Rolling Thunder Revue: Las mil caras de Bob Dylan y el cine como truco de magia

Con su nuevo álbum a la vuelta de la esquina parece un buen momento para recuperar el documental estrenado en Netflix centrado en la figura de Bob Dylan y en una de las giras más recordadas de la historia de la música. Catorce años después de No Direction Home: Bob Dylan, Rolling Thunder Revue supone el regreso de Martin Scorsese no solo al formato documental sino a la exploración de una de las figuras musicales más fascinantes del siglo XX. Un viaje a través de las genialidades del trovador de Minnesota que esconde, a su vez, una mirada sobre el propio cine como artefacto de engaño.

“La gira no significó nada. Pasó hace tanto tiempo que yo ni había nacido.”

Las numerosas miradas hacia el pasado de Bob Dylan no parecen haber aclarado la naturaleza de uno de los grandes músicos del último siglo. Su espíritu camaleónico, tanto en su evolución creativa como en sus posiciones respecto a la propia verdad del mundo, dificultan una mirada clara que permita establecer unos límites; Dylan los desborda y se niega a revelar su forma. Quizá por ello Sam Shepard, que posteriormente escribiría junto a L. M. Kit Carson el guion de Paris, Texas y que participaría como actor en películas como Días del cielo, se interesó tanto en acompañar al trovador y a su tropa en una gira del todo peculiar con el objetivo de documentarla.

Y es que en otoño de 1975 Dylan llevaba ocho años sin subirse a un escenario. De la inquietud de volver a la carretera nació la Rolling Thunder Revue, una gira que era mucho más que una consecución de conciertos: era un espectáculo de carácter circense en el que la interpretación (transformación, negación) era parte inherente del show. Música y máscaras, música y misterio. Tanto era así que el propio Dylan solía subir al escenario con la cara pintada de blanco o directamente con una máscara, como en el concierto que dieron en el Madison Square Garden. La mezcla de su música con la colaboración de gente tan dispar como Joan Baez, Roger McGunn, Jonni Mitchell o el poeta de la Generación Beat y activista contra el militarismo y capitalismo norteamericano Allen Ginsberg dieron como resultado una gira histórica que, a mi juicio, se condensa de alguna manera en la frase que le dijo Dylan a Shepard: “Siempre he sabido quién soy. Lo que no sé es en quién me convertiré a continuación”.

La decisión de Scorsese de iniciar este documental con un cortometraje de George Méliès podría parecer sorprendente si no fuera porque Rolling Thunder Revue: A Bob Dylan Story trata tanto de la mencionada gira como de la naturaleza del cine como “máquina de sueños”. ¿Qué mejor manera de empezar esta tesis subterránea que con un truco de magia creado a través del artefacto cinematográfico? La mirada de Scorsese no solo está interesada en los hechos acontecidos en aquellos días de circo y música, sino también en utilizar esta aproximación como un instrumento para hablar sobre la magia, y por extensión, del cine. Tanto es así que la propia autoría de las imágenes se ve cuestionada con la aparición de la figura de Martin von Haselberg, que se proclama a sí mismo como el verdadero autor de todas estas filmaciones y, por lo tanto, co-director del documental mismo. De esta manera la obra se convierte no solo en el mencionado comentario sobre el cine como herramienta mágica, sino también en una reflexión a posteriori del origen propio de las imágenes. ¿Es un documental de Scorsese o de Martin von Haselberg? ¿De ambos, quizá? ¿Podría serlo también de Sam Shepard?

Lo que está claro es que gran parte del trabajo de Scorsese ha sido darle forma a la narración, estructurar el contenido y lograr así un retrato (¿un reflejo?) de Dylan como persona y de los roles de sus acompañantes. Las imágenes con Allen Ginsberg tienen mucha fuerza, sobre todo en esa grabación que le muestra junto a Dylan visitando la tumba de Jack Kerouac. Todos estos instantes, que van más allá de la gira como acontecimiento musical, demuestran que se plantea una mirada más amplia hacia los hechos allí acontecidos; una mirada al pasado recordando un hecho imposible de repetir teniendo en cuenta los actores implicados. La música tiene un papel esencial, remarcando la importancia del álbum Desire con sus canciones políticas (y es que, al fin y al cabo, todos estos planteamientos circenses tenían un transfondo inherentemente político), pero se va más allá: la creación y la interpretación encima de un escenario, la utilidad de la naturaleza del cine para explorar una figura como Bob Dylan, que de hecho dirigió una película en 1978 titulada Renaldo y Clara… Los discursos se transforman y se pliegan sobre sí mismos, haciendo que sean imposibles de desvincular.

Rolling Thunder Revue es un documental sobre una gira musical al igual que un comentario sobre el poder de las imágenes, su autoría y su significado. Martin Scorsese, que ya había firmado una obra (para mí superior) sobre Dylan como fue No Direction Home, se vuelve a acercar a esta inmesa figura pero con otras intenciones, sin centrarse tanto en el desarrollo cronológico de su carrera y trabajando con el maravilloso material filmado en una gira como pocas se han visto. No lo estructura en forma de relato, sino de gran engaño. Una obra que, como el propio cantautor, se camufla debajo de sus numerosas máscaras para dejarnos con la sensación de que sus intenciones no han quedado del todo claras. Bob Dylan parece una persona dispuesta a no dejar de huir hacia adelante: de las etiquetas que se le atribuyeron en los años sesenta, negando que sus canciones fueran de protesta, al igual que de los géneros musicales, las ideologías (aunque de esto es más complicado) y de ese Greenwich Village que vio nacer a la figura del eterno Dylan y morir a Robert Zimmerman. O quizá no morir, pero sí convertirse en solo otra de las muchas caras que el gran trobador guarda debajo de su sombrero. Y Rolling Thunder Revue hace un gran trabajo reflejando ese misterio.

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