como la recepción de las anteriores películas del director —especialmente su opera prima rodada en plano secuencia—, las biznagas que recibió en el Festival de Málaga, algunos nombres del reparto, un punto de partida interesante alrededor de la creación artística o que pudiese aprovechar favorablemente la exploración psicológica del insomnio. Todo esto hizo que me acercara a esta película con la mente abierta a pasar un buen —mal— rato. Sin embargo, en mi interior también sentía cierto temor a que, como con otras propuestas de terror cercanas a lo sobrenatural la cinta pecase de una carencia absoluta de tensión.

Para entrar en situación, No dormirás se centra en Bianca, una actriz que deberá competir con su amiga Cecilia por protagonizar la nueva obra de teatro de la reputada dramaturga Alma Böhm. Lo peculiar de la propuesta se encuentra en que la obra se realizará en una clínica psiquiátrica abandonada y a la vez que el reparto experimenta con el insomnio. Tras pasar unos días sin dormir durante la preparación, los actores intentarán llegar a un estado sensorial extraordinario que les permita interpretar a los personajes con una sensibilidad jamás vista, algo que también les provocará fracturas en la percepción de la realidad y desvelará los secretos que ocultan la obra y la clínica donde se encuentran.

Algo que juega a favor de Gustavo Hernández y el guionista Juma Fodde durante la primera mitad de la película es el hecho de que el planteamiento es bastante original dentro de un género que constantemente recicla historias y fórmulas preestablecidas anteriormente. También aprecio el tratamiento de la creación artística extrema y el emborronar la línea entre intérprete y personaje, ideas que me resultan estimulantes. Pero aquí terminan los halagos hacia esta cinta, ya que el sentimiento que predomina durante buena parte de los poco más de cien minutos que dura esta cinta es ese temor que tenía a que la tensión brillase por su ausencia. Y es que lo peor que le puede pasar a una película que se llame No dormirás es que sea tan aburrida que te entren ganas de dormir durante su visionado.

Poco importa el virtuosismo del director en la puesta en escena, si has perdido por completo la atención del espectador a través de una historia que se vuelve cada vez menos interesante a medida que avanza y que, en sus compases finales, entra en un bucle de giros de guion que deja al espectador mareado, confuso y desquiciado por las razones equivocadas. Por otro lado, que Hernández no recurra a los jump scares podría verse como algo positivo si la alternativa no fuese el uso reiterado de efectismos sobrenaturales baratos basados en la presencia y ausencia de elementos en el plano tras un movimiento de la cámara. Entiendo que sirva para representar la dualidad entre el plano concreto y abstracto, los cuales que se entrelazan durante el insomnio, pero es tan ineficaz como previsible a la que se recurre a él más de un par de veces.

En cuanto al reparto, la única que creo que consigue cumplir lo que requería la película es Eva de Dominici, el único rostro de los tres protagonistas que desconocía por completo. Su Bianca consigue transmitir la paranoia derivada del insomnio, pero poco puede hacer por levantar lo que el guion tiene preparada para ella. Belén Rueda va con el piloto automático y no logra exprimir la locura creativa de su personaje además de resultar excesivamente cargante con sus frases grandilocuentes y excesivamente falsas, mientras que una muy desaprovechada Natalia de Molina desconcierta con su poco creíble acento argentino lleno de ligeros toques andaluces. [★½]

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